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BERLÍN.- Un entrenador codiciado, un equipo rico y una oferta jugosa. Explicar la salida de Josep Guardiola del Bayern Munich y su fichaje por el Manchester City en esos términos puede ser tentador, pero también insuficiente. En la decisión del técnico español influyó un factor que puede pesar más que el dinero: el humano.
Mimado por el microcosmos del Barcelona, donde comenzó como un niño más y terminó como el ente todopoderoso en torno al cual giraba el club, Guardiola vivió con vértigo su salida al "mundo exterior".
En su álbum mental de los tres años en Munich se mezclarán las fotos ataviado en los tradicionales pantalones de cuero bávaros, la frustración de no poder influir en las contrataciones, los entrenamientos bajo cero y las conferencias de prensa en un idioma ingobernable que masacraba sus complejas ideas tácticas y las reducía a un discurso infantil.
Que Guardiola no haya terminado de encajar en Alemania puede incomodar a la legión de amantes de fútbol que lo idolatran, pero es una media derrota que el propio técnico reconoció.
"Da igual si gano la Champions, si el equipo gana la Champions. (Jupp) Heynckes y (Ottmar) Hitzfeld serán siempre más importantes que yo", se resignó en enero. Admitía así que ni siquiera la conquista de su máximo objetivo lo elevará al nivel de dos de sus antecesores más queridos. El semanario "Der Spiegel" lo resumió en una fórmula: respetado sí; querido, no.
Guardiola pareció un cuerpo extraño en la Bundesliga desde su llegada a Munich a mediados de 2013. El técnico más exitoso y admirado del mundo en un club de tradiciones casi familiares. El galáctico injertado en una Liga de dimensiones aún humanas.
Da igual si gano la Champions, si el equipo gana la Champions. (Jupp) Heynckes y (Ottmar) Hitzfeld serán siempre más importantes que yo
Su intento de reconstruir el poder del que gozaba en Barcelona chocó pronto contra la directiva del Bayern, que se reservó la última palabra en decisiones clave, como los fichajes, y fijó límites al técnico, por ejemplo forzándolo a abrir a la prensa parte de los entrenamientos.
Guardiola sí logró blindar su espacio personal y mantuvo la costumbre de no conceder entrevistas. A propósito o no, alimentó así la imagen de genio aislado en su laboratorio futbolístico.
"Fue su responsabilidad. No hizo nada para ser querido", comentó a LA NACION Karlheinz Wild, reportero jefe de la revista deportiva Kicker. "Se cerró, no hizo ningún trabajo de prensa, no se acercó a la gente. Es un hombre muy tímido y reservado que no quiso tener mucho que ver con las personas. Hizo sus ruedas de prensa y nada más".
En esas ruedas de prensa emergió otro obstáculo: el alemán. Guardiola aprendió mucho y rápido, pero no lo suficiente para expresar lo que quería de un modo apropiado. "Fue un problema importante, porque sencillamente habla mal alemán. Pero siempre quiere hablarlo", sostuvo Wild. "Hubiese sido mejor que hablara español con traductor".
Los cortocircuitos no se limitaron a la prensa. Un jugador anónimo filtró la semana pasada el mal ambiente en el vestuario bávaro, que atribuyó a Guardiola y su obsesión por controlar al plantel.
La imagen rígida del español pudo ablandarse a fuerza de éxitos, pero hasta ahora no fue así. Su balance deportivo no enamora.
El dominio masivo del Bayern en Alemania quitó épica y encanto a las dos Ligas y la Copa ganadas por Guardiola. El propio técnico contribuyó a restarles importancia cuando en 2014 lanzó: "La Champions League es como una buena comida en un restaurant bonito. La Bundesliga es como comer pizza o hamburguesa todos los días".
"Fue su responsabilidad. No hizo nada para ser querido", comentó a LA NACION Karlheinz Wild, reportero jefe de la revista deportiva Kicker
Los manjares, desde entonces, siguen haciéndose esperar. Guardiola se estrelló estrepitosamente contra Real Madrid y Barcelona en las semifinales europeas de 2014 y 2015. Los mismos rivales superados por Heynckes para llegar a la final de 2012 y ganar el título en 2013, cuando firmó el primer triplete de Champions, Liga y Copa en la historia del Bayern.
Los dos títulos internacionales de Guardiola con el Bayern, la Supercopa Europea y el Mundial de Clubes, fueron posibles gracias a esa gesta de Heynckes.
El periodista inglés John Carlin publicó en el diario "El País" una columna titulada "Dinero no compra romance, Pep", en donde se pregunta los motivos de Guardiola para fichar por el Manchester City. Su conclusión cae con fuerza: "Los argumentos a favor se resumen en una palabra. Dinero".
En Munich nadie cree en esa hipótesis. Fuentes de alto rango del Bayern aseguran que el club estaba dispuesto a todo para conservar a Guardiola, un técnico admirado por la directiva y con una fama internacional que no igualará del todo su sucesor, el italiano Carlo Ancelotti.
"El dinero no fue un problema. Es ciento por ciento seguro", confirma Wild, experto en el equipo bávaro. "En Manchester ganará sin duda un poco más, pero el Bayern estaba dispuesto a estirarse un poco y hacer todo lo posible por retenerlo. También a nivel financiero".
Lo que sí encontrará Guardiola en Manchester es un club con menos tradición que le garantizará más poder. Una directiva con dos viejos conocidos y aliados del Barcelona, Txiki Begiristain y Ferrán Soriano. Una Liga más igualada y desafiante. Una sociedad más receptiva a personalidades fuertes. Un idioma más amigable.
Esa constelación, más que el dinero, es lo que pudo convencer a Guardiola de buscar en Inglaterra el romance que perdió en España y que no encontró en Alemania.
