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De fondo, en la comunicación telefónica, se escuchaba el bullicio del plantel en el ómnibus que iba camino al hotel en Moscú. Las voces encendidas y estentóreas tenían que ver con el triunfo de anteayer de Basilea sobre Spartak por 2 a 0, que dejó al equipo suizo muy bien perfilado para avanzar a la etapa siguiente de la Liga de Campeones. La victoria la puso en marcha el argentino Julio Hernán Rossi, el delantero que, con cuatro tantos –les marcó a los tres rivales: Spartak, Valencia y Liverpool–, es el goleador del equipo en la competencia europea. “Fue muy duro. La temperatura era de 10 grados bajo cero y la cancha estaba muy mal, con algunos sectores congelados y otros muy embarrados. Pero estamos muy contentos. El martes próximo nos jugamos la clasificación contra Liverpool y el estadio va a reventar.”
Rossi alargó su buena semana, porque el último sábado convirtió dos en el 5 a 3 sobre Zurich y estiró su cuenta personal a 11 en la Liga suiza.
Este delantero, de 25 años y mediana estatura, es uno de los que buscaron otros horizontes porque en el país no encontraba su lugar ni la oportunidad. “Llegué a River en 1995, desde Mar del Plata. Carlos Babington me subió a practicar con la primera y debuté con Ramón Díaz, en 1996. Jugué algunos partidos y entre febrero y diciembre de 1997 me fui a Japón. Volví a River y en el primer semestre de 1998 tuve mi mejor momento; había ido a la pretemporada en Punta del Este y, cuando volvimos, Ramón me bajó a la reserva. Ya tenía 21 años y me cansé. No me enojé con nadie, pero quería jugar y para hacerlo en River, viniendo de las inferiores, tenés que ser un fenómeno como Aimar o Saviola. Aparte, delante de mí siempre había un montón de monstruos; en aquellos años coincidí con Crespo, Francescoli, Angel, Salas, Ortega, Gallardo... Como no soy necio, sabía que no iba a jugar.”
Entonces, Rossi se fue de Núñez para forjar un nombre en el mundo del fútbol. “Surgió la posibilidad de venir a Suiza. En octubre de 1998 estuve 10 días a prueba en Lugano. Me encontré con Christian Giménez, que me ayudó mucho, dentro y fuera de la cancha.”
La evolución tuvo su pico en la última temporada, cuando hizo 21 goles en 32 partidos y fue contratado por Basilea. Rossi se declara admirador de Caniggia y se define como atacante: “Soy un segunda punta, con mucho despliegue. Me sacrifico para que el primer delantero también tenga posibilidades de gol.”
Las últimas fotos lo muestran con el pelo corto, sin la melena atada, y con un tono amarillento. ”Me lo corté después de que perdimos 6 a 2 con Valencia, así la gente no me reconocía por la calle. Nooo... Acá son respetuosos, pero igual te meten presión para ganar. Basilea trata de jugar bien, a la argentina, con la pelota contra el piso.”
Amigo de Pablo Aimar (“lo fui a ver cuando jugó la final de la Liga de Campeones contra el Bayern Munich”), Rossi convive con su novia suiza en el cantón alemán, tiene a sus padres en Mar del Plata y a dos hermanos en Buenos Aires. Cuando hace cuatro años me fui del país fue por una cuestión futbolística. No había la desesperación económica ni la angustia que hoy veo en muchos argentinos.”



