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"Agarrá muy bien esta toma, que así grité el cuarto gol de San Lorenzo ante Bolívar, el de Astudillo. Quiero que salga bien el movimiento de mi brazo derecho". Bromea el protagonista, en la sesión fotográfica. Improvisa el grito de gol, luego el de campeón. "Soy feliz, a pesar de que no suelo demostrarlo", advierte el personaje de una historia exitosa, que volvió a San Lorenzo, a su casa, 20 años después. Para salir campeón. "La gente me hizo recordar al título del ascenso del 82. Miré a los cuatro costados y se me vino esa imagen. No lo voy a olvidar nunca. Fue una fiesta", dice Rubén Darío Insua, DT del campeón de la Copa Sudamericana, el segundo trofeo internacional de la historia azulgrana, tras el 0 a 0 con Atlético Nacional, en el Nuevo Gasómetro, y aquel 4 a 0 inolvidable, en Medellín.
Está en LA NACION, un día después de la consagración. Se sienta a una mesa de la Redacción, se apoya en una computadora. Tiene ganas de hablar. "Las finales son difíciles que se les escapen a los argentinos, porque tienen carácter y convicción para los partidos decisivos. El futbolista argentino tiene un valor agregado", cuenta el técnico, en un ida y vuelta por el camino del título, los tiempos difíciles, su pasión azulgrana y todo el mundo del campeón. Pide un cigarrillo, bebe un café. Y se enciende el grabador.
-San Lorenzo es el mejor equipo del continente... Ah, no hay que olvidarse de Olimpia, que ganó la Libertadores. Pero en junio próximo, cuando juguemos la Recopa, veremos quién es mejor...
-¿Juega bien San Lorenzo?
-Yo disfruto mucho cuando veo jugar a San Lorenzo. De los 27 partidos que dirigí, sólo uno no lo disfruté: cuando perdimos 3-1 con Unión, en Santa Fe. Ahí perdimos el rumbo y no hicimos nada de lo que correspondía. Fue una sola vez. Y pagaría por ver jugar a este equipo. Sabe a lo que juega, cómo lo hace. Y juega para ganar.
-¿De quién es el mérito?
-El mérito es de los jugadores y de los dirigentes. El jugador, ahora, es tratado como debe ser un profesional de San Lorenzo; todo lo que pasa acá lo lograron estas autoridades, que son muy parecidas a los viejos dirigentes de Independiente. Son un lujo. Aparecen poco, cuando hace falta.
-En el camino hubo muchos cuestionamientos...
-Siempre sentí el respaldo de la hinchada, en la cancha, en la calle. Hace unos meses hubo un clima raro, porque un grupo reducido me insultaba desde la platea; confundió las cosas, no iba a disfrutar con los triunfos de San Lorenzo. Cada vez que ocurrió eso fue con éxitos en el Nuevo Gasómetro. Qué raro...
Se siente cómodo Insua. Locuaz, distendido, divertido. "Logré que mis hijos Robertino y Rodrigo se pusieran la camiseta de San Lorenzo en los festejos. Me salieron cambiados, de Independiente y de River. Pero dame unos días más, que se van a hacer cuervos ", dice. Suena el celular. Una y otra vez. "Ahora me quieren todos. Es la fama...; pero prefiero esto antes de que nadie hable de uno. Ahí es cuando te preguntás qué está pasando. Me voy a quedar unos días más en Buenos Aires, para organizar la pretemporada y después me voy a ir a la costa. A un balneario chiquito, chiquito. Así no me descubre nadie", bromea una vez más el técnico exitoso, campeón en apenas seis meses de esfuerzo. La segunda vuelta olímpica como DT, tras el título en Barcelona, de Guayaquil, en 1997.
-Los jugadores que nacen en San Lorenzo tienen algo especial. Son jugadores con calidad y carácter. Rebeldes. Y la gente los respalda.
-¿Qué significa salir campeón del club del que se simpatiza?
-Son momentos mágicos. Yo siempre supe que un día iba a jugar en San Lorenzo. Jugué y salí campeón. Y que iba a dirigir a San Lorenzo; y que saldría campeón, también. Lo soñé de chico.
Prefiere el bajo perfil Rubén Insua. Prefiere que los jugadores griten ante la multitud, mientras él no olvida a su madre, fallecida en 1996, en un festejo íntimo. "No quería robarle el protagonismo a los jugadores, por eso me fui para el vestuario. Ellos ganaron el título, yo apenas intenté que jugaran de la manera en la que yo pensaba. Ese fue mi único mérito", analiza el Gallego, un símbolo azulgrana.
"Cuando pienso en la gente, se me eriza la piel. Y pienso que sería una locura si creo que ya estoy hecho. No. Ya te digo que San Lorenzo es un gran candidato en ganar el Apertura. ¿Lo grabaste?" El café y el cigarillo ya se habían consumido.



