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La historia se repite. En diciembre de 2007, River terminó el Apertura con cuatro derrotas consecutivas y un entrenador interino. Passarella había renunciado tras la eliminación en la Copa Sudamericana contra Arsenal y Jorge Gordillo debió poner el cuerpo en el banco durante los últimos partidos del campeonato local. El bautismo incluyó a algunos juveniles como Lizio, Afranchino, Oliva y Musacchio. Ninguno pudo afianzarse en primera. El equipo finalizó 14º con 23 puntos, a quince del campeón Lanús. Antes de irse de vacaciones, los futbolistas ya sabían el nombre del nuevo entrenador: Diego Simeone.
Cholo ni siquiera logró completar un año de gestión. Al igual que Passarella, presentó su dimisión tras quedarse afuera de la Sudamericana, ante Chivas en Guadalajara. La obtención del Clausura ´08 le mejora mucho el balance respecto de su antecesor, pero el desenlace fue exactamente el mismo. River vuelve a terminar el Apertura repleto de derrotas, un DT provisional (Gabriel Rodríguez) y un puñado de chicos inmolándose por una causa perdida. Los futbolistas ya conocen quién será su DT a partir de enero de 2009: Néstor Gorosito. Por primera vez en su historia, River puede finalizar un torneo en el último lugar de la tabla. Para evitar quedar en los libros, debe ganarle a Estudiantes en la última fecha y esperar que Godoy Cruz derrote a Central, en Mendoza. De todas maneras, a la gran mayoría de los hinchas le interesa mucho más la definición del Apertura. Desea que también se repita la historia y que al Boca de Ischia le ocurra lo mismo que al de Lavolpe en diciembre de 2006. Es una mirada corta, propia del fútbol argentino, más pendiente de la desgracia ajena que del éxito propio.
Hay 31 puntos de diferencia entre el campeón del Clausura 08 (43) y este colista del Apertura (13). Jamás hubo un contraste tan brusco entre los dos torneos del mismo año calendario. Muchos se preguntan: ¿cómo el equipo que dio la vuelta olímpica en junio puede estar tan mal en diciembre? Quizás haya que cambiar el interrogante y formularlo así: ¿cómo este equipo tan mediocre pudo salir campeón en junio? Es cierto, Carrizo fue un arquero "gana-partidos" en el Clausura y, tras su venta a Lazio, ni Ojeda ni Vega lograron hacerlo olvidar. No están en esa categoría. Ferrari-Cabral-Tuzzio-Villagra integraron regularmente la línea de cuatro durante los dos semestres. Con un arquero normal detrás, quedaron en evidencia. Aquí hay una responsabilidad de los dirigentes y de los entrenadores.
El plantel está mal confeccionado, descompensado. A lo largo del año, River ha utilizado nueve zagueros centrales, con diferente grado de participación en la temporada: Cabral, Tuzzio, Quiroga, Gerlo, Nicolás Sánchez, Merlo, Musacchio, Emanuel Martínez y Nasuti. Ninguno ha demostrado ser un defensor de garantías. Cuenta con sólo dos laterales en su nómina. No hay sustitutos para Ferrari y Villagra. Tras ganar el Clausura, Simeone confió en los arqueros que tenía y no contempló un plan B ante la salida por indisciplina de Ortega, dispuesta por él y avalada por los dirigentes. Sin ser el de los noventa, Ariel había mostrado carácter y calidad para convertirse en el jugador más desequilibrante del equipo en la recta final al título. En 2008, River no pudo ganar ningún partido importante sin el Burrito. Además, su presencia había sido fundamental para que Buonanotte mostrara su mejor versión en el primer semestre del año. Sin su cómplice y tras el viaje a los Olímpicos de Pekín, el chico se pinchó. En el momento clave para armar el plantel de toda la temporada, sólo incorporó futbolistas complementarios como Galmarini y Flores. Se desesperó por el regreso de Abreu para la Sudamericana y el uruguayo ocupará una plaza de refuerzos para 2009, al igual que Ortega, si vuelve. En definitiva, no tiene mucho margen para enriquecer un plantel devaluado futbolística y anímicamente.
No sólo los DT han fallado en sus elecciones. La conexión Locarno-HAZ explica la presencia en el plantel de Omar Merlo, acoplado a otras transferencias acordadas con el grupo encabezado por el empresario Fernando Hidalgo. Así funciona el mercado: "yo te consigo el refuerzo que querés, pero en el combo te meto a otro jugador". El empresario tiene el poder y el dirigente se traga el sapo. Pero River es grande y puede romper esta tendencia dominante en el fútbol argentino. Ahora bien, la responsabilidad de los jugadores es intransferible e indelegable. ¿Qué culpa tiene la comisión directiva en el bajísimo nivel de Ponzio y Rosales, que han pasado por el seleccionado y que regresaron de Europa en la edad de su plenitud? ¿Por qué Archubi jamás ofreció en River lo que sí mostraba en Lanús? ¿Dónde está el Augusto Fernández que apuntaba a ser gran figura del fútbol argentino? Abelairas rindió al 110 % de su capacidad en el semestre pasado y ahora no llega ni a la mitad de su potencial. ¡Treinta y siete! jugadores vistieron la camiseta de Ríver a lo largo de este 2008. El pibe Gonzalo Gil salió del Campo Chico Country Club, fue titular en un partido y luego no se supo más nada de él. Mauro Díaz ofreció buena técnica individual y capacidad para asociarse a sus compañeros. Después, desapareció.
La elección de Gorosito guarda coherencia con lo que necesita el club en un año electoral. La dirigencia no podía ofrecer un contrato multianual ni tentar con números millonarios. La sucesión de Simeone también sirve para entender cómo a veces la ansiedad nos juega en contra a los periodistas. En el mismísimo vuelo de vuelta Guadalajara-Buenos Aires, el presidente José María Aguilar ya me había mencionado a Gorosito como su candidato a ponerse el buzo. Sin embargo, tras el aterrizaje en Ezeiza, todo el abanico de la prensa daba a Gallego como el futuro DT. Ni cerca estuvo. Ningún entrenador consagrado, con títulos en su currículum, se arriesgaría a hacerse cargo de este plantel. Pediría cuatro o cinco refuerzos que la economía de Ríver no puede asumir. Los dirigentes fueron muy claros con Gorosito y Omar Labruna, los dos aspirantes que llegaron al balotaje. Ambos demostraron hambre y voluntad para arreglárselas con lo que hay, más allá de algún retoque. Aguilar logró imponer su idea original y eligió a Pipo. Hoy el mercado de los DT no muestra a ninguno que mueva el amperímetro por capacidad, conocimiento y liderazgo grupal. Bielsa está en Chile y Bianchi por ahora descansa.
En 1983, River terminó 18º de 19 equipos en el Metropolitano, sólo delante de Racing de Córdoba. No descendió porque ya se había instaurado el sistema de promedios. Vale la pena desmentir la leyenda urbana: no se inventaron para favorecer a River. Tras el descenso de San Lorenzo en 1981, la AFA intentó impedir más caídas de grandes por una mala temporada y quiso protegerlos con los promedios. Pero algo salió mal y la paradoja se cierra con el descenso de Racing en ese mismo ´83. En aquel equipo de River, jugaban Francescoli (de 10), el Negro Enrique (de 9), Gallego (de 8), Merlo (de 5) y atajaba Goycochea (o Puentedura). Terminó con cuatro derrotas seguidas, la última ante Vélez con dos goles de Carlitos Bianchi. En el medio, debió jugar siete partidos con juveniles por una huelga de profesionales que duró 45 días. Así llegó a la primera de River Néstor Raúl Gorosito, volante central de aquellos días difíciles. Hace 25 años, Pipo debió poner la cara durante una de las peores campañas de la historia del club. Evidentemente, la historia se repite?

