El análisis del Racing de Coudet: del 4-1-3-2 al 3-5-2, pero achicando sin presionar al lanzador

El puntero Racing perdió 2 a 0 con River en el Monumental
El puntero Racing perdió 2 a 0 con River en el Monumental Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Christian Leblebidjian
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10 de febrero de 2019  • 21:53

Racing (y su DT Eduardo Coudet) sentían una deuda interna. Tenían la necesidad de dar en el Monumental una imagen distinta de la entregada ante River en la eliminación de la última Copa Libertadores 2018, donde la derrota 0-3 incluso quedó corta en el resultado en relación a la diferencia futbolística que existió entre un equipo y otro. Pero volvió a jugar mal (primero defensivamente y luego en ataque) y el 0-2 le abre nuevos/viejos interrogantes.

Tomando nota de aquella experiencia, la primera decisión que tomó Coudet en la semana fue no poner como titular a Ricardo Centurión, que no había rendido bien y encima se había desequilibrado emocionalmente en aquella derrota de Copa. Más que nunca (pensó el Chacho) el líder necesitaba actitud para no dejarse superar en las pelotas divididas, pero sobre todo "cabeza fría", inteligencia táctica. Y desde lo estratégico, transformó el habitual esquema 4-1-3-2 en un 3-5-2: Marcelo Díaz de líbero para ser salida y defender 3 vs. 2 con Sigali y Donatti ante Pratto y Borré; Saravia, Solari, Nery Domínguez, Neri Cardozo y Mena; Licha López y Cristaldo.

Laterales bien abiertos y más marca en los carriles centrales, sumando otro N° 5 como Domínguez y cerrando a Solari y Neri Cardozo para que River no tenga libertades en los tres carriles centrales, donde más peligroso transforma su juego ofensivo y vertical.

Pero para Racing sumar gente en la zona de volantes no fue sinónimo de marcar mejor. River, a partir de la movilidad de Nacho Fernández, Palacios, Enzo Pérez (que también arrancó jugando entre los centrales Martínez Quarta y Pinola cuando River tenía el balón) y Quintero fue mucho más rápido para atacar que la Academia para defender. El equipo de Coudet buscó hacerse fuerte desde su campo con simetría defensiva aunque cometió el error de achicar sin presionar a los lanzadores. Así, Santos Borré cayó cuatro veces en posición adelantada, pero las otras en que zafó… se fue directo al gol (aunque no haya convertido).

Ni Sigali ni Donatti lograron descifrar esos lanzamientos de Quintero o Nacho Fernández para las diagonales de Santos Borré. Y River no necesitó de muchos toques para generar chances de peligro: tras ganar la presión de una pelota dividida cerca del círculo central o en 3/4, cualquiera de los jugadores que se quedaba con el balón buscaba automáticamente con un pase filtrado para Borré. Y de arriba también perdieron los centrales de la Academia, ya que salidas largas desde los pies de Armani que eran cabeceadas por Pratto también podían terminar en mano a mano de Borré ante el arquero Arias.

A Racing también le costó anticipar y marcar bien los pelotazos largos

Racing jugó un partido tibio incluso en ataque, porque era un encuentro para que Licha López ataque directo a Martínez Quarta y Pinola, antes de bajar (como hace habitualmente) para ser nexo con los volantes. Esta vez lo necesitaban más de punta sus compañeros que bajando a buscar la pelota al pie.

Pero el gran problema Racing lo tuvo en defensa. Atrás no encimó las marcas, no tuvo reacción en la zona media para presionar ante los habilidosos mediocampistas millonarios. Díaz como líbero estuvo lejos para intentar asfixiar los asistidores: cuando el balón le llegaba cerca los rivales ya le venían en carrera, a toda velocidad; y Nery Domínguez estuvo lento para reaccionar ante ese desafío. Solari y Cardozo no habían arrancado mal, pero ante la primera distracción, perdieron el eje. El líder sumó gente para intentar cerrarle los caminos, pero en los duelos individuales perdió más de lo que ganó. Y eso, ante un equipo tan peligroso como River desde el juego interior, fue una ventaja decisiva.

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