El posteo de Lamine Yamal sobre los cánticos islamofóbicos durante el partido con Egipto que avergüenzan a España
Un grupo de hinchas entonó “el que no salta es musulmán” y el crack de Barcelona no lo toleró
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El fútbol español volvió a quedar bajo la lupa internacional luego de un nuevo episodio de racismo en las tribunas. Durante el amistoso entre España y Egipto disputado este último martes en el RCDE Stadium de Cornellà, una parte del público entonó de manera reiterada el cántico “Musulmán el que no bote” (“Musulmán el que no salte”), generando una fuerte polémica que reavivó el debate sobre la discriminación en los estadios y sus posibles consecuencias institucionales en la antesala del Mundial 2030.
Y uno de los focos del episodio estuvo puesto en Lamine Yamal, figura de la selección española y jugador de religión musulmana, quien abandonó el campo con gesto serio y no participó en el saludo final con el público. Su reacción se interpretó como una muestra del malestar generado por una situación que trascendió lo deportivo, algo que se potenció esta mañana con un fuerte posteo que hizo en Instagram.
“Yo soy musulmán, alhamdulillah. Ayer en el estadio se escuchó el cántico de ‘el que no bote es musulmán’. Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable. Entiendo que no toda la afición es así, pero a los que cantan estas cosas: usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas. El fútbol es para disfrutarlo y animar, no para faltar al respeto a la gente por lo que es o en lo que cree. Dicho esto, gracias a la gente que nos vino a animar, nos vemos en el Mundial", escribió el crack de Barcelona.
El encuentro, que debía servir como preparación deportiva, quedó marcado por el comportamiento de un sector de la hinchada. Los gritos comenzaron en la primera parte y, lejos de apagarse rápidamente, se repitieron incluso después de que la megafonía del estadio solicitara “respeto” y condenara cualquier manifestación ofensiva. Recién con el correr de los minutos, y ante la reacción de otros espectadores que reprobaron los cánticos, la intensidad disminuyó. Sin embargo, el impacto ya era significativo.
Desde el ámbito político e institucional, las reacciones no tardaron en llegar. El consejero catalán de Deportes, Berni Álvarez, solicitó la activación del protocolo antirracismo durante el partido, aunque posteriormente se cuestionó la demora en su aplicación. En la misma línea, la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, condenó los hechos y remarcó que “el odio, el racismo y la xenofobia no tienen cabida en los estadios ni en la sociedad”.
La investigación ya está en marcha. Los Mossos d’Esquadra (la policía autónoma de Cataluña) iniciaron actuaciones para identificar a los responsables de los cánticos, mientras que desde el Gobierno español también se manifestó la intención de avanzar en el esclarecimiento de lo ocurrido. El episodio, además, generó repercusión internacional y fue recogido por distintos medios, que lo señalaron como un nuevo caso de discriminación en el fútbol europeo.
En paralelo, el RCD Espanyol, propietario del estadio donde se disputó el partido, emitió un comunicado en el que condenó “enérgicamente” los comportamientos racistas y se desligó de los hechos. La institución consideró “injusto, excesivo y desproporcionado” atribuir lo sucedido a su hinchada en general, al sostener que se trató de un grupo reducido de personas que no representan los valores históricos del club.
Por su parte, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) también repudió los cánticos, aunque calificó el episodio como un “incidente aislado”. No obstante, distintas voces cuestionaron la tibieza de la respuesta y la falta de medidas más contundentes durante el desarrollo del encuentro.

El contexto en el que ocurre este episodio le otorga una dimensión mayor. España será una de las sedes del Copa Mundial de la FIFA 2030, junto a Portugal y Marruecos, y aspira a albergar la final del torneo. En ese escenario, la reiteración de casos de racismo podría derivar en sanciones por parte de la FIFA, cuyo reglamento contempla medidas disciplinarias incluso en ausencia de responsabilidad directa de las federaciones.
No se trata de un hecho aislado en la historia reciente del fútbol español. En los últimos años varios jugadores (el caso más evidente es el de Vinícius Júnior) denunciaron reiteradamente insultos racistas en distintos estadios, lo que derivó en sanciones parciales y condenas judiciales. También se registraron episodios similares con futbolistas como Iñaki y Nico Williams, lo que evidencia la persistencia del problema.
En Egipto, la reacción fue de indignación. Medios locales calificaron lo sucedido como “vergonzoso” y señalaron el impacto negativo en la imagen internacional del fútbol español. Aunque el seleccionador evitó pronunciarse en profundidad tras el partido, la repercusión mediática reflejó el alcance global del incidente.
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