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PEREIRA, Colombia.– “Esto es increíble, Rodrigo. No hace una semana que estoy con estos chicos y me siento bárbaro. Contento. No sabés lo lindo que es todo esto. ¿Viste que hice más goles? Acá los chicos me dicen que estoy haciendo golazos. ¿Qué se yo? Me parecen que están exagerando. Me tengo que pellizcar para creer lo que me está pasando.” Rodrigo Messi, de 24 años, recibe cada día en Barcelona el parte de su hermano, Lionel, vía Internet. Rodrigo deja que el “Pulguita”, como lo llaman en la familia, escriba todas sus sensaciones en este mundo nuevo que le muestra el Sub 20. Lionel Messi no jugó todavía de titular en el Sudamericano. Pero supo convertirse en la solución que apareció desde el banco de los suplentes. Y esta noche, frente a Perú, tendrá la oportunidad de jugar desde el arranque.
El 16 de octubre del año último entró en la historia de Barcelona por ser el debutante más joven en un campeonato oficial, con 17 años, tres meses y 22 días. En el primer partido de la Argentina frente a Venezuela (3-0) debutó oficialmente con la camiseta albiceleste; en la segunda pelota que tocó desbordó con su zurda endiablada y marcó un golazo de media distancia. Algo similar sucedió anteanoche, ante Bolivia, cuando ingresó luego del entretiempo, y enseguida dejó a dos defensores por el camino y anotó con un remate cruzado. Después hizo otro más y con tres tantos es el goleador del equipo. Siempre de zurda.
El destino lo puso ante un sueño que acunaba desde hace mucho tiempo. “Estoy disfrutando mucho de la selección. Siempre me imaginaba tener una posibilidad en un seleccionado argentino. Ahora, esto es todo nuevo para mí”, dice este chico que está dando mucho que hablar en esta categoría tres años mayor que él. Que acuñó esta esperanza desde pequeño, en su Rosario natal, y que se fortaleció ante la adversidad al superar una enfermedad de crecimiento. Que escuchó halagos de todo tipo desde que pisó Colombia, incluso aquellos que lo ruborizan. Es que en España lo han llegado a comparar con la aparición de Maradona. Mucho para sus 17 años.
Su relación con el fútbol conoce de casualidades, de empeño y de reveses. “Hasta los cinco años nunca había tocado una pelota de fútbol –relata Messi–. Mi papá me cuenta que una vez, en la casa de mi tía, mis hermanos jugaban en el patio de la casa junto con mis primos y que cuando me llamaron porque les faltaba uno yo no quise ir. Dicen que cuando toqué la pelota todos me miraron extrañados”. Ese mismo día decidieron llevarlo al club del barrio Grandoli y luego a Newell´s, donde se desempeñó en categorías con futbolistas que eran dos años mayor que él. Uno de los integrantes de este plantel, Lautaro Formica, compartió aquellos años con Messi y asegura que “acariciaba” la pelota. “Cuando teníamos 11 años jugamos un torneo en Balcarce y fuimos el comentario de todos. La pelota atrás no llegaba nunca. Me acuerdo que entre Rodas y Messi hacían un desastre. Después de que la agarraba Messi, los rivales sacaban del medio. A veces los del fondo nos aburríamos mucho. Sólo mirábamos cómo jugaba Messi. Le ganábamos a Independiente, a San Lorenzo, a Boca y los defensores no hacíamos nada”, explica el defensor de Newell’s.
Estuvo a punto de incorporarse a River para seguir las huellas de unos de sus ídolos futbolísticos, Pablo Aimar, pero en el medio de las gestiones se le encontró un problema hormonal. El tratamiento era muy costoso y ni Newell’s ni River jamás dieron una respuesta firme. “Barcelona se ha portado muy bien conmigo y con mi familia. Cuando tenía 13 años me dijeron que mi altura no se correspondía con mi edad y por eso tenía que hacer un tratamiento de varios años para poder crecer como cualquier chico”, cuenta este pibe que llegó a Barcelona midiendo 1,40 metro y que actualmente tiene 1,70.
Carles Rexach, responsable de las divisiones menores de Barcelona, tardó un minuto en hablar con los administrativos del club para incorporar a ese jugador bajito que lo encandiló en la primera prueba y los padres de Lionel, Jorge y Celia, accedieron enseguida cuando se les ofreció costear los medicamentos. Papá Jorge y Lionel fueron los primeros en mudarse a la casa que está a unas cuadras del Camp Nou y hace unos meses su mamá Celia, sus hermanos Rodrigo, Matías (22) y Marisol (10) dejaron el barrio San Martín, de Rosario, para estar juntos. “Yo quiero tener a toda mi familia cerca. No me gusta que estemos lejos. Estuvimos bastante tiempo separados y en cuanto estuvo la posibilidad nos juntamos de nuevo”, comenta Messi, que tiene contrato con el club catalán hasta 2012 y una cláusula de rescisión por 30.000.000 de euros. “Mi mamá lloró de emoción cuando me vio con la camiseta argentina. Hablé con ella y le dediqué los goles”, confiesa.
Messi, introvertido como es, en la cancha se transforma. Tanta capacidad técnica y eficacia le permitió tener un progreso meteórico. En los últimos cuatro meses del año último, ascendió cinco categorías en Barcelona y está en un plantel profesional donde se encuentran nombres como Ronaldinho, Deco, Giuly y Henrik Larsson, entre otros. Los saltos del “Pulga” siguen subiendo peldaños y ahora está dando que hablar en este Su damericano. Y por si fuese necesario, sus compañeros dicen que “lo mejor de Messi está por venir”.

