La hora de Martínez: la inesperada vigencia del otro Román en San Lorenzo

Casi a los 36 años, Martínez le aportó fútbol y un gol decisivo al golpeado ciclo de Almirón; "Su vuelta es una alegría; entiende el juego", asegura el DT; vida y obra de un volante talentoso, pícaro y cerebral
Casi a los 36 años, Martínez le aportó fútbol y un gol decisivo al golpeado ciclo de Almirón; "Su vuelta es una alegría; entiende el juego", asegura el DT; vida y obra de un volante talentoso, pícaro y cerebral Fuente: AFP
Fernando Vergara
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14 de marzo de 2019  • 23:59

Una comunión perfecta. Las vueltas de la vida quisieron que San Lorenzo volviera a juntar a Román Martínez y Jorge Almirón. Cerebral, estratego, talentoso, el futbolista oriundo de Morón encaja a la perfección en los esquemas que pretende el director técnico para sus equipos. Y en la Copa Libertadores contra Junior -1 a 0, en la noche del miércoles pasado, en el Nuevo Gasómetro- un golazo del volante le dibujó la primera sonrisa a un entrenador que estaba contra las cuerdas. ¿Habrá sido la noche del despegue azulgrana? Sólo el tiempo lo sabe. Por lo pronto, Almirón respiró, el Ciclón cortó una racha de 15 compromisos sin ganar y, de paso, Román -el 27 de marzo cumplirá 36 años- celebró el primer gol de su vida en torneos internacionales.

Carismático, de sonrisa pícara, extrovertido. El barrio Mitre, Morón y el Gallo forman parte del ADN del sagaz futbolista azulgrana. Román es de los que juegan al fútbol con la cabeza. Y cree que si la mente está bien, el cuerpo funciona. Alguna vez, su ex compañero Martín Galmarini le dijo que se parecía al brasileño Kaká. "¡Nooo, es una exageración! Hasta me compararon con Riquelme, por el nombre, nada que ver", dice a carcajadas.

Amante de los autos y los jet ski, Martínez dio los primeros pasos en su barrio. De Morón pasó a Arsenal. En Sarandí, en tres temporadas, no tuvo continuidad y disputó sólo once partidos. Al tiempo se fue a Tigre, llegó el ascenso a primera y el subcampeonato en aquella recordada definición contra Boca. Lo siguiente fue su única experiencia en el fútbol europeo: Espanyol y Tenerife. Dice que allí aprendió "a tener la pelota menos en el pie". Pero apenas estuvo dos temporadas. Román extrañaba a su gente, al barrio. Regresó a Tigre. Lo tantearon los xeneizes. Y en su talento pensaron desde Estudiantes cuando lo llamaron para reemplazar a Juan Sebastián Verón, nada menos. Disfrutó su estadía en La Plata y tuvo la oportunidad de jugar distintas copas internacionales, algo que nunca le había sucedido en su carrera.

También recuerda la famosa lesión ante River, en un cruce de Marcelo Barovero, en la ida por los cuartos de final de la Copa Sudamericana 2014. El esguince de grado 2 del ligamento lateral interno con avulsión ósea y contusión en peroné lo mantuvo afuera de las canchas por varios meses.

Sin embargo, supo cómo salir adelante para darle paso a los tiempos de gloria. En Lanús jamás se olvidarán de Román Martínez y Almirón. Nunca despreciaron la pelota, le dieron al equipo una identidad y fueron parte de una revolución que vivió la entidad del Sur hace algunas temporadas. Resultó un tiempo de lucimiento para el volante en un conjunto que dejó su huella, de una vez y para siempre. Y juntos levantaron tres copas. Una época dorada de los granates.

Al tiempo, cuando Ezequiel Carboni asumió en Lanús decidió que el mediocampista fuera suplente. A Román lo querían varios clubes de tres países distintos, pero su hijo vivía en Buenos Aires. Acá está su lugar. Buscó refugio en su casa, en Morón, pero en 2018 vivió un segundo semestre convulsionado. Se fue apenado. Sin un camino muy claro, se entrenó aparte. Inclusive, en algunas semanas practicó con el plantel de Centro Español, de la Primera D. Todo un símbolo.

Hasta que Almirón lo rescató. El entrenador agarró el teléfono y lo fue a buscar a la B Nacional: no podía olvidarse de todo lo bueno que construyeron juntos. "Su vuelta es una alegría para el fútbol. Entiende el juego y es uno de los que más corre", lo elogió el DT tras la noche copera. En sus cabezas apareció la pausa, el enganche y el remate seco para convertir un golazo. Román siempre tiene un segundo más para pensar. "Que Jorge no me tire tantas flores porque la gente me va a pedir más y más", devolvió el futbolista, siempre sonriente. ¿Martínez es una debilidad para Almirón? "No creo. Es la segunda vez que me dirige. Hay otros jugadores a los que tuvo más veces, eh. Soy un agradecido a Jorge y es el mejor entrenador que tuve en mi carrera. Cuando él fue a Lanús yo tenía 33 años. A veces uno cree que se las sabe todas, y no es así. Me di cuenta de que podía seguir aprendiendo y Almirón fue clave para eso. Juntos tuvimos la fortuna de festejar tres campeonatos. Estoy contento con el hecho de que él me dirija una vez más. Hoy tengo casi 36 años y sigo capitalizando esas cosas", confiesa el volante ante la pregunta de la nacion. "Yo quería jugar después de cinco meses no muy felices y con poca actividad. En mi cabeza sólo tenía eso, quería mostrar mi fútbol. Valoro que Almirón me haya llamado. Se especuló mucho conmigo, porque venía de la B Nacional, y es normal. Entiendo también si el hincha me miraba de reojo. Pero me preparé para estar en un gigante como San Lorenzo", agrega.

Admirador de Fernando Redondo, Andrés Iniesta y el Barcelona de Pep Guardiola, la felicidad se palpa en el rostro de Martínez. En su bíceps izquierdo se ve una pelota, un botín y una fecha: "5-8-2000", la jornada en la que debutó en el club de sus amores, el Gallo. Y después de 19 años de fútbol profesional la primera oportunidad de mostrarse en uno de los grandes de la Argentina le llegó cuando menos lo esperaba. "A esta altura de mi carrera es algo impresionante. ¿Quién lo iba a decir, no? Estoy feliz, en Buenos Aires, cerca de mi hijo. Todo esto es muy lindo y quiero demostrar por qué estoy acá", remarca, con el optimismo de siempre.

Su única cuenta pendiente, según confesó alguna vez, resultó la selección nacional, un sueño que por momentos no lo dejaba dormir y hoy aparece muy lejano. En su momento lo charló con Diego Cagna y cree que estuvo cerca. Nunca se le dio.

Después de ese 2018 con poco roce -11 partidos entre Lanús y Morón- la situación cambió sustancialmente para Román durante este año: ahora arrastra cuatro compromisos en apenas diez días y ya marcó dos goles: Argentinos y Junior. Está pleno, activo y repleto de confianza. "Estoy como un nene, honestamente. Amo jugar a la pelota y acá volví a sentirme jugador", asegura. Almirón... y San Lorenzo, lo agradecen.

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