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Un Mundial de fútbol es una reunión internacional de estilos de juego enfrentados. También, es un disparador de inquietudes geográficas y culturales. En estas horas decisivas del certamen Sub 20 es Ghana la que se convierte en objeto de estudio, fundamentalmente porque será contricante de la Argentina en la final de mañana. La mirada rápida describirá a un equipo africano constituido por muchachos alegres, despreocupados y malabaristas con la pelota, bajo la sospecha casi histórica de que no son juveniles sino futbolistas hechos que superan los 20 años.
Pero existe un Ghana-país detrás de ese Ghana-seleccionado . Hay un pasado rico que incluye ritos y tradiciones, que se prolongan hasta hoy.
Ghana, ubicado en la costa oeste de Africa, se ufana de ser la primera colonia africana negra en conseguir su independencia, el 6 de marzo de 1957, luego de la retirada de Gran Bretaña; por este motivo, el país heredó como idioma oficial el inglés. De todas maneras, los ghaneses utilizan mayoritariamente el dialecto Eashanti, que domina entre los más de 60 grupos étnicos con los que se compone la población, entre los que se destacan siete grandes tribus: akans, ewés, fantis, gaadangbe, moledagbanis, gurmas y guans.
La población alcanza los 19 millones de habitantes y el mayor foco de concentración se produce en Accra, la capital, con 950.000 personas. El país tiene una zona selvática en el Sur, mientras que en el Norte surge la sabana.
Tres años después del día de su independencia, Ghana tuvo un progreso rápido y notable en la educación, en el desarrollo industrial y en la prestación de servicios sociales, pero no faltó inestabilidad política. Hoy, con un Poder Ejecutivo unipersonal y un Poder Legislativo unicameral de 200 miembros, Ghana se debate entre las acusaciones a la dirigencia política por casos de corrupción y una economía frágil, que depende de los índices en la exportación de cacao, madera, oro y bauxita.
A diferencia de una gran parte de Africa, el salario mínimo de un ghanés alcanza los 300 dólares, mientras que el máximo puede trepar los US$ 5000.
Estos chicos del seleccionado Sub 20 pertenecen a una clase alta; una señal es que varios jugadores suelen cambiar dinero propio en Buenos Aires con montos que llegan a los 2500 dólares.
El plantel que conduce Emmanuel Afranie es un muestrario de la diversidad religiosa que predomina en Ghana: la mitad de los jugadores practica el cristianismo y el otro cincuenta por ciento es musulmán. Antes de cada entrenamiento y partido, los jugadores -sin distinción de credos- ensayan un canto de ritmo lento en el que le piden a Dios que los ilumine y les dé confianza. Luego de la actividad, practican el mismo ritual en agradecimiento por la fuerza que Dios les dio. Como cierre, concretan una oración religiosa para la cual se toman de las manos y luego las alzan en silencio.
Y uno de los valores máximos que tienen es el sentido de la hermandad, por lo menos en el fútbol. Lo llaman Black Star (Estrella Negra), que convoca a todos los africanos, más allá de banderas; sienten que es una forma de sacar pecho frente al mundo y de ofrecer un mensaje inequívoco: "Africa vive".

