

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Dice Oscar Ruggeri, el entrenador: "Es un jugador fundamental para nosotros. Para mí, tiene futuro de selección". Dice Marcelo Rozemblat, el preparador físico: "Hizo una pretemporada ideal. Su rapidez es parte de su crecimiento". Dice Andrés Silvera, su compañero de ataque: "Sus asistencias fueron clave en mis goles. Es fácil jugar cerca de él". Es unánime: todos quieren a Ezequiel Lavezzi en San Lorenzo. Junto con los goles de Silvera, es el abanderado de la reacción del equipo azulgrana, uno de los punteros del Apertura, detrás de la caída inolvidable ante Boca por 7-1. "Ya demostramos que ese resultado fue una mentira. Este equipo tiene coraje para luchar", cuenta el mejor jugador del Ciclón en las primeras siete páginas del certamen.
Pocho para sus camaradas de equipo. Loco para sus amigos de siempre. El chico 10, según la camiseta que estrenó en el Apertura. "Se fue Montillo, me la ofrecieron y acepté. Es la más linda", cuenta el veloz delantero, que aún no tiene sueños de grandeza. "La verdad, no pienso en la selección. Muchos me dicen que me siguen, pero yo no le doy importancia. Estoy tranquilo, con la cabeza en seguir por este camino con San Lorenzo. Después de Boca, no nos quedó otra que ganar y ganar", explica Lavezzi, con la rúbrica de los tres triunfos al hilo: Banfield (2-1), Central (3-1) e Independiente (1-0).
"Nunca nos dimos por vencidos. Estamos muy unidos, dispuestos a darle pelea a todo el mundo", cuenta el mejor amigo de Pablo Barrientos, el ex compañero que aún extraña. La vorágine futbolera de una goleada dolorosa o un puñado de éxitos revitalizantes no lo apartan de sus afectos. "La verdad, lo extraño bastante. Empezó bien, ojalá que la pase bien en Moscú. Es un tipo bárbaro y un jugador increíble", sugiere, con los ojos bien abiertos.
Padre de Tomás, compañero de Deborah, Lavezzi no se marea con el éxito repentino. No se confunde con el liderazgo. "Estamos bien, pero todavía se pueden mejorar muchas cosas. Aunque, en realidad, lo más importante es ganar. Contra Independiente sufrimos un poco, pero ganamos. Por eso estamos punteros", cuenta el personaje, nacido en Villa Gobernador Gálvez, una ciudad cercana a Rosario. Allí, entre algunas necesidades de sustento, se hizo cómplice del gol en Coronel Aguirre, un club que se convirtió en filial de San Lorenzo, por un lazo afectivo y familiar: Diego, su hermano, es el presidente.
Se muestra más sereno. Ya no provoca festejos delirantes en sus goles ni exagera en sus ocurrencias. Sin embargo, una parte de Pocho, o Loco, sigue siendo el mismo Lavezzi. El hombre de los tatuajes. El que empezó la aventura del fútbol en la primera B, con Estudiantes, el popular equipo de Caseros, o el que apenas un año atrás regresó de Genoa, ya con la camiseta N° 77 preparada para la acción, apenas 18 días después, porque el equipo italiano que debió representar, fue descendido por corrupción. Volvió. Se lesionó más de una vez. Hasta que recuperó el fuego sagrado. "No sé si estoy en el mejor momento. Estoy bien, contento", dice.
"Los triunfos nos dan tranquilidad. Teníamos que ganar para demostrar que lo que ocurrió con Boca fue un accidente", dice Lavezzi, el abanderado de la recuperación ideal.
6,57 es el promedio de los puntajes de LA NACION; es el mejor jugador de San Lorenzo.Jugó todos los partidos y marcó dos goles



