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MADRID (EFE).- Manotazos contra el césped, algún que otro grito, brazos en jarra contrariado, lamentaciones por no marcar o desaparecer cuando el resto de jugadores de Real Madrid saludaban al público del Bernabéu, fueron algunos de los gestos que mostraron la frustración de Cristiano Ronaldo , un futbolista que lleva varios partidos sin ser el que ganó un Balón de Oro hace tres meses.
"Ser Cristiano es complicado porque lleva marcando un nivel muy alto durante muchos años. Acostumbra a marcar sesenta goles y cuando marca cuarenta se mosquea. Le conocemos y no se le puede reprochar ningún gesto que haga, a no ser que sea contra algún compañero. Son contra sí mismo". Así habló Sergio Ramos del estado anímico de Cristiano después del partido que Real Madrid le ganó a Levante 2-0. No son palabras de un jugador cualquiera. Vienen de uno de los capitanes y de los pesos pesados del vestuario del club blanco, que volvió a jugar después de un tiempo lesionado.
En los últimos tiempos se profundizó una imagen poco colectiva y muy individualista. Desde su grito en la gala del Balón de Oro, no levanta cabeza. Lionel Messi lo ha superado como máximo goleador cuando hace meses parecía impensable. Cristiano, enfadado ahora, se verá las caras con Messi el fin de semana que viene para intentar redimirse. Indudablemente, pese a su mala racha, es indispensable para Ancelotti, pero su estado anímico, enojado con el mundo y consigo mismo no ayuda al colectivo. El individualismo puede llevar a la frustración y el Cristiano más individualista no es el mejor Cristiano.


