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Federico Insúa clavó un zurdazo a lo Roberto Carlos y su festejo en la cancha de Olimpo no terminó hasta que subió a lo más alto del alambrado. Fernando Gago se acomodó como pudo en un escenario difícil, con pozos y baches, pero nunca perdió la elegancia para distribuir el balón. Es que una característica de este Boca es que siempre intentó jugar y armar sociedades en un medio campo plagado de futbolistas con buen pie, como le gusta decir a Alfio Basile. Cada uno cumple su rol. Desde Bilos, capaz de dejar el surco por la izquierda y poner un pase gol, hasta Battaglia, incansable por la derecha y abastecedor del equilibrio justo del equipo. Entre ellos, casi como si se trazara una línea imaginaria, se destacaron Gago e Insúa. Un N° 5 que aporta mucho más que un típico volante central y un N° 10 que se mueve más allá de los límites del enganche.
"Fue espectacular la manera en que se logró el título. Hay que felicitar a Gimnasia, que hizo un torneo bárbaro, pero Boca respondió en los momentos justos y por eso salimos campeones", dijo Insúa. "Es una manera muy especial de terminar el año. Este triunfo se lo dedico a mi viejo", comentó Gago, que recordó a su padre, Héctor, fallecido hace poco.
Los dos surgieron del club Parque, al igual que Riquelme, Sorin, Cambiasso y Tevez, entre otros. Ambos bajo la tutela de Ramón Maddoni –hoy como coordinador de las inferiores xeneizes–, pero triunfaron en Boca por diferentes caminos.
Gago, a quien ya pocos llaman Pintita, apodo puesto por Maddoni porque en un partido de infantiles le gritó "Dejá de hacer pintita y corré", nació el 10 de abril de 1986 en Ciudadela, y debutó en la primera de Boca el 5-12-2004, cuando Jorge Benítez lo puso como titular en la victoria ante Quilmes (1-0), por el Apertura. Ya desde esa tarde mostró condiciones y un perfil distinto del de la clásica garra xeneize, representada por Pescia, Rattin, Giunta y Serna, entre otros.
Pasó momentos difíciles, cuando en febrero de 2004 Benítez casi lo deja afuera de la lista de la Copa Libertadores –ingresó a último momento por Mauro Boselli– y en mayo de 2005, cuando se fue llorando de un entrenamiento en Casa Amarilla porque los dirigentes lo habían puesto en el aprieto de decidir jugar para Boca (la Copa Libertadores) o para el seleccionado (el Mundial Sub 20 en Holanda). Al final, Gago tuvo sentido común y le dio prioridad al seleccionado.
Hoy, a un año de aquel debut, Gago está feliz por el reconocimiento de los hinchas y se ilusiona: "Ojalá pueda cambiar la historia de los número cinco de Boca. Me objetivo es que al volante central no sólo se lo identifique con la marca, sino también con la creación del juego".
Insúa estuvo cerca de ser futbolista de Boca desde que estaba en Argentinos Juniors, en 1997, pero el destino quiso que recién lo hiciera en enero último, tras un paso por Independiente, donde ganó el Apertura 2002. El Pocho fue el primer refuerzo que pidió Basile y recibió los elogios de Maradona –"Desde que se fue Riquelme que Boca no tiene un jugador con tanta clase, tan técnico y desequilibrante"–, que comparó la gran producción del Pocho en el Apertura con la inestabilidad que tuvieron otros jugadores con responsabilidad en la creación, como Walter Gaitán, Ezequiel González, Omar Pérez y César La Paglia.
El N° 10 arrancó bien, luego tuvo un bajón, pero terminó el torneo con goles importantes y actuaciones consagratorias en la Bombonera, como cuando le marcó dos goles a Vélez (2-0) o le marcó el tanto en el último minuto a Independiente (2-0). "Estoy muy feliz de jugar en Boca. Desde que llegué sabía que habíamos armado un gran equipo", dijo Insú, que, de chico, en los picados, se relataba a sí mismo como si llevara la pelota el Chino Carlos Tapia.
El primero que se puso contento con el pase fue su papá Jorge, fanático de Boca. Tanto él como mamá Mónica y su hermano Gastón lo apoyaron en todo momento. "Pienso que en los partidos que perdimos, ante Arsenal y Colón, no nos faltó actitud. Se dio así y listo, pero siempre estuvimos enteros. Boca, por juego y vocación ofensiva, fue protagonista de principio a fin", comentó Insúa.
Los dos se tiraron flores. "Me encanta cómo juega Gago. Para mí es uno de los mejores N° 5 del mundo", definió Insúa. "El Pocho tiene una calidad enorme y es desequilibrante. Es muy importante para Boca", respondió el volante central.
Más allá de la explosión de Palacio, los goles de Palermo, las apiladas de Bilos y las atajadas de Abbondanzieri, Boca se apoyó mucho en el eje del buen juego. Y ése fue el mayor mérito de Insúa y Gago.
"Ya con todo lo que hizo este equipo se merece un monumento. Fuimos superiores a todos y superamos varios obstáculos. Somos justos ganadores. Demostramos que somos un gran plantel, un gran equipo. Sería lindo terminar la temporada con los dos títulos."
"El campeonato es el fruto del trabajo de todos. Me alegro por los jugadores y el cuerpo técnico. Ahora habrá que concentrarse para jugar con Pumas. Seguro que los jugadores pedirán algo especial para el domingo. Hay que cerrar el año ganando los dos títulos."
"Boca ganó el título a lo Boca, superando momentos difíciles. Se armó un gran plantel y se cumplió con el primer objetivo. Ahora vamos por el doblete. El equipo apareció en los momentos justos, pero vamos por más, porque nos lo merecemos. Mañana [por hoy] habrá que pensar en Pumas."
"Ya con todo lo que hizo este equipo nos merecemos un monumento. Fuimos superiores a todos los rivales y demostramos ser los mejores. Boca es un justo campeón. Merecíamos un festejo así. Sería lindo terminar el año ganando la Sudamericana, el último esfuerzo."
Boca está interesado en incorporar a Fernando Belluschi, de quien es dueño del 50 por ciento del pase, el mes próximo y no en junio, como está acordado con Newell´s. Los xeneizes resignarían el millón de dólares que les corresponde por el pase de Ezequiel Garay a Racing, de Santander.
