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En el bar de pleno corazón de Caballito, Héctor Cúper se sienta dos mesas más atrás de la ubicación que tuvo hace un año. Están los mismos protagonistas, en el mismo bar, para hablar sobre el mismo tema: fútbol. Pero al técnico este presente lo encuentra en una situación muy diferente de aquélla. Entonces, estaba por viajar a Italia para asumir como DT de Internazionale. Ahora, asegura tener “una espina clavada” por el título que, increíblemente, se le escapó a su equipo el 5 de mayo, cuando cayó por 4-2 ante Lazio y el campeón fue Juventus, seguido de Roma, e Inter se debió resignar con un triste tercer puesto. Hace un año, Cúper hablaba de las finales perdidas con Mallorca y Valencia cuando dirigía en España, y decía: “Prefiero cuatro finales perdidas antes que una ganada”. La pregunta es inevitable.
–Si agregamos esta caída, ¿sigue pensando igual, Héctor?
–Bueno, ahora te cambio dos.
Cúper (46 años) ríe. Será la única vez que saldrá de su imagen seria en la charla. Y agrega: “Podríamos haber negociado así. Si voy a lo personal, hubiera sido fantástico en mi primer año en Italia ser campeón”.
–¿Cuál es su balance?
–Inevitablemente hay que hacer dos concepciones del año. Por ser la primera experiencia, hay una etapa muy buena hasta el último partido, que es, sin embargo, el que en definitiva deja una sensación amarga, muy amarga. Hasta ese último partido se estaba logrando mucho más de lo que se había fijado en cuanto a objetivos, que era estar entre los cuatro primeros. Entonces uno termina con mucho dolor. Pero en mi balance, ha sido un año excelente que no tuvo el desenlace que me hubiera gustado...
–¿Cómo lo consideran en Italia?
–Bien. Ahí, como en todos lados del mundo, la prioridad es ganar. Si uno gana, el resto se asimila. Y yo he tenido la suerte de tener un buen inicio, que es lo que uno necesita cuando está en un lugar de estas características. Así se abre el crédito.
–Desde afuera parece ser el torneo donde más presión hay por el resultado.
–A la presión uno se acostumbra, y llega cierto momento que le gusta. A mí, la exigencia me gusta, la presión me mantiene despierto. Es un aprendizaje día tras día.
–Como entrenador, ¿le agrada trabajar en el fútbol italiano?
–Como dificultad para un entrenador o una planificación, el fútbol italiano es muy difícil. Esa dificultad me gusta. Es donde uno debe pone en práctica su creatividad e inventiva. A nivel estrategia es fantástico.
–Es inevitable consultarlo sobre los porqués de tantas finales perdidas.
–Creo que es una circunstancia de la vida que no he podido resolver. Ahí, a lo mejor, está la maxima exigencia que tendré en mi carrera. Esto, a su vez, abre un panorama increíble, porque siempre están las dos caras. No sé si hago bien en decirlo, pero en algunos clubes piensan: “No fue con Mallorca, no fue con Valencia, no fue con Inter, tiene que ser con nosotros. En algún momento este muchacho tiene que ganar un título, y que sea con nosotros”. Pero bueno, tendré que seguir luchando para lograrlo. Que hay un estímulo que es impresionante, no lo dudés.
–¿De su parte?
–Sí. No hay entrenador que tenga más motivación para ganar un título que yo. Otros técnicos que no llegaron a definiciones pueden estar motivados, pero yo estuve cinco años ahí: mi motivación y mis ganas son muy superiores.
–¿Esta espina es mayor que otras?
–Esta fue una espina dura de asimilar, porque uno no les encuentra explicaciones a las cosas... En el último partido no hay un motivo que a mí me convenza de lo sucedido. Es una situación atípica, porque veía que el equipo no estaba. Es como cuando uno está bloqueado o cuando una computadora se tilda. Uno dice: “¿Qué pasa?, es una maquinita que no puede tener fallas”. A Inter le paso eso en el último partido.
–¿Dijo algo en el vestuario?
–En el vestuario, el que más debía mantener la calma era yo. En un vestuario donde hay mucho dolor, pero al mismo tiempo se sabe que quedó algo, del dolor se pasa a la calentura en un paso muy cortito. Simplemente era ver las caras y mostrar la mía. Como diciendo: acá faltó algo más, ¿eh?
–En defintiva, ¿esta campaña está más cerca de un éxito o de un fracaso?
–Si considero el trabajo desde el comienzo, hemos cumplido las metas. Tenemos la posibilidad de ingresar en la Champions League, que hace mucho el club no juega. Mirando el final, yo no uso lo palabra fracaso: creo que tuve el éxito cerca, y no lo alcancé. Fue un gran dolor, no un fracaso.


