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SANTIAGO, Chile.- "¿Quién juega mañana?" A unos cincuenta metros, el movimiento es sin pausas. Entran y salen camiones con cartelerías electrónicas, obreros con cascos repasan las butacas, empleados de canales de TV montan el cableado, autos con chapas oficiales pasan a toda velocidad... Pero Moisés Mendoza está completamente ajeno. A él, a contramano de millones de argentinos y chilenos que hoy organizarán su día para ver el partido de la noche, la vida lo emociona por otro lado.
Su pregunta no es irónica: realmente no sabe nada de lo que sucederá en el estadio Nacional que ahora está pisando. Su presencia en el lugar tiene otro significado: vino a ofrecerles una visita guiada a cuatro personas interesadas en lo que una empresa de marketing no tardaría en llamar "tour de la memoria": un recorrido por las entrañas del estadio, que apunta a recordar en detalle las atrocidades que la dictadura militar chilena perpetró en este mismo predio entre el 11 de septiembre de 1973 (el día que derrocaron al presidente Salvador Allende) y el 9 de noviembre de ese mismo año.

En esos casi dos meses, según informes de organismos internacionales de derechos humanos, se cree que pasaron por el lugar alrededor de 20 mil personas de 39 nacionalidades diferentes en carácter de detenidos por el gobierno militar. Unas 1300 eran mujeres. Eso apunta Moisés, voluntario de la "Corporación Estadio Nacional - Memoria Nacional - Ex Prisioneros Políticos". Cuenta también que es músico y cantante lírico, pero en su familia no hubo ningún caso de detenidos ni desaparecidos. Él está acá para "ayudar a crear conciencia, y para que en Chile no vuelva a pasar lo mismo nunca más".
A diferencia de lo que sucede en Argentina, aquí el concepto de estadio es más amplio: comprende las extensas dimensiones del terreno, en el que también hay una piscina olímpica, un velódromo, una pista de patinaje, una pista atlética y otras canchas de fútbol además del "coliseo" donde hoy quedarán cara a cara Lionel Messi y Gary Medel, el ídolo local.

Buena parte de esos espacios son recorridos cada sábado del año por los voluntarios de la Corporación y los visitantes. Entre esos voluntarios está Manuel Méndez, que estuvo detenido en el mismo lugar que ahora él mismo exhibe. El camarín Norte de la piscina era la cárcel de mujeres, el pasillo bajo de las graderías del sector Andes se utilizaba para interrogatorios y torturas, el túnel Sur del Velódromo oficiaba como lugar de simulacro de fusilamientos, también eran frecuentes las violaciones a mujeres. En su excelente artículo "El Estadio Nacional, la dictadura y el fútbol", la historiadora Ana López escribe: "Las torturas y malos tratos eran cotidianos. Generalmente se llamaba por altoparlantes a distintas personas, las que muchas veces no volvían."
El corte abrupto de la utilización del estadio como centro de detención, tortura, desaparición y muerte tuvo, otra vez, una pata deportiva: Chile y la Unión Soviética debían jugar el 21 de noviembre de 1973 un partido clasificatorio para el Mundial del año siguiente. Al final, los visitantes no vinieron como una manera de denunciar lo que aquí pasaba y Chile ganó el partido sin jugarlo. Hizo algo peor, en realidad: los jugadores empezaron el partido sin rival a la vista e hicieron un gol para certificar el triunfo, con presencia de un árbitro y público en las tribunas. Por encima del cartel electrónico que marcaba el resultado se leía: "La juventud y el deporte unen hoy a Chile".
Hasta hace poco se creía que para esa fecha ya no había personas detenidas en el estadio, aunque sí evidentes rastros de lo que allí había pasado. Sin embargo, Moisés cuenta que en una de los últimos recorridos, una persona contó su caso y el de otros compañeros: habían estado detenidos en una bodega del lugar hasta diciembre de 1973, cuando los militares los trasladaron a otros centros. Mientras tanto, se alimentaban de lo que los trabajadores del estadio que los habían descubierto les daban. Pan y circo: mientras ese grupo de personas detenidas mendigaba comida, sobre ellos las tribunas rugían al compás de los goles.
El Estadio Nacional fue declarado Monumento Histórico el 20 de octubre del 2003, durante la presidencia del socialista Ricardo Lagos. Cuando en 2010 el lugar fue reacondicionado se decidió que un pequeño sector de las tribunas, llamado "Escotilla 8", fuera dejado como estaba originalmente. Allí nadie se sienta, y el contraste con el resto de las butacas cumple su propósito. Si acaso esta noche un pelotazo de Kun Agüero se va muy lejos del arco de Claudio Bravo, las cámaras de TV tal vez puedan ofrecer un plano del espacio reservado. Entonces podrá advertirse una verdad escrita en letras negras: "Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro".

Para leer más: "40 años", por Ezequiel Fernández Moores.
Para ver: "Estadio Nacional", el documental



