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Se refugió en sus afectos, en su O’Brien natal, a 250 kilómetros de la Capital Federal, como para no perder las raíces en este momento de ensueño, que puede marear a cualquier pibe de 18 años. Lejos de las cámaras, de los flashes, un poco por consejo de los más experimentados del plantel y otro tanto por necesidad, Fernando Ezequiel Cavenaghi no quiere dar pasos en falso en su nuevo trabajo de Hombre del Momento del fútbol argentino. “En radios sí hablo, pero por ahora no quiero fotos ni notas por TV. No quiero que mi cara esté en todos lados, será la falta de costumbre”, se excusa el goleador del Clausura, que en cuatro partidos marcó ocho tantos.
Sin embargo, si sigue así, tendrá que acostumbrarse al pan y circo de nuestro fútbol. Quizás, una de las maneras de entender el corralito que armó alrededor de su persona sea conocer un poco más de su historia.
Tiene tres hermanos: Marcos, Belén y Nicolás, todos más chicos que él. El padre es dueño del único boliche bailable de O´Brien, y cuentan que cuando Fernando está por ahí –a veces se da el gusto de hacer de disc jockey, y las cumbias no paran de sonar–, el lugar desborda.
Con pocos años dejó O’Brien, partido de Bragado, para mudarse con su familia a Chacabuco por razones laborales de su padre. El fútbol ya era su pasión, pero su principal preocupación era el colegio. Alumno aplicado, siempre llevó buenas notas a su casa, sobre todo en matemáticas, su materia preferida. Por eso, los padres le permitieron que jugara a la pelota en un club de barrio, donde arrancó de volante y después se instaló de delantero.
A los 12 años llegó a River de la mano de Memo, un hombre del fútbol de Chivilcoy. Colegio del club, casa y comida en la pensión, pero le faltaba algo: sus afectos. Sintió el desarraigo, eso de dormir donde uno no tiene pasado y pensó en pegar la vuelta, pero sus padres doblegaron su esfuerzo y sus visitas se multiplicaron. Extrañaba las horas de pesca en la laguna y las salidas de cacería –buen goleador, buen tirador, dicen por ahí– . Sólo a fines del año último dejó la pensión y se mudó a un departamento de Belgrano, sencillo, casi sin muebles, sin estridencias, como él.
En las inferiores se destacaba, pero sin el alboroto de estos días. De repente, las diferencias personales entre dos técnicos le dieron una oportunidad primero, y casi lo dejan afuera después. Ramón Díaz se había ido y entre tantos logros, el riojano ostentaba el haber puesto a Javier Saviola en primera. Llegó Américo Gallego, con ansias de descubridor; en un entrenamiento, jugando para un equipo de juveniles en la cancha de Deportivo Español, Cavenaghi marcó un gol ante la primera, el Tolo lo puso en el segundo tiempo para los titulares e hizo dos. Había quedado en el plantel profesional, aunque tapado por nombres como Angel, Ortega, Cardetti y Saviola. El Pelado Díaz volvió a desembarcar y de un plumazo bajó a los dos delanteros promovidos por Gallego para intentar un nuevo batacazo con Maxi López. Así, Adrián Romero y el Torito Cavenaghi bajaron a la Reserva. “Es un gordito c...”, dicen que comentó Ramón por esos días.
Mientras la primera perdía el torneo local, Fernando fue con la reserva a jugar un cuadrangular en México y marcó siete goles en cuatro partidos. En septiembre del año último, ante la falta de delanteros, el técnico lo puso en la Mercosur y el pibe le respondió con goles, igual que cuando lo necesitó para jugar con Banfield, en el famoso partido en el que “los jugadores no pusieron lo que deben poner”, según dijo después Ramón Díaz.
Desplazó a dos refuerzos de renombre internacional como Daniel Fonseca y Juan Esnaider. Anteayer marcó todos los goles en la victoria por 3 a 2 contra Estudiantes, en La Plata. Tiene un promedio de dos goles por partido. La hinchada ya gritó que “...a Cavenaghi no lo sacan nunca más”. Tiene 18 años, mide 1,81 y pesa 76 kilos. Ya no es más el Gordo Cavenaghi, es el Torito, la nueva joya de River, el nuevo goleador del fútbol argentino.
"Cuando llegué a O´Brien me fue a buscar una caravana a la ruta. Es algo muy lindo lo que estoy viviendo, pero hay que tomarlo con calma. Recién empiezo, me falta mucho", dijo ayer Fernando Cavenaghi en radio La Red.
Sobre el superclásico, que se jugará en la sexta fecha, señaló: "Primero está Chicago, después Boca. Si seguimos en este nivel vamos a hacer un buen torneo. Yo estoy bien, trabajamos muy duro físicamente y cuando el técnico me necesite ahí voy a estar".
Ramón Díaz: "Lo de Cavenaghi no me sorprende, ya lo dije. Está trabajando muy bien y va a seguir progresando. Yo trato de ayudarlo en algunos movimientos fundamentales y él está convirtiendo, así que estoy contento".
Delem: "Necesita continuidad, aunque se cuida mucho. Es un gran profesional. Es vivo, intuitivo y participa mucho del juego, sobre todo en el área. No sólo hace goles, también crea oportunidades para los demás".
Carlos Morete: "Parece que tuviera la experiencia de un goleador de 30 años y sólo tiene 18. Es frío, calculador, sabe con la pelota, utiliza muy bien el cuerpo. Es uno de los mejores proyectos, tiene todo para triunfar".
Celso Ayala: "La verdad es que no hay palabras para definir lo que está haciendo Cavenaghi. Es un goleador letal y por suerte anda con una racha bárbara. Hay que verlo en la cancha para darse cuenta de lo que es".
Andrés D´Alessandro: "Lo conozco mucho y sé lo que vale. Por suerte está haciendo goles seguido, lo cual es muy bueno para él y para River. Pienso que es un goleador espectacular. Ojalá que siga así".
