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Ayer se cumplieron 40 años de un acontecimiento histórico en el fútbol argentino: la primera y única vez que se sancionó un intento de incentivación, delito penado por la Asociación del Fútbol Argentino al que la degradación moral que azota estos tiempos y la complicidad de sujetos sin escrúpulos han convertido prácticamente en objeto de burla.
Espanta, pero es así: en todos los fines de campeonato abundan los jugadores que pública y alegremente se ofrecen para recibir el veneno incentivador. Es decir, para percibir dinero de un club que no es el suyo con el fin de ganar un partido y perjudicar a un tercer equipo, en un vergonzoso acto de deslealtad deportiva.
Una historia que empezó al revés
El mundillo futbolístico suele observar una serie de códigos reservados que obligan a confinar en los vestuarios situaciones irregulares, peleas y circunstancias enemistadas con la ejemplaridad que hayan sido protagonizadas por jugadores.
Esta historia se inició, sin embargo, porque los futbolistas destinatarios de la vileza antideportiva se sintieron traicionados por dirigentes de su club que también pretendían participar de la repartija y quisieron denunciar el hecho a un periodista que fue introducido en un vestuario agitado y caliente un rato antes del comienzo del partido clave, en medio de forcejeos y empellones protagonizados por directivos que pugnaban por impedir el acceso del hombre de prensa.
He aquí los hechos. El domingo 19 de noviembre de 1961 se debía disputar la fecha número 31 del campeonato de primera división B, que demandaba 34 jornadas. Quilmes lideraba las posiciones con tres puntos de ventaja respecto de Newell´s Old Boys y Platense, que igualaban la segunda colocación.
Quilmes recibiría a Excursionistas -habían igualado sin abrir el score en la primera rueda-, el conjunto rosarino no se movería de su ciudad pues visitaría a Central Córdoba y Platense sería local ante Nueva Chicago.
Quilmes y Newell´s ganaron sus compromisos por 1 a 0 y Platense cayó por 2 a 0. No se había alterado la diferencia entre quilmeños y rosarinos, que debían enfrentarse la semana siguiente en el Parque de la Independencia. Los rojinegros se impusieron por 3 a 0 y acortaron la distancia a un punto, abriendo el camino a un epílogo de campanillas.
La denuncia
Pero volvamos a los prolegómenos del partido Quilmes v. Excursionistas. Antes del match, el cronista del diario La Prensa había ingresado tumultuosamente en el vestuario visitante y allí fue notificado por el jugador Vicente Francisco Biancucci, capitán e insider derecho de los verdiblancos , que un club ubicado en lugares de privilegio de la tabla había ofrecido 30.000 pesos por futbolista si lograban vencer a Quilmes.
El ofrecimiento fue aceptado -continuó Biancucci-, pero varios miembros de la comisión directiva exigieron bajar esa suma a 20.000 pesos y quedarse con la diferencia. Es decir, en lugar de 330.000 pesos, los jugadores percibirían 220.000 y los restantes 110.000 serían embolsados por varios dirigentes. El plantel titular rechazó esa actitud y los dirigentes resolvieron alistar a los jóvenes de la tercera división, que habían comenzado a cambiarse, para enfrentarse con la primera de Quilmes.
Veinte minutos más tarde, una persona no identificada ingresó en el vestuario visitante y en presencia del cronista de La Prensa (anónimo hasta hoy, porque la crónica no estaba firmada y un rastreo reciente entre colegas de esa esa época y de ese diario no pudo modificar esa condición) reclamó serenidad a los jugadores del equipo superior, dijo que todo se había arreglado y que jugarían los titulares.
Como se dijo, Quilmes ganó por 1 a 0 con un gol del winger izquierdo Porporato -procedía de Rosario Central- a los 20 minutos del segundo tiempo; arbitró Carmelo Minutella y se recaudaron 374.920 pesos.
Las cosas quedaron revueltas entre la gente de Bajo Belgrano y en la noche de ese domingo la comisión directiva anunciaba la suspensión del plantel de primera división "por inconducta y usurpación" de facultades; al día siguiente, el Tribunal de Penas citaba a aquellos dirigentes y solicitaba a La Prensa la comparecencia de su cronista-testigo. Hasta el final del certamen Excursionistas presentó a la tercera división.
Newell´s y una proclamación apresurada
Mientras la AFA, presidida por Raúl H. Colombo, decidía que su órgano disciplinario, el Tribunal de Penas, iniciara una investigación de oficio, el campeonato continuaba como si nada hubiera ocurrido.
Lejos de compartir ese criterio, Banfield y Platense solicitaban al titular de la AFA la anulación del certamen; desde el fondo de la tabla, Defensores de Belgrano pedía lo mismo porque al presentar la tercera división Excursionistas favorecería a otras entidades comprometidas en la lucha por no perder la categoría. Ninguno de esos requerimientos prosperó.
Ya se dijo que al faltar dos fechas Quilmes conservaba un punto de ventaja sobre Newell´s; en la penúltima jornada el líder apenas igualó 1 a 1 en su campo con Sarmiento, que vegetaba en la mitad de la tabla, en tanto su escolta aplastaba como visitante a Almagro, ubicado entre los últimos, por 3 a 0. De tal modo, ambos arribaron a la jornada final compartiendo el liderazgo con 44 unidades.
El 9 de diciembre Newell´s aventajó a Deportivo Morón por 2 a 1 en el Parque de la Independencia, mientras Quilmes sólo igualó 3 a 3 en Mataderos con el empinado Nueva Chicago, que finalmente compartió el tercer lugar a dos puntos del primero. Los rosarinos totalizaron 46 puntos y los albos uno menos.
La proclamación anual de los campeones constituye en la AFA una ceremonia rutinaria, pero ese año -a fines de diciembre- se generó un acalorado debate porque parte del consejo directivo sostenía que hasta no conocer el veredicto del Tribunal de Penas no correspondía proclamar al campeón.
No obstante, algunos consejeros modificaron su criterio y con la sola oposición de Boca Juniors el club rosarino quedó proclamado campeón; de tal manera, recuperaba el lugar en el círculo privilegiado que había perdido el año anterior.
Sanciones para todos y Quilmes campeón
La alegría de los rosarinos duró poco, porque en la lluviosa noche del 21 de febrero de 1962 el Tribunal de Penas, en un fallo estampado en 139 carillas, encontró culpable a Newell´s y lo penó con el descuento de 10 puntos, sanción que lo relegó al cuarto lugar y lo privó del ascenso a primera división. Además, lo inhabilitó por dos meses, suspendió por tres años al ex técnico de la institución José O.Curti y a un allegado a la entidad, y por tres meses al presidente y al secretario del club.
Cómo también se probó que Excursionistas se había prestado a la incentivación, hubo severas penas para el club: expulsión del presidente y de otros tres dirigentes, suspensión de un año a dos directivos, inhabilitación por 20 partidos a los jugadores titulares y por cuatro meses al director técnico José P. Batagliero. Además, se inhabilitó por un mes al club.
Esa noche sólo se difundió el fallo; sus considerandos quedaron por un tiempo bajo siete llaves.
El 28 de febrero de 1962, la asamblea anual ordinaria de la AFA aprobó por unanimidad la promoción a primera del club Quilmes.
En vísperas del campeonato de ascenso de ese año, las autoridades rojinegras habían dispuesto no presentar el equipo en el partido inicial frente a Lanús, pero a último momento decidieron "reintegrarse normalmente al torneo de fútbol de primera B, dejando sentadas las reservas del caso", según lo resolvió una asamblea que deliberó el 30 de marzo.
En ese certamen se clasificó campeón Banfield y la entidad rosarina se ubicó en el quinto puesto; tampoco fue lucida su actuación en la competencia de 1963, en la que figuró sexto.
Un arreglo digno de la AFA
Desde el primer momento, los abogados de Newell´s libraron una ardua batalla para evitar el fallo adverso y hasta habían logrado que en marzo de 1962 el juez en lo contencioso administrativo Armando Emilio Grau hiciese lugar a un recurso de amparo; el magistrado ordenó a la AFA que mantuviese la situación de la institución rosarina y suspendiese la iniciación del campeonato.
La AFA apeló la demanda y 120 horas después el magistrado Grau desestimó la presentación, decisión que reiteró poco después ante los recursos de nulidad y apelación interpuestos por el club del Parque de la Independencia.
Cerrados esos caminos, Newell´s acudió a la justicia ordinaria para entablar acciones contra la AFA; la decisión cayó mal en la casa de la calle Viamonte -los reglamentos prohíben a las entidades dirimir los litigios fuera de su ámbito- cuyas autoridades entraron en un proceso de negociaciones que epilogó el 10 de abril de 1964, día en el que la asamblea ordinaria aprobó la reincorporación de Newell´s a la primera división a cambio de que desistiera de la acción judicial instaurada contra la AFA.
En el escrito enviado al presidente de la AFA para comunicarle el desistimiento, el apoderado rojinegro, Mario Alberto Miguez, transcribio textualmente el punto octavo, inciso C, de la resolución de la Asamblea General Ordinaria que autorizó el retorno del club al círculo superior.
En él se decía que la reincorporación se haría efectiva siempre que con anterioridad a la fecha del sorteo del fixture de primera división Newell´s desistiese de la acción judicial contra la AFA y como "una forma de acatamiento al fallo del Tribunal de Penas del 21 de febrero de 1962 manifieste su decisión en tal sentido".
No cuesta mucho suponer que este párrafo constituyó una imposición humillante que al obligar a los rosarinos a reproducir en un documento oficial el texto de la AFA en el que expresaban su acatamiento al fallo -cuya legitimidad estaba fuera de discusión- que dispuso la severa sanción en su contra, los hacía invalidar de un plumazo todo lo que habían batallado para lograr su anulación. Era algo así como un gol en contra. Pero acaso eso no importase tanto porque el objetivo supremo se había alcanzado. Y la AFA, tras un trueque oportunista, respiraba aliviada ¿El decoro, la ética? Las urgencias eran otras.
No hubo amnistía, pero hubo olvido del delito deportivo que había motivado cerca de 30 meses de litigio.
Pero faltaba el acto final: José O. Curti, el ex técnico que había recibido una dura sanción, interpuso un recurso de amparo ante el juez HéctorVera Vallejos porque durante la instrucción del proceso no tuvo oportunidad de defensa ni se le formuló cargo alguno. El juez dejó sin efecto el castigo, en un fallo que mereció el elogio del prestigioso penalista Sebastián Soler.
El desteñido final del proceso no tuvo nada que ver con la ejemplaridad que caracterizó su comienzo ni alcanzó a empañarla. La incentivación había existido. La condena, también. Fue la primera página de una vieja historia que sigue abierta.


