La paradoja de Estudiantes: si el campeón pierde a las figuras y el DT... ¿qué les queda a los demás?
El portazo de Eduardo Domínguez se suma a las ventas de Ascacibar a Boca y Román Gómez a Bahía, el traspaso de Medina a Botafogo y la (todavía posible) salida de Cetré
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Todavía no empezó la sexta fecha del torneo Apertura, pero el campeón defensor, Estudiantes, sufre una sangría al que no se le vislumbra el corte. Se sabe que los clubes están obligados a vender, que la economía del fútbol no escapa de las leyes generales del país, que los premios que ofrece la AFA son deficitarios. Pero, en pocas semanas, el Pincha perdió a su capitán, a una de sus figuras, a su lateral derecho y al DT. Y todavía puede desprenderse de otro de sus principales futbolistas. La paradoja que hoy da vueltas por la Liga Profesional es: si el campeón se desarma así... ¿qué les queda al resto?
Este jueves el bombazo noticioso fue al anuncio de Eduardo Domínguez al presidente Juan Sebastián Verón de que se iba al fútbol brasileño. Atlético Mineiro, que viene buscando de manera contínua entrenadores argentinos, le hizo una propuesta concreta y el DT no dudó. Por más que hace poco había renovado su contrato hasta diciembre de 2027, dejará la entidad platense luego del partido de este viernes ante Sarmiento de Junín. Todo es tan vertiginoso que -aunque en La Plata afirman que Verón se sorprendió- ya entabló conversaciones con posibles reemplazantes: Martín Demichelis y Alexander Medina.

Pero el punto está en las salidas. Antes del portazo de Domínguez, el campeón había perdido a su capitán, Santiago Ascacibar, otro referente que ya había comenzado el certamen con la camiseta roja y blanca, pero ahora ya lleva disputados tres partidos con Boca. El primero de la foto del campeón en emigrar había sido Román Gómez, lateral derecho que pasó a Bahía de Brasil. El siguiente en la lista fue Cristian Medina, quien había llegado por el aporte externo del empresario Foster Gillett. ¿Su destino? Botafogo. La billetera de los clubes brasileños duplica (y en algunos casos, triplica) el potencial de recursos con respecto a Boca y River, los más poderosos de nuestro país.
Es lógico que Estudiantes necesite vender para equilibrar sus finanzas (de nuevo, ningún club argentino está exento de esta necesidad) pero sí sorprende que quede tan debilitado. Y que incluso pueda perder a más futbolistas. Edwin Cetré, que no pasó a Atlético Paranaense (otra entidad brasileña) y Boca por diferencias en la revisión médica, todavía está con posibilidades de cambiar de camiseta.

En cuanto a refuerzos, a Estudiantes llegaron Adolfo Gaich (delantero, libre de Rusia), Eros Mancuso (lateral, a préstamo de Fortaleza), Brian Aguirre (llegó de Boca con un préstamo con opción de compra) y Tomás Palacios (defensor, arribado a préstamo del Inter de Milán). El defensor zurdo ya arrancó con presencia y buenas prestaciones, Mancuso es un ‘viejo conocido’ y los demás son apuestas con final incierto. Pero Domínguez, entre otras cosas, sintió que el campeón se desarmaba y que iba a tener menos recursos para poder pelear el campeonato local y la Copa Libertadores... justo un trofeo en el que los brasileños consiguieron una hegemonía en los últimos años.
Eduardo Domínguez era el DT con más continuidad en el cargo de Primera División. Había asumido en marzo de 2023. No es uno de esos entrenadores que piense: “si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”. El ‘Barba’ como lo llamaban cariñosamente los hinchas de Estudiantes supo defender la idiosincrasia del club, también a la institución platense de las polémicas arbitrales, en cada clásico y a la hora de respaldar a sus jugadores. Intentó mantener la calma incluso en momentos donde su ciclo parecía sentenciado por falta de confianza de cierto sector de la dirigencia. En los últimos días, daba por sentada la posible salida de Medina y hasta había pensado en Aaron Molinas, volante ofensivo surgido de Boca y que ahora está en Defensa y Justicia, para reemplazarlo. Pero algo lo molestó -o venía acumulando otros fastidios- para terminar de dar el paso de irse así, a mitad del río y con un barco que había vuelto a zarpar recién hace cinco fechas.
El 21 de diciembre pasado, tras ganarle la final a Platense, y sumar su quinto título en el club (Copa Argentina 2023, Copa de la Liga y Trofeo de Campeones 2024, Clausura y Trofeo de Campeones 2025) y quedar a uno del histórico y multicampeón Osvaldo Zubeldía. le habian preguntado a Domínguez por su continuidad: “Muchas gracias a Marcos (Angeleri), a todos los jugadores, a la dirigencia... esperamos ser mejores el año que viene”. Ahí dio a entender que seguía. Pero en medio de los festejos, el propio Verón ponía calma con respecto al 2026 y cuando le preguntaron por la posible salida de Ascacibar (en ese momento el interesado era River), el presidente Pincha decía: “Nosotros podemos hacer un esfuerzo, pero tiene un límite”.
En ese sentido, ¿a la dirigencia de Estudiantes lo sorprende toda esta situación? En algún punto, no. Verón hace tiempo que alerta sobre la “desventaja económica”. De ahí la necesidad de la fusión -que nunca se terminó de materializar- con las inversiones privadas. “El negocio del fútbol en Argentina, así como está, no da más”, repitió la Brujita en noviembre de 2025, quien además remarcaba: “Podés competir contra el fútbol brasileño, pero en instancias finales necesitás capital, que es lo que el club argentino no tiene”. Y siguió con su descripción: “Armás un plantel y ya estás endeudado, trabajás para el próximo año o el próximo semestre viendo qué tenés para vender, pagás deuda y te seguís endeudando. En el 2025 no puede estar pasando lo que le pasa a San Lorenzo. No podés tener equipos que viven inhibidos en la FIFA. La AFA hoy no te da una herramienta para poder crear algo, sino que lo tenés que armar vos dentro de los parámetros que te permite la ley argentina”. A Estudiantes lo eliminó de la Copa Libertadores Flamengo, por penales. Si bien estuvo a tiro de darle pelea en el desquite, la diferencia en el primer tiempo en Río de Janeiro había sido abrumadora, casi tanta como la diferencia de billeteras entre una federación y la otra.

Según pudo reconstruir LA NACION a fines de 2024, llegó a existir un borrador de un pre-contrato, sujeto a la aprobación final de la asamblea de socios, que se proeyctaba para febrero de 2025. “La llegada de Medina se enmarca en ese acuerdo”, decían cerca de Gillett. Y hasta se envalentonaban: “Cuando sepan quiénes son los otros jugadores de primer nivel que llegarán, los socios de Estudiantes van a ir a votar no con una mano... sino con las dos”. El arribo de Medina y Lucas Alario (seis meses después llegó Fernando Muslera) era parte de un operativo de seducción, de ver si Estudiantes podía competir de otra manera. El acuerdo que pretendía cerrar Verón con Gillett era para recibir una inversión de 150 millones de dólares. Nunca se cristalizó de esa manera.
Algo está pasando en Estudiantes porque, en muy poco tiempo, se desinfló. Hace 13 meses se peleaba en los rings con Boca y con River: así se quedó con Cristian Medina, pagándole la cláusula de US$ 15.000.000, y casi le primerea a Sebastián Driussi al Millonario por otra operación superior a los diez millones de dólares. Hasta le ganó una pulseada a Racing por Facundo Farías. Hoy se desangra demasiado, está perdiendo mucho más allá de lo que (por lógica) lo puede golpear la “desventaja” que sufren los clubes argentinos con respecto a Brasil y Europa.





