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La ciclotimia futbolística de San Lorenzo atentó contra sus intereses. Y la intención, sólo eso, de Gimnasia resultó determinante para no quedarse huérfano de puntos en la noche del Bajo Flores. Fue así como el Ciclón, cuando apenas faltaban 180 segundos para bajar el telón, vio cómo se le escurría entre las manos la posibilidad de acumular su tercer éxito consecutivo. Fue así como el Lobo no se resignó, supo capitalizar la discontinuidad del rival y en el reparto de ganancia tuvo su recompensa.
El empate 2-2 es una consecuencia lógica del juego. Porque cuando no se logra mantener una intensidad se dividen las fuerzas y cada protagonista tiene su momento. Claro que está en cada uno saber aprovecharlo y en eso los dos aprobaron.
El primero en adueñarse de la escena fue el local. Con las explosivas apariciones de Pablo Barrientos, más las proyecciones de Ferreyra por la izquierda y Rivero por la derecha, los fugaces aportes de Molina y el buen momento de Adrián González, impuso su condiciones, obligó al rival defenderse y lo forzó a ingresar en un estado de desorden que se traducía en pelotazos sin destino.
Con la complicidad del viento, que por momentos se tornaba insoportable, San Lorenzo ensayó varios disparos de media distancia, que tuvo su chance más clara con un zapatazo de Mateo que dio en el travesaño. En ese terreno demostró ser un especialista Adrián González; es por eso que quedó en su poder un tiro libre, tras una falta de Goux sobre Barrientos, y con otro fuerte derechazo, al palo de Navarro Montoya, abrió el camino.
Extrañamente, la vehemencia del local se acabó y le permitió a Gimnasia, sin grandes brillos, exponer sus argumentos. Fue más fluida la intervención de Esteban González en la mitad de la cancha, por el andarivel izquierdo Licht comenzó a ser influyente y Cabrera con su empuje le dio más profundidad. Por eso, a cuatro minutos del cierre del primer capítulo, Cervera le sacó réditos a un balón que quedó en el área chica, después de que Juan Ferreyra le ganara de cabeza a los centrales de San Lorenzo.
Las imágenes que ofreció el episodio dos del partido resultaron tan idénticas que parecía inexplicable cómo uno de los protagonistas, San Lorenzo, no advertía que el desenlace también iba a ser igual. Es cierto, había una diferencia, al intenso viento se le sumó una cortina de agua. Sin embargo, San Lorenzo se volvió a conectar en el juego y tras una centro perfecto de Osmar Ferreyra, Leonardo Ulloa interceptó de cabeza el balón que por el momento le daba el éxito.
Como un vicio de casi todos los equipos del fútbol argentino, el Ciclón se replegó y su oferta fue otra: el contraataque. Eso le permitió a Gimnasia apoderarse de la pelota, sin querer decir que con eso que fue agresivo y punzante. Pero sí que intentó, con limitaciones, pero lo hizo.
La expulsión de Matías Escobar a los 38 minutos, en Gimnasia, más el reemplazo del volante Darío Bontinelli por el delantero Ulloa, en San Lorenzo, daban por sentado que todo estaba resuelto. Pero claro aún faltaba el final calcado del primer tiempo, con otro protagonista, pero con la misma finalidad: Gonzalo Vargas, con un fuerte derechazo, ahogó el festejo del local y desató la locura del Lobo.
En definitiva, este resultado será una buena lección para San Lorenzo, que padecía esta irregularidad, pero estaba maquillada por los éxitos. Ahora le fue esquivo el triunfo por la saludable insistencia de Gimnasia.
La tristeza que reinó en el vestuario de San Lorenzo contrastó con la satisfacción que se evidenció en el camarín de Gimnasia. El gol de Vargas, a los 42 minutos del segundo tiempo, fue el detonante de ello. Oscar Ruggeri, DT del Ciclón, intentó explicar en cómo repercutió el empate en su equipo: "Fue el mejor partido de San Lorenzo desde que llegué y por eso me voy tranquilo, pero el resultado es como si nos hubieran pegado un palazo a todos", afirmó el entrenador. "El punto tiene sabor a derrota; se escapó el triunfo en la última jugada", coincidió el colombiano Mauricio Molina.
Por el lado de Gimnasia, Esteban González declaró: "El empate vale mucho, por el rival y por haber estado con un hombre menos; siempre quisimos ganar y fuimos superiores".
Los jugadores de San Lorenzo salieron al campo de juego con una bandera que decía: “Nunca más”, en conmemoración del inicio de la dictadura.
Oscar Ruggeri pidió el césped bien corto para el día del partido; ayer, por la tarde, solicitó que se regará la cancha. Los trabajitos, no ayudaron.
San Lorenzo no logra tres victorias consecutivas desde el Clausura 2004; Banfield, Colón y Gimnasia (LP), los vencidos en aquella oportunidad.



