La noche en que el insoportable River volvió a imaginarse a Boca

Andrés Eliceche
Andrés Eliceche LA NACION
De festejo: River volvió a ganar en el Monumental
De festejo: River volvió a ganar en el Monumental Crédito: Mauro Alfieri
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22 de agosto de 2019  • 21:50

River sabe ser insoportable. Cabalga montado a ese adjetivo en este tiempo histórico, el más rico de todos sus años. Es que así lo ha construido Marcelo Gallardo, el buque insignia de esta era. ¿Qué distingue a este equipo? Esa capacidad de asedio constante, que puede llevar a los jugadores a encerrar a Cerro Porteño incluso con el resultado 2-0 a favor. La voracidad para ir por más, incluso cuando los títulos se acumulan y lo lógico es esperar que el cuerpo se afloje. Pero no. "Sé que no nos vamos a confundir", había dicho el entrenador en Avellaneda el sábado, cuando el 6-1 a Racing acababa de escribirse.

Que River es así lo sabía Miguel Ángel Russo, viejo zorro del fútbol, cuando llegó a Buenos Aires a jugar otra vez contra el equipo de Marcelo Gallardo en esta Copa Libertadores. "Saben jugar este tipo de partidos, eso es lo que más me preocupa", analizó. Paradojas de este torneo legendario: en la primera rueda, el River de Gallardo bailó al Alianza Lima de Russo (3-0); ahora, le mostró las credenciales al equipo paraguayo al que Russo llegó antes de los octavos de final.

El conocimiento de las virtudes del rival no alcanzan para detenerlo, está visto. Si la revancha del jueves próximo tiene algo de incertidumbre es porque River no sacó en el Monumental las diferencias que sí estableció en el juego. Está en una fase de crecimiento: el juego interior brota en Fernández, Pérez, Palacios, De la Cruz... Ahí está el nudo: son ellos los que les dan vida a los laterales -Casco, particularmente, está en estado de gracia- y alimentan a delanteros a los que el gol les sale. El ritmo es otro punto distintivo: la actitud para presionar tras la pérdida de la pelota explica cómo se puede mantener la tensión competitiva en todo momento.

El aire del Monumental, cuando el triunfo quedó sellado, empezó a despedir ese olor dulzón y nervioso que implica la proximidad en el tiempo con una cita siempre inolvidable: otro duelo con Boca. Es que, inevitablemente, empieza a acercarse una nueva trilogía fantástica. Si los dos pasan sus partidos de la semana que viene, entonces habrá, otra vez, superclásicos hasta en la sopa. Tres entre septiembre (el 1, ya es seguro, se enfrentarán por la Superliga) y octubre (los dos probables de la Libertadores, la antesala de la elección presidencial).

Será, si los planetas terminan de alinearse, otra oportunidad para que este equipo se ponga a prueba en algo que ya puede denominarse como la zona River: la de las definiciones. Una que en estos años dorados se acostumbró a disfrutar.

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