La AFA se queja, pero no piensa en el futuro

Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
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7 de julio de 2019  • 23:59

Una vez acallados los ecos de una Copa América escandalosa para la Argentina empezarán a develarse varias incógnitas, ya en terreno firme y sin las pulsaciones de una dura competencia de por medio. Llegó la hora de la diplomacia. ¿Cuál será a partir de ahora la credibilidad de la AFA frente a las demás federaciones? ¿Cómo se recompondrá una relación quebrada con la Conmebol? A Claudio Tapia, evidentemente, le faltó cintura política para manejar algunos temas demasiado sensibles para todo lo que vendrá. Y esto, vale aclararlo, no se cura con mensajes populistas en las redes sociales. Cómo será, por ejemplo, la organización compartida de la Copa América 2020 entre la Argentina y Colombia. ¿Alguno lo pensó? No da esa impresión. Y, por cierto, las eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022 comenzarán en marzo próximo. Tema mayor.

Lo cierto es que hace rato que la dirigencia de la AFA parece perdida en sus asuntos internos. Y el mundo murmura sobre eso. Hace siete meses, nomás, el fútbol argentino –Conmebol de por medio, es justo decirlo– no pudo organizar la final de la Copa Libertadores entre Boca y River. Con el paraguayo Alejandro Domínguez como principal impulsor, el partido decisivo tuvo que mudarse a Madrid para asombro de todos. Nada pudo hacer Tapia.

Ahora, casi sin darse cuenta, los papelones se trasladaron a San Pablo. La despedida del seleccionado argentino, cubierta por una capa de peligrosa belicosidad, en mucho se debió a una conducción que falla en los procedimientos y que descuida los protocolos. Los modos y las formas. Desde la elección de un entrenador hasta los métodos de reclamo por una presunta situación deportiva injusta. La mejores vías nunca serán las de las bravuconadas mediáticas ni los desplantes.

Tapia tendrá que reconstruir poco a poco su figura por el bien del fútbol argentino. Nunca hubo tan pocos dirigentes alrededor del seleccionado argentino en un torneo internacional. Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, hace rato que no pisa la sede de la calle Viamonte. Daniel Angelici, mandamás de Boca, reconoció la semana pasada, en Radio La Red, que hace seis meses que no va a la AFA. La mayoría de los otros clubes está enojada y hasta el ascenso, cuna de poder de Tapia, no sabe cómo reaccionar después de los grotescos arbitrales de una temporada en la que se dudó de todos. La dirigencia se merece un profundo replanteo, sin egoísmos, exclusivamente en nombre del fútbol argentino. Si es que le importa, claro.

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