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El mejor jugador de la actualidad en el fútbol chileno es un argentino. Nació en Merlo, en el oeste del conurbano bonaerense, y allí vivió hasta los cuatro años, cuando su familia, de padre chileno y madre argentina, se radicó en La Calera, ciudad ubicada a 60 kilómetros de Santiago, Chile. En este caso, ya no hay posibilidad de reconquistarlo para algún seleccionado argentino. Matías Fernández, que cumplió 20 años el 15 de mayo, no fue detectado a tiempo por esa vigilancia satelital que trata de recuperar para nuestros seleccionados a los pibes maravilla que van surgiendo en los países de adopción. Una táctica de anticipación que funcionó con Lionel Messi, que se acaba de poner en práctica con el juvenil Lucas Trecarichi (Leganés, de España) y a la que recurre Francia con Gonzalo Higuaín, por citar algunos ejemplos.
El "Pelusa" Fernández encaja en la teoría que sostiene que la patria es el lugar donde uno pasa la niñez. Y la de Fernández transcurrió jugando al fútbol en las calles y los torneos infantiles en La Calera, hasta que a los 13 años Colo Colo se lo llevó para sus divisiones inferiores porque ya apuntaba condiciones de gran jugador, hábil, fuerte y atrevido. Ni bien empezó a destacarse en los juveniles fue convocado por el Sub 17 de Chile; luego pasó al Sub 20 y últimamente se ganó un lugar entre los titulares del seleccionado mayor. Integrado a la vida chilena, nunca se cuestionó no defender los colores de su país de nacimiento.
Fernández es uno de los principales solistas en este Colo Colo que es la sensación de la Copa Sudamericana. Un equipo de autor, ideado por Claudio Borghi, que lo llevó a la final (al cierre de esta edición se definía la serie entre Pachuca-Atlético Paranaense) sin traicionar jamás el espíritu ofensivo, el cuidado estético en la circulación de la pelota y los más nobles principios deportivos. El público argentino tuvo una prueba de todo esto cuando Colo Colo eliminó a Gimnasia con un par de exhibiciones de primer nivel.
Dentro del alicaído fútbol chileno, Colo Colo se está haciendo un nombre más allá de la Cordillera de los Andes. Anteanoche, dos goles de Fernández le dieron en México el triunfo por 2 a 0 ante Toluca, dirigido por Américo Gallego. Con 9 tantos es el goleador de la competencia continental.
Quienes conocen a Fernández sólo tienen palabras de elogios, tanto por lo que hace dentro de una cancha como por su comportamiento fuera de ella. El argentino Marcelo Espina, ex compañero y director técnico de Fernández en Colo Colo, describió sus características: "Todo lo que pueda decir de él es favorable. Tiene potencia y cambio de ritmo sin perder precisión ni buena técnica. Para mí es un mediapunta, del estilo del Rolfi Montenegro. No es de los que hacen jugar a un equipo, sino de los que marcan la diferencia en los últimos 30 metros", expresó a una consulta de LA NACION.
Fernández tiene los días contados en Chile, a pesar de que tiene el segundo contrato en el "Cacique", con 10.000 dólares por mes -un tercio se lo da a su madre y otro tercio lo ahorra-, sólo por debajo del arquero argentino Sebastián Cejas, con 11.000. Villarreal estuvo muy atento a la indicación de Manuel Pellegrini y ya se lo aseguró a partir de enero próximo por 8.700.000 euros, en lo que se constituyó en la transferencia más alta en la historia del fútbol trasandino. "Me habría gustado que pasase al menos un año por la Argentina. Creo que le hubiera venido bien para consolidarse e ir con más experiencia a Europa", agregó Espina.
Idolo en Colo Colo, Fernández va en camino de tomar el legado que dejaron Iván Zamorano y Marcelo Salas como referentes del seleccionado. Zamorano, en recientes declaraciones a la agencia ANSA, dijo que es, "lejos, el mejor jugador de América" en la actualidad. "Está en otro nivel, es muy completo", agregó.
Borghi asegura "quererlo como a un yerno". Destaca su inquietud por mejorar: "Le encanta el fútbol. Se queda después de los entrenamientos para perfeccionar la técnica [es derecho]. Es un chico muy ubicado, sabe escuchar".
Fuera de las canchas apenas se lo escucha porque no le gusta conceder entrevistas. "Es introvertido y sencillo para el trato, pero en los partidos se transforma, le aflora toda la agresividad", comentó Espina. Cuando el fútbol le deja ratos libres se va a La Calera a refugiarse a la casa del papá Humberto (es constructor), la mamá Mirta (tiene un bazar al lado de la vivienda) y los hermanos Ezequiel y Nazareno. "Tengo a toda mi familia allá [por Buenos Aires], pero Matías no alcanzó a conocer a casi nadie", dijo Mirta.
