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Camina en silencio, casi midiendo los pasos; busca su camioneta, tras otro exigente entrenamiento xeneize. Firma un par de autógrafos y se sorprende con la consulta. "¿Así que jugamos contra San Lorenzo? A ese club lo conozco un poquito...", bromea Raúl Estévez, delantero de Boca, que por primera vez se medirá contra San Lorenzo, el equipo de toda su vida, por el que quedaba disfónico desde las tribunas, por el que transpiró la camiseta desde el campo de juego. "Es algo que tengo en la mente desde hace algunos días. Es muy raro jugar contra esos colores. Lo pienso y se me pone la piel de gallina, porque muchos saben lo que siento por ese club", dice el veloz delantero, en un rincón de Casa Amarilla.
No sabe si será titular, pero espera el apoyo del Maestro Tabárez. "Ese es mi gran objetivo. Y si justo es frente a San Lorenzo, va a ser especial. Pero en la Bombonera, me imagino, va a ser distinto. Si hubiera sido en el Nuevo Gasómetro, me daría vergüenza darle la espalda a esa hinchada", confiesa el protagonista de sangre azulgrana.
Dice que Boca es el "mayor desafío de su carrera". Y que en el club de la Ribera encontró "la alegría que había perdido en los últimos meses".
"Y también poné que estoy como en el paraíso ahora que estoy en Boca. Cuando quedé libre en San Lorenzo, tuve una oferta muy valiosa de Perugia. Cuando estaba haciendo las valijas, porque tenía los pasajes y todo, me llamaron de Boca y acepté, sin dudarlo. Es mi gran oportunidad", dice el hombre que nació en Lanús y que en los últimos días se mudó a una casa en Berazategui y cambió de vehículo. "Se modificaron algunas cosas en mi vida; la gente me para en la calle más que antes: ahora, me saludan los hinchas de Boca y los de San Lorenzo, también, para que vuelva", confiesa Estévez, que sigue tan fanático como antes de los fierros y de Ernesto Bessone.
Confiesa que lucha con ahínco por un lugar en el conjunto titular. Que "hay muchos delanteros", pero que, en el corto plazo, el privilegiado extremo derecho será suyo. "Me tengo confianza. A medida que pasan los partidos, me siento cada vez mejor. Por ahora, trato de demostrar todo en unos pocos minutos. Pero el Maestro me tiene en cuenta", señala.
Imposible olvidar lo vivido. Imposible no recordar aquellas jornadas de 1995, cuando explotó de emoción una noche fría de Rosario, cuando "iba a todos lados, de local y de visitante". Imposible es, también, dejar de lado el exitoso Clausura y la Mercosur 2001, en el incomparable paso de Manuel Pellegrini por San Lorenzo. "Son recuerdos que nunca voy a olvidar: fue lo máximo que me pasó como jugador. Pero ahora juego en Boca, la exposición es mayor, y las ganas de dar otra vuelta también son más fuertes. Quiero festejar muchas cosas en Boca, pero jamás le gritaría un gol a San Lorenzo", asegura, fiel al sentimiento.
Conversan por teléfono casi todos los días. De un lado, Raúl Estévez; del otro, Alberto Acosta y Félix Benito, jugadores de San Lorenzo. Los chistes y las cargadas van y vienen. Y ayer comenzaron las apuestas. "Pero no quiero decir qué apostamos. Va a ganar Boca y no quiero amargarlos", dice el Pipa, que conoce a Acosta desde la época de Basile como DT, y a Benito desde la adolescencia.


