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Dos futbolistas aplaudidos hasta el cansancio y, en el medio, la camiseta de Independiente. Sus nombres son el reflejo de que en el club de Avellaneda se dio vuelta una página. El recién llegado y el ídolo de tantos años juntos por el mismo color. Las apariciones de Luis Islas y Damián Manso en el estadio de la doble visera poseyeron a las almas rojas .
Bastaron unos piques rápidos antes del comienzo del partido para que corearan su apellido. Antes de su bautismo con la mítica camiseta N° 10 de los Rojos, esa que siempre pertenecerá a Ricardo Bochini en el recuerdo, todos lo alentaron y le desearon lo mejor para sostener la esperanza. Es que a Damián Manso, de 24 años, los hinchas de Independiente lo tienen bien visto de aquel partido frente a Newell´s del 2 de abril de 2000. Aunque fue una tarde de reclamos y broncas entre los de Avellaneda, hubo un tiempo dedicado al reconocimiento: al ser reemplazado en el conjunto rosarino, todos lo aplaudieron de pie. Un acto de justicia para un joven que esa tarde jugó un partidazo y marcó un gol para no olvidar.
Tres años después Manso llegó a Independiente para mitigar el sentimiento que generó el éxodo del equipo campeón del Apertura 2002. Y como aquella tarde, el escenario quedó rendido a sus pies. De enganche, con la N° 10 en la espalda, desfachatado y atrevido, fue ovacionado en cada movimiento. Y cuando lo reemplazaron fue aplaudido de pie, como en aquella tarde de abril de 2000. Muchas gambetas, dos tiros en los palos y un par de toques eléctricos con Cristian Castillo lo hicieron la figura del nuevo Independiente versión Ruggeri. El, con cara de niño tímido, no quiso hacer declaraciones, pero Ruggeri sí: "Este chico es distinto y por eso con pocos días de entrenamiento no dudé en ponerlo de titular".
Es algo asumido: a Islas se lo adorará por siempre. No importa la equivocación en el gol de Estudiantes, sólo importa que esté en el arco de los Rojos. Esto explica ese conmovedor recibimiento del comienzo. "No sé cómo explicarlo -dice Islas-. Tanto afecto me desborda, sólo quiero atajar para hacerlos felices como yo lo soy en este club."
Uno, el eterno Luis Islas, defendió en 229 partidos el arco de Independiente y en dos etapas acumuló ocho años en el club; el otro, Manso, con apenas cinco días de entrenamiento, se ganó la admiración de todos. Ambos unieron el pasado y el futuro.
Castillo entusiasmó
Fue una preocupación permanente para los defensores de Estudiantes y se ganó aplausos con algunas fantasías . El primer gol de Independiente se generó a partir de un encuentro con Manso - picó una pelota por encima de la última línea rival para el ex volante de Newell´s-.
Giménez, acertado
El chaqueño jugó por el costado derecho y fue compañero de Manso en la creación. Casi siempre encontró el camino justo y generó espacios para llegar con profundidad. Su correcta labor tuvo premio con el gol, el tercero de Independiente, que marcó en el final del partido.
Zurita, buenas y malas
El ex volante de San Lorenzo no tuvo una buena tarde. Se mostró desorientado y le costó sincronizar en el funcionamiento del medio campo al lado de Quinteros. En los pases alternó buenas y malas. Tras la expulsión de Tavio bajó a jugar de lateral izquierdo.
Quinteros, despliegue
Sobre un campo de juego rápido, Quinteros tuvo una tarea infartante de persecución. Con Zurita compartió el trabajo de contención. Su despliegue fue importante para el dominio de los Rojos en el medio campo. Superarlo fue complicado para los rivales.
Tavio, el más endeble
Fue el más endeble de la defensa de Independiente. Le costó hacer pie por el sector izquierdo y no fue una salida clara para su equipo. No fue un buen debut para Tavio, que además fue mal expulsado por Baldassi tras un cruce sobre Colotto.
La personalidad de Olarra
El defensor chileno jugó en la posición y con la camiseta que dejó Milito. En el primer tiempo tuvo algunos contratiempos, que en el segundo tiempo enmendó con cruces eficaces. Demostró personalidad.
Trotta, apenas discreto
Fue el único de los refuerzos de Estudiantes que jugó desde el arranque. Trotta fue el más discreto de una defensa que tuvo varios problemas; se mostró seguro, pero a veces salió a destiempo.
Después de haber encadenado cuatro victorias y cinco empates en las nueve fechas finales del último torneo Clausura, cuando asumió la conducción de Estudiantes, ayer el doctor Carlos Bilardo perdió por primera vez desde que volvió a dirigir.
Cuando Ruggeri cuente con todos los refuerzos (Calderón, Marioni y Morales, por ejemplo), tal vez Caggiano no tenga muchas ocasiones de jugar, por eso fue muy valioso que ayer, en su sexto partido, anotara sus primeros goles en la máxima división.
No hubo mala intención, pero al partido en Avellaneda no le faltaron fricciones. Los tres expulsados (Krupoviesa, de Estudiantes, y Tavio y Franco, de Independiente) más los otros seis jugadores que amonestó el juez Héctor Baldassi dan cuenta de un cotejo intenso.


