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En casi todas las fechas vemos ejecución de penales. A veces, porque el zaguero se encarga de impedir por cualquier medio que el delantero ejecute un disparo certero hacia el arco, con peligro cierto de gol. Otras, se trata de alguna torpeza típica de un mal día o que grafica las pocas cualidades del defensor o el arquero como para detener el ataque de un jugador contrario sin cometerle foul. O, también, el desacierto de un árbitro que ve algo que el resto del estadio no ve.
Lo cierto es que ante la determinación del referí, siempre irrevocable, se deben contar los doce pasos (un gesto inútil: siempre hay un círculo de cal que marca la distancia exacta). Una vez colocada la pelota, el encargado de ejecutar la pena debe concentrarse en poder convertir en gol esa falta, para ganar la algarabía de su público.
La tensión nerviosa puede traicionar. Si hasta Maradona erró algún penal, ya sabemos que se trata de un desafío no tan fácil de resolver. Pero en esta materia también hay entendidos, y en general están en las gradas o en las mesas del café. Y lo dicen en forma terminante: "El penal se patea fuerte y al medio". No hay titubeos en el decir y no debe haber titubeos en la ejecución.
Pero el fuerte y al medio no especifica si debe ser a ras del suelo, a media altura o en busca del travesaño, y aquí aparece -sí, querido lector- el secreto mejor guardado por esos mismos entendidos: si es cierto que el penal se patea fuerte y al medio, ¿a qué altura debe dirigirse?
Uno podría imaginar que se trata de un detalle sin importancia porque el fuerte y al medio basta y sobra, pero ¿y si el arquero se queda parado? Aquí se puede hacer titubear esa verdad absoluta, aunque para los sabihondos no hay excusa que valga: "Si va fuerte, metés al arquero con pelota y todo".
Entonces, salen a la luz nombres de jugadores que le pegan fuerte, muy fuerte, pero que no necesariamente convierten en grito de gol los remates desde los doce pasos. Algunos de esos disparos van a parar a la bandeja alta del estadio o desmayan a algún fotógrafo que, desde alguno de los costados de la línea de fondo, espera tomar el exacto momento en el cual el balón se hunde en la red. Pero la pelota, en lugar de ir hacia ese lugar lógico, se estrella contra la cámara, que a su vez le da un golpe inolvidable a su frente.
"Pero si va fuerte lo metés al arquero con pelota y todo", repite otro, en apoyo total a su colega.
Y aquí sí, uno empieza a darse por vencido. ¿Y si rebota en una rodilla y va para cualquier otro lado?
Entonces, en ese rincón del café se genera un silencio que es lo más parecido a la derrota. Mientras uno de los teóricos pide una ginebra que ayude a aclarar el pensamiento, otro queda hipnotizado ante la cuchara que gira en el pocillo ya sin café y un tercero murmura: "Eso sería un imponderable del fútbol".


