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SAN PABLO.– El jugador Grafite, de San Pablo, realmente sabe lo que es racismo. En Brasil, el país donde hasta 118 años atrás un negro apenas podía ser esclavo, si Grafite y Leandro Desábato pasaran frente a una razia policial cada uno en su auto, el argentino podría continuar tranquilo. Grafite sería parado, porque en Brasil un negro en un auto caro, antes que nada, es sospechoso.
En las primeras décadas del siglo XX, después de la abolición de la esclavitud, la sociedad brasileña no sabía qué hacer con los negros que habían sido libertados. El diputado Aureliano Tavares Bastos, que tiene una calle famosa en su nombre en San Pablo, decía en 1862: “Para mí, el inmigrante europeo debería ser el blanco de nuestras ambiciones, así como el africano el objeto de nuestras antipatías”. Una de las teorías más defendidas en la época era la eugenia, que consistía en “blanquear” la sociedad brasileña trayendo inmigrantes europeos y devolviendo a los negros para Africa.
La abolición, que ocurrió hace tan poco tiempo y que fue hecha sin ningún tipo de indemnización o asistencia para los libertados, derivó en la formación de favelas y en la estigmatización del negro como un ser prácticamente marginal. “Lunes es día de blanco” –porque supuestamente al negro no le gustaría trabajar– es una frase común por acá, que reproduce la herencia de la esclavitud. La semana última, durante un partido de San Pablo contra Marilia, un equipo del interior, Grafite había recibido insultos racistas –“preto”, por ejemplo, que es equivalente al “nigger” de los Estados Unidos– de jugadores brasileños, sin que eso tuviera ninguna consecuencia.
Galvao Bueno es el Macaya Márquez brasileño (con perdón por la comparación, que se resume a la masividad de su audiencia): como principal comentarista de la TV Globo desde hace más de una década, es famoso por la parcialidad de sus comentarios, que suelen ser más arengas que análisis. Si la TV Globo enfoca un edificio frente al estadio en un partido, él pide que todo el mundo prenda y apague la luz de sus casas para mostrar cómo todo el edificio lo está sintonizando.
En un caso que podría servir de testigo para un análisis en cualquier cátedra de semiología o comunicación, fue Galvao Bueno el que condujo a la detención de Desábato. Crítico frecuente de la Argentina y sus jugadores –rivalidad que viene siendo exacerbada artificialmente hasta alcanzar otros ámbitos–, Galvao Bueno disparó durante la transmisión: “Mirá, tuve la impresión... Poné de nuevo esa imagen. Tuve la impresión de que él (Desábato) le dijo «negro» a Grafite”. Inmediatamente mandó a su movilero a preguntarle a Grafite si había recibido una ofensa racista. El jugador dijo que no quería comentar el tema “para no hacer énfasis”. Galvao Bueno insistió en que hubo racismo y reproduciendo el movimiento labial de Desábato.
Saulo de Castro Abreu, secretario de Seguridad del Estado de San Pablo, que tiene aspiraciones políticas y fue precandidato del Partido Social Demócrata Brasileño en las elecciones municipales del año último, miraba el partido desde el sofá de su casa cuando comenzó a escuchar los comentarios de Galvao Bueno. Levantó el teléfono y mandó interrogar a Grafite. Pidió que algún agente confirmara cuáles habían sido las palabras de Desábato. Grafite confirmó que había sido llamado “negro de m...”. El secretario mandó detener inmediatamente al argentino. “La orden vino de arriba, de la Secretaría de Seguridad”, le confirmó ayer a LA NACION uno de los comisarios que participaron de la detención. Las aspiraciones políticas de Brasil, de presentarse frente al mundo como el abanderado de la lucha contra el racismo en el fútbol –tema en auge en Europa–, eran cada vez más mencionadas ayer en ámbitos deportivos brasileños.
El insulto preconceptuoso de Desábato existió, y en Brasil existen leyes contra el preconcepto. Pero las manos esposadas, el traslado en patrullas, la prisión en cárceles sin colchón, el repudio oficial de los ministros de Lula y el revuelo en las cancillerías de Brasil y la Argentina convirtieron el caso en un espectáculo mediático. Dentro de algunas semanas todo se olvidará. Y Grafite, cuyo apodo remite al grafito negro de los lápices, volverá a ser sospechoso si circula en un auto caro y se topa con alguna de las patrullas en las que circuló Desábato como un criminal los últimos dos días.



