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El estadio Nacional de Lima, donde la Argentina jugará con Perú, es una foto repetida en la historia reciente del fútbol albiceleste. Ese fue el escenario que consagró al conjunto nacional campeón sudamericano en 1957, el año en que hubo árbitros ingleses y que la Argentina venció 3-0 a Brasil para quedarse con el título.
Allí, y con una plaza para los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 en juego, murieron 328 personas y más de 500 resultaron heridas tras un gol anulado al equipo incaico. Allí, también, hay dos instantáneas que retratan el ciclo de Marcelo Bielsa al frente del equipo nacional: la caída por penales en la final de la Copa América 2004 con Brasil y su salida intempestiva del cargo tras vencer a Perú por 3 a 1 en el camino al mundial de Alemania 2006.
Antonio Angelillo, Humberto "Bocha" Maschio y Osvaldo Héctor Cruz le dieron a la Argentina el título en ese torneo una fecha antes de su culminación. Fue nada menos que ante Brasil, con un lapidario 3-0 y con 55 mil personas en las tribunas del estadio Nacional limeño. Maschio, con 9 tantos, sería el goleador de la competencia junto al uruguayo Javier Ambrois. Un escalón por debajo suyo quedaría Angelillo, autor de ocho dianas, la misma cantidad que Didí y Evaristo, ambos de Brasil, el equipo subcampeón.

El 24 de mayo de 1964 la Argentina y Perú definían en el estadio Nacional una plaza para los Juegos Olímpicos de Tokio. El argentino Néstor Manfredi había puesto en ventaja al equipo albiceleste. Perú era alentado por cerca de 45 mil personas, aunque testigos de ese encuentro aseguran que las instalaciones "estaban colmadas". A diez minutos del final, Perú encontró el empate luego de un disparo del delantero Víctor "Kiko" Lobatón. Sin embargo, el festejo en las gradas fue interrumpido por la decisión del árbitro paraguayo Ángel Pazos de anular la conquista por una supuesta falta de Lobatón sobre el defensor argentino Horacio Morales. Hubo protestas generalizadas y el juego debió interrumpirse por incidentes a cinco minutos del final.
Dos hinchas peruanos, por separado, quisieron agredir al árbitro, que dio por terminado el encuentro por falta de garantías. La bronca se hizo generalizada y muchos hinchas quisieron invadir el campo de juego. Chocaron con la policía. En medio de gases lacrimógenos y un aire irrespirable se inició la estampida. Una desconcentración masiva y miles de personas buscando la salida. Puertas cerradas. Resultado: 328 muertos y más de 500 heridos. Una de las peores tragedias del fútbol sudamericano.

El equipo dirigido por Marcelo Bielsa perdió una insólita final contra Brasil. Se había puesto en ventaja en el primer tiempo con un penal convertido por Christian González (hoy entrenador de Rosario Central). Pero un cabezazo de Luisao, sobre el final de la etapa inicial, puso el empate transitorio. En la segunda parte, una volea de derecha de César Delgado pareció darle el título a la Argentina: su gol fue a los 42 minutos.
Sin embargo, y cuando faltaban segundos para que se cumpliera el tiempo adicionado, un pelotazo frontal brasileño encontró a la defensa argentina mal parada. Adriano, centrodelantero brasileño, encontró el gol del agónico empate. Argentina se quedaría sin trofeo en los penales: desde los 12 pasos, Brasil convirtió cuatro disparos, mientras que los dirigidos por Bielsa apenas anotaron dos.

Luego de la eliminación del mundial de Japón y Corea del Sur en primera ronda, Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA, había decidido renovarle el contrato a Marcelo Bielsa como entrenador del seleccionado. Sin embargo, la caída en la final de la Copa América de 2004 con Brasil y otras cuestiones internas repercutieron en el director técnico, que decidió dejar el cargo después de un viaje al estadio limeño. Argentina se impuso por 3-1 a Perú en el camino a Alemania 2006, pero ese resultado no alcanzó.
"Ya no tenía esa energía, ese impulso", dijo el Loco en conferencia de prensa el 14 de septiembre de 2004. Fue diez días después de ganar en el estadio limeño y festejar abrazado a sus jugadores en el corazón del vestuario. Lo sucedería José Néstor Pekerman, el histórico formador de futbolistas juveniles, quien llegaría como entrenador al mundial de Alemania y renunciaría luego de la eliminación en cuartos de final frente al combinado local.


