Gracias a Nicolás Navarro, San Lorenzo puede disimular sus carencias

Navarro el arquero de San Lorenzo
Navarro el arquero de San Lorenzo Crédito: DIEGO SPIVACOW / AFV
Fernando Vergara
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29 de agosto de 2018  • 23:39

El ojo derecho en compota con el que terminó el partido no le desdibujó la sonrisa. Si algo le faltaba a Nicolás Navarro para seguir ensanchando su imagen bajo los tres palos de San Lorenzo era atajar un penal con la cara. Pues bien, la particular situación se dio en la igualdad contra Unión, en Santa Fe, tras un remate de Rodrigo Gómez que traspasó las manos y rebotó en su rostro, el de uno de los puntales del Ciclón en el comienzo del semestre.

El detalle, curioso, sirve para graficar lo que representa hoy Navarro en el equipo de Claudio Biaggio : un sostén y una garantía que le permite mantenerse con ilusiones a un equipo que no termina de despegar.

En varios lapsos, Navarro se convierte en la última pieza de salvación de una formación vacilante. Ya no es casualidad: sus buenas actuaciones le valieron hacerse dueño y figura del arco del equipo de Boedo. Sus reflejos, su agilidad y la buena reacción ante remates de media y larga distancia son algunos de los principales atributos del hombre de 1,90 metros. "Acá estoy feliz", repite permanentemente.

La paciencia, también, es una de las grandes virtudes de Navarro, de 33 años. Llegó a San Lorenzo en enero de 2016, cuando abandonó Gimnasia en medio de un clima tenso con la comisión directiva, pero tuvo que esperar su oportunidad detrás de un emblema como Sebastián Torrico, campeón de la Libertadores 2014.

Así, las huellas sembradas por el mendocino fueron recogidas por Navarro. En abril del año pasado, fue Diego Aguirre quien le dio el control del arco y a partir de ese momento se afianzó en el puesto. "Una de las bases del espacio que ocupamos en la cancha es la confianza. Y después la continuidad", confiesa.

La producción de San Lorenzo en su último encuentro ante Unión poco tuvo que ver con lo que había exhibido frente a Nacional de Uruguay en la Copa Sudamericana. Hubo una solidez y un convencimiento en el partido internacional que ilusionaron a sus hinchas, que esperan que no haya sido un espejismo. Porque en vísperas del clásico contra River el próximo sábado, el conjunto azulgrana parece haber dado un paso atrás en Santa Fe. Y a pesar de la igualdad sobre el cierre de los santafesinos, el guardavallas sostuvo el arco con personalidad. Siempre respondió con firmeza.

Es continuo lo de Navarro, porque también brindó confianza y tranquilidad en las recientes visitas a Atlético Mineiro y Temuco por la Sudamericana. En este tiempo, uno de sus pocos errores fue después de fallar en una salida frente a Tigre, que generó el segundo gol del Matador, por intermedio de Federico González.

Con el puesto bien cubierto, da la sensación de que San Lorenzo tiene arquero para rato. De hecho, la dirigencia acaba de respaldarlo y le extendió el contrato por tres temporadas.

En los 51 encuentros que lleva como titular en Boedo, Navarro recibió 44 goles. En 20 de esos juegos mantuvo la valla en cero. Nada mal para los 4590 minutos disputados. Además, está muy cerca de igualar la cantidad de presentaciones en Argentinos, el club donde más presencias contabiliza: 62. "Es un buen momento en mi carrera. Pero siempre recordamos lo último. Y yo me sentí bien en Argentinos, otras veces en Gimnasia. Pero es cierto que arranqué este semestre en un buen nivel", dijo el arquero en Fox Sports.

En el corazón de Boedo

Sin embargo, la firmeza del guardavallas no se circunscribe a esta etapa. Por citar un ejemplo, a fines de 2017 había conquistado el corazón de los hinchas azulgranas con sus actuaciones claves en varias definiciones por penales (Cipolletti en la Copa Argentina y Emelec en la Libertadores). Un combo que le permite al campeón mundial Sub 20 de 2005 observar el futuro con optimismo.

El liderazgo de Navarro en San Lorenzo no solo es visible dentro del terreno de juego. Por caso, recientemente tomó la palabra en una conferencia de prensa que dio la vuelta en todo el continente, tras la excursión accidentada contra Temuco, en Chile. Uno de los periodistas locales le preguntó si no era una "vergüenza" la manera en que el equipo azulgrana había pasado de ronda y el arquero contestó: "Vergüenza es lo que vivimos desde que llegamos a Chile, de ser argentinos no tenemos ninguna vergüenza".

Una de sus respuestas en esa ocasión generó risas entre algunos miembros de los medios, pero Navarro se plantó: "Fuimos a entrenarnos con ocho o nueve camionetas. ¿Eso es normal para ustedes? En la Argentina eso no pasa. Yo no me reiría tanto, es preocupante. Tenemos que mejorar muchas cosas como país, pero ustedes siempre tiran contra nosotros y eso es vergonzoso". Y alza la voz, también, cuando se critica el juego de su equipo: "Somos conscientes de que no estamos teniendo producciones de primer nivel. Ahora, en la Argentina, ¿quién juega bien?".

Biaggio no cedió a dos campeones en L’Alcúdia a la selección

Campeones en el torneo de L’Alcúdia, Adolfo Gaich y Elías Pereyra se transformaron en piezas clave del engranaje sub 20 que dirige Lionel Scaloni. Por eso, el entrenador los había convocado para el encuentro amistoso que ayer la selección disputó en Uruguay, pero los futbolistas no viajaron ya que Claudio Biaggio los tendrá en cuenta para el cruce trascendental contra River, pasado mañana. Con Gabriel Rojas lesionado, Pereyra se asentó en el lateral izquierdo, mientras que Gaich tuvo sus primeros minutos en San Lorenzo ante Unión. El único jugador del Ciclón que acudió a la excursión por Uruguay fue el atacante Alexander Díaz.

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