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Hay ovaciones con euforia. También las hay con respeto y admiración. Hay ovaciones que nacen del alma y recorren las venas para estallar en un grito fervoroso. Ovaciones que quedarán en la historia… Sin dudas, la que recibió ayer Jonatan Maidana en pleno Monumental entra el rango de las que consagran ídolos. Ese canto litúrgico que llevaba su nombre, a los dos minutos de iniciado el partido ante San Martin de San Juan, fue la canonización definitiva del zaguero al pedestal de las máximas figuras que jugaron en el club de Núñez. Los 200 partidos y los seis años que acaba de cumplir con la camiseta de River sirvieron de excusa para que el jugador más antiguo del plantel tuviese su merecido reconocimiento, más allá de que luego el resultado (1-1) no fue el que el hincha esperaba.
A los 31 años, Maidana simboliza el alma de la defensa de River, es el único jugador del actual plantel que sufrió el descenso y que también levantó la Copa Libertadores, un intocable para todos los técnicos que lo dirigieron en el club. Sin embargo, nunca había sido ovacionado de la manera que ayer 40.000 hinchas lo hicieron. ¿Por qué? Tal vez porque jamás levantó su perfil ni buscó trascender como un referente genuino. Lo de él fue personalidad aplicada al juego, desde el entendimiento de lo que pide cada cierre o despeje. “Estoy muy agradecido a toda la gente de River por la confianza que me brinda. Soy un privilegiado de estar en este club y que se me reconozca mi trabajo. Lo que viví hoy (por ayer) vale más que cualquier título”, dijo el defensor, quien en el cierre del partido fue protagonista de una jugada polémica que pudo haber cambiado el resultado. Al respecto agregó: “Tengo la mano pegada al cuerpo. Son criterios. El árbitro no cobró penal y creo que estuvo bien”.
Maidana empezó su carrera futbolística en Los Andes, en el 2004. A los 20 años pasó a Boca, donde disputó un total 44 partidos en tres temporadas y levantó la copa Libertadores 2007 y las Recopas Sudamericanas 2006 y 2008. Posteriormente, fue transferido al Metalist de Ucrania, pero al año volvió a la Argentina para jugar en Banfield. En 2010, después un muy buen torneo en el Taladro, recaló en River y aquel escepticismo inicial por haber jugado en Boca se convirtió en reconocimiento y cariño mutuo. A tal punto, que rechazó varias ofertas desde el exterior. Ese amor por el club entusiasmó a los hinchas a que en el minuto 2 del partido contra los sanjuaninos, en honor al número que usa en su camiseta, coreen su nombre en los cuatro costados del Monumental: “¡Ole, ole, ole…, Joni…, Joni…!” El momento fue épico y sirvió para entusiasmar futbolísticamente al equipo de Gallardo, que durante gran parte del partido dominó a San Martín. Sin embargo, la falta de contundencia y algunos errores defensivos no le permitieron ganar.
La firmeza en la marca y su prestancia en el juego aéreo fueron suficientes para entrar en el corazón de una hinchada poco benévola con los jugadores que alguna vez vistieron la camiseta de Boca. Hoy, con 204 partidos oficiales (cinco goles), 2 títulos locales y 5 internacionales, Jonatan Maidana, definitivamente, se ha consagrado como el gran caudillo de la defensa de River en la última década…




