Lanús-Banfield, Superliga: el Taladro desafió los antecedentes en el clásico en el que Julio Falcioni ensayó un adiós

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Lanús

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  • Julián Carranza
Patricio Insua
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9 de noviembre de 2019  • 14:59

Que los clásicos son partidos aparte, que no importa la actualidad de cada equipo y que se trata de un puro presente de 90 minutos fue el lema al que se aferró Banfield. Porque llegaba al clásico del Sur tan flaco de puntos como de juego, contra el aceitado Lanús de Luis Zubeldía, líder de la Superliga. Lo ganó (1-0) porque se animó con sus limitaciones y por la enjundia (y también algo de fortuna, por cierto) con la que aguantó más de 40 minutos con un hombre menos.

"Pudo haber sido mi último partido. Es algo que voy a conversarlo con mi familia, no lo sabía nadie. Es despedirme con un triunfo, sería un lindo final. Estoy bien (de salud) y fuerte, solo me falta arreglar un poquito la voz. Lo voy a pensar, voy a ver qué hago. Capaz me corro y voy de mánager". Emocionado, Julio César Falcioni se retiraba del estadio de Lanús después de la victoria firmada con su sello. "Hemos sido campeones, clasificado a la Copa Libertadores. Creo que este puede ser un buen broche para mi campaña en el club". Tenía una pulserita en su muñeca derecha, de hilos bordados que decía Banfield en blanco sobre un fondo verde. Un regalo de sus nietos. Tan significativo como el triunfo en el clásico.

Los malos resultados, el juego desgajado y el descontento que los hinchas bramaron en los últimos dos partidos de local afectaron a Falcioni. Acostumbrado a que en Peña y Arenales todo había sido protagonismo y reconocimiento en sus etapas anteriores, la situación actual lo sacudió. Estaba triste. Haberse impuesto en el encuentro más relevante lo liberó.

Al margen de la incógnita que dejó sobre su futuro, el DT también habló del partido: "Tenés que bloquear al adversario y ser certero. Les cortamos todos los circuitos". Ese fue el mandamiento al que se aferró el Taladro. Dátolo detrás de Julián Carranza, el único delantero, y detrás de ellos dos líneas de cuatro hombres cada una para cerrar espacios y aislar adversarios. Tapó a Lucas Vera, controló a Lautaro Acosta, absorbió a Alexander Bernabei y borró a Sand. Solamente Marcelino Moreno supo escapar por momentos del tejido albiverde.

En avances que no se animaban a ser ataques y reservado el despliegue, de uno y otro lado, para no dejar prosperar al rival, Lanús era más veloz y esbozaba mayor ambición, pero los de Falcioni marcaban la pauta: el partido se jugaba como quería Banfield. Pese a tener más la pelota, al equipo de Luis Zubeldía le costaba mucho generar real peligro.

Festejo primer gol del partido
Festejo primer gol del partido Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

En la segunda mitad, Banfield hizo rodar la pelota y terminó esa primera la jugada con un remate de Urzi que controló Rossi con un movimiento de rutina. Un instante después el juvenil otra vez quebró a la defensa rival. Era un aviso de lo que vendría. A los 6 minutos Juan Álvarez y Luciano Gómez desarticularon el costado izquierdo de la última línea de Lanús, cruzaron la pelota a Dátolo, que controló y habilitó Carranza para que el juvenil aguantase el movimiento desacompasado de Valenti y delante de Rossi lo fulminase para 1 a 0.

Zubeldía mandó a la cancha a Pedro De La Vega, Civelli se fue expulsado por un golpe a Acosta y Dátolo dejó la cancha para que ingrese Luciano Lollo a rearmar la zaga. Ese encadenamiento se dio en apenas 3 minutos. Entonces el encuentro se hizo puro nervio, pero Banfield lograba mantener el pulso firme ante la aceleración de los dueños de casa. Quedaba un cuarto de hora cuando Nicolás Orsini entró por el Laucha y Lanús se dispuso con un doble nueve para bombardear el área del Taladro, que aguantaba parapetado con el esfuerzo de los diez jugadores que le quedaban.

Banfield se quedó con el clásico del sur
Banfield se quedó con el clásico del sur Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

En la segunda fecha, Lanús la había pasado m­al ante River, con un pesado 3-0 en el que nada había tenido para hacer. No perdía desde aquel día. Banfield arrastraba el lastre de cinco partidos sin ganar. Pero en el choque más especial templó su carácter, tuvo coraje, multiplicó esfuerzos y festejó.

Ante la prensa, el mensaje de Falcioni pareció de un adiós inequívoco, pero a sus jugadores no les comunicó nada adentro del vestuario. Solo hubo festejos y alguna alusión de Civelli a sus compañeros sobre la situación del entrenador. Este martes será un día especial para Banfield, en el que sabrá si el cuarto ciclo del entrenador más exitoso en su historia habrá sido de apenas nueve partidos o si continuará hasta fin de año para luego decidir si seguirá o no y en qué lugar en el club donde cosechó más reconocimiento.

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