San Lorenzo venció a Gimnasia: un éxito curativo tras la eliminación en la Copa Libertadores

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Gimnasia La Plata

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San Lorenzo

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  • Bruno Pittón
Máximo Randrup
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4 de agosto de 2019  • 15:48

LA PLATA.- En la previa los unía la necesidad. La urgencia. San Lorenzo precisaba un triunfo sanador, para dejar rápidamente atrás la dolorosa eliminación de la Copa Libertadores de América; era el principal objetivo del semestre y se evaporó en apenas una semana. Gimnasia venía de un buen empate ante Lanús como visitante, pero su delicada situación en relación a los promedios lo obligaba a perseguir una victoria.

Lo llamativo fue que ambos entrenadores, Juan Antonio Pizzi y Darío Ortiz, eligieron atacar con un solo delantero. Durante todo el primer tiempo, tanto Adam Bareiro como Claudio Spinelli quedaron aislados del circuito de juego. Con sistemas tácticos idénticos (4-1-4-1) y estrategias prácticamente opuestas (San Lorenzo buscó tenencia y Gimnasia prefirió avances directos), ambos se protegieron más de lo que arriesgaron.

En la etapa inicial hubo solo tres ocasiones nítidas de gol y todas con la misma fórmula: centro y cabezazo; el de Claudio Spinelli -a quemarropa- lo desactivó Nicolás Navarro; el de Matías García se fue cerca y el de Nicolás Reniero lo contuvo Alexis Martín Arias.

El complemento fue otra historia. El Ciclón aumentó su precisión y esto le permitió acercarse al arco adversario de modo asociado, mientras que el Lobo halló grietas para evidenciar las dificultades defensivas que hoy caracterizan a San Lorenzo. Los arqueros, sobre todo el visitante, se convirtieron en figuras.

Lo que era monotonía en la primera parte se transformó en un gran conjunto de emociones. El principal responsable de que el partido no finalizara con más goles fue Nicolás Navarro, quien fue una muralla infranqueable para el elenco local. El Tripero lo exigió en varias oportunidades y el portero no ofreció siquiera un error.

El desnivel llegó cuando quedaba menos de un cuarto de hora. Tras un centro desde la izquierda y un débil rechazo de Leonardo Morales, apareció en escena Bruno Pittón. El lateral no dudó: remató con violencia, perforó la resistencia de Alexis Martín Arias y estampó el 1-0.

En el cierre, el Lobo fue con ímpetu y a la enjundia le adosó bastante criterio. Sin embargo, jamás supo cómo doblegar al frontón que el Ciclón tuvo vestido de arquero. Sí, Navarro. La figura excluyente de la fresca y soleada tarde platense.

San Lorenzo se ilusionaba con meterse entre los ocho mejores de América y, ¿por qué no?, seguir avanzando en el certamen continental. No pudo. Parecía un sopapo difícil de asimilar y hoy, quizás, encontró el remedio para olvidar ese traspié y además ponerse una nueva meta: ser protagonista de la Superliga.

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