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Un brazo del Riachuelo envolvía la esperanza de la isla Maciel, a principios del siglo pasado, cuando el avance del progreso le ganaba metros al río y los terrenos se rellenaban para el inminente desembarco de las primeras empresas y astilleros. Eran épocas de bonanza, distantes de un presente sumido en la pobreza y la inseguridad. Dicen, ahora, las paredes de la isla Maciel: "Inundados de tristeza". El sentimiento de pena y melancolía es general, más allá de una expresión de catarsis escrita con pintura azul en un muro de la esquina de Vieytes y Las Heras.
La isla Maciel no es un sitio paradisíaco. No siendo isla la mentan por ese nombre, a pesar de esos arroyos barrosos y nauseabundos que surcan ocasionalmente los márgenes de algunas de sus calles. Es un barrio, y como casi todos, encuentra su sentido de pertenencia en el club de fútbol de la zona. En este caso, el corazón de la isla Maciel le pertenece a San Telmo, afincado allí desde 1926, tras haber sido desalojado de su primer estadio, en Garay y Azopardo, por no contar con los papeles de la escritura.
Sin embargo, hace 1156 días que la inseguridad y la violencia le robaron a San Telmo un pedazo de su historia. Desde el 11 de febrero de 2006 que el estadio Osvaldo Baletto está clausurado por los incidentes que se registraron aquella tarde de verano entre la hinchada local y la de Talleres de Remedios de Escalada. Así reflejó LA NACION los episodios de aquel día: "El alambrado que separaba a las parcialidades fue derribado por los fanáticos y la policía debió intervenir con disparos de balas de goma para dispersar a los revoltosos, que combatían mano a mano. El árbitro Javier Graone no pudo ni siquiera comenzar con el partido...".
Desde entonces San Telmo no puede hacer de local en su casa. Deambula con su penumbra íntima por diferentes canchas y actualmente recibe a sus rivales en Defensores de Belgrano, en el otro extremo de la ciudad de Buenos Aires, a cambio de un alquiler de 5000 pesos mensuales. En estos años, el candombero fue local, además, en Armenio, El Porvenir, Huracán y Barracas Central.
Según averiguó LA NACION, la sanción impuesta por el Coprosede en 2006 aún no fue levantada. "Hubo problemas de tiros y obras. Mantiene todavía tribunas de madera y no puede ser habilitada. Además, considero que el club nunca nos solicitó una inspección", informó Jorge Ortiz, del organismo de seguridad deportiva.
Carlos Ríos, vicepresidente de San Telmo, intuye que la pena impuesta por el Coprosede va más allá de la infraestructura. "No nos van a habilitar la cancha por los problemas de inseguridad que hay en la zona. Pero un santelmista no reniega de sus orígenes y estamos impulsando desde la dirigencia la vuelta a la isla a pesar de que nos exigen obras faraónicas", comentó el dirigente.
El equipo profesional de San Telmo, que actualmente milita en la primera B, ni siquiera se entrena en la isla Maciel. Hizo la pretemporada en Ciudad Universitaria y ahora practica en el Sindicato de Obras Sanitarias. En la actualidad, el club cuenta con 820 socios activos.
El deseo de regresar a casa es un anhelo de todos. Damián Gómez e Iván Szer son dos jóvenes que formaron la subcomisión del hincha y trabajan ad honorem para refaccionar las instalaciones del estadio y para que San Telmo pueda volver alguna vez a su lugar de origen, a la vera del Riachuelo, con el transbordador y el puente Nicolás Avellaneda como postal del recuerdo.
"La ayuda es a pulmón. Hacemos rifas o ponemos plata nuestra. En cualquier cancha uno corre riesgos. Hay muchas del ascenso que están peores que la nuestra. Sin hinchas visitantes, se puede jugar perfectamente en la isla", consideró Gómez. Y Szer agregó: "El temor por la isla Maciel es más mito que otra cosa. El preconcepto es erróneo".
El paso del tiempo maquilla la precariedad de un estadio sin actividad desde hace más de tres años. Pastizales, tribunas olvidadas y techos vencidos por el deterioro del tiempo. Imágenes vagabundas que muestra cualquier otra cancha del ascenso, no únicamente la de San Telmo.
El autor uruguayo Eduardo Galeano escribió en su obra El fútbol a sol y sombra : "No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie". Otra sensación invade a Miguel Bauzá, el encargado de cuidar la cancha de San Telmo desde hace 14 años. Vive allí junto a su esposa y su hija, en una humilde casita, levantada detrás de los bancos de suplentes. "La verdad es que todos en la isla Maciel nos sentimos discriminados. La gente siempre saca lo malo del lugar. El Coprosede nunca vino a ver la cancha tras la suspensión", se quejó Bauzá.
Caminar por la isla Maciel es dejar huellas en un territorio donde los chicos juegan bajo las balas. El reciente caso de Oriana, la niña de dos años herida en un tiroteo, refleja el nivel de violencia de un barrio que espera ansioso la urbanización, tantas veces dibujada con palabras bajo los anuncios de proyectos turísticos o ribereños.
En la mirada vidriosa de doña Rosa se amontona el tiempo. "El barrio perdió la alegría. Espero que cuando San Telmo vuelva a jugar en la isla esté viva para verlo", dijo la señora de 80 años, una reconocida hincha que vive detrás del estadio, sobre la calle Las Heras.
El agente Osvaldo Ledesma, de la comisaría 3era, destacamento Dock Sud, es pesimista sobre el deseo de doña Rosa. "La isla es considerada una zona roja, de alto riesgo, y sus accesos son limitados", sostuvo el policía, quien tiene influencia en el distrito. La real esperanza de regresar a casa la encarna el proyecto de la dirigencia y de los jóvenes hinchas. San Telmo alejado de la isla no es San Telmo. La inseguridad le está robando parte de su historia, lo exilió de sus orígenes.
72 por ciento de 273 hinchas desea que San Telmo vuelva a la isla Maciel, según el sitio www.candombeenascenso.blogspot.com



