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Alguna vez le tocó observar, desde la platea, a su hermano Nicolás festejando un gol, dando más de una vuelta olímpica. Producto de las inferiores, el hoy defensor de la Roma de Italia cumplió todos los ciclos antes de emigrar a Europa y ser convocado al seleccionado. Nicolás fue uno de los mimados por Carlos Bianchi desde 1999 y acompañó su crecimiento hasta que el zaguero voló al exterior, en 2004. Ayer, el protagonista fue su hermano Guillermo, ocho años menor que él (23), con quien compartió vestuario en el fútbol italiano, pero regresó, se asentó en el fútbol argentino y en los últimos seis meses vivió sensaciones inolvidables.
Primero fue campeón con Arsenal y, acto seguido, Boca y River se pelearon por contratarlo. En la pulseada terminó influyendo su corazón y las vivencias que le contaba Nicolás del planeta xeneize. No bien llegó, supo que las comparaciones iban a existir siempre: "Yo vengo a hacer mi propia historia, aunque ojalá pueda ganar la mitad de lo que consiguió Nico. El jugó muchos partidos en esta cancha. Fue la presentación soñada, pero yo todavía tengo mucho que aprender. La verdad es que no entendía nada... Yo festejando un gol en la Bombonera y con la camiseta de Boca", dijo Guillermo.
La lesión de Matías Caruzzo aceleró un debut que, más temprano que tarde, llegaría por decantación. Por eso jugó un tiempo solo ante Honduras, en el amistoso de entresemana en Miami, y Julio Falcioni pidió que lo subieran a un avión esa misma noche para que llegara a entrenarse al otro día: "El gol no fue una jugada preparada. Si entre la lluvia y el viaje no tuve un sola práctica, casi, con mis compañeros. Fue más una cuestión de actitud", explicó.
Con respecto a la característica que presenta –consiguió goles en casi todos los debuts que tuvo en el fútbol, incluso con el seleccionado argentino–, agregó: "Es increíble lo que me pasa. No sé por qué se da, pero obvio que está buenísimo...". Guillermo no sólo convirtió de cabeza –está acostumbrado a festejar goles ganando con el juego aéreo y su 1,90m en las áreas rivales–, sino que hizo un partido bastante correcto en la marca y se complementó bien con Schiavi: "El Flaco me hizo sentir comodísimo, se me hizo muy fácil jugar al lado de él. Habla y te ordena, siempre te respalda. Si bien el equipo tiene cosas para mejorar, siempre ganar ayuda para trabajar en la semana".
Es cierto que la primera función de un defensor es marcar, pero en el segundo tiempo, casi ambos centrales se conectan para convertir otro gol. A los cuatro minutos, tras un tiro libre frontal ejecutado por Chávez, Burdisso ganó en el segundo palo y cruzó el balón de cabeza, pero el derechazo de Schiavi se fue por encima del travesaño.
Para Falcioni y los dirigentes xeneizes Burdisso siempre fue prioridad tras la partida de Juan Insaurralde. Tal es así que el DT lo llamó en plenas negociaciones para tratar de convencerlo y que se decidiera por Boca. Esta semana, además, Guillermo le ganó la pulseada como sustituto de Caruzzo a Christian Cellay, un central con más experiencia que ayer ingresó luego, aunque en reemplazo de Sosa y como lateral.
Este semestre, el conjunto xeneize tendrá el doble desafío de la Copa Sudamericana y el torneo Inicial. Y Burdisso está listo para la pelea, aunque en lo personal mantiene los pies sobre la tierra: "Sé que en Boca hay plantel para pelear en los dos campeonatos. Estos triunfos consecutivos sirven para sumar confianza. Igual, más allá de que hoy fui titular, tengo asumido que vengo a ganarme un lugar".
Guillermo se fue con una sonrisa dibujada en el rostro. Ya no visita la Bombonera para ver a su hermano Nicolás. A partir de ayer, se convirtió en un protagonista más del mundo Boca.
Julio César Falcioni



