Opinión: los siete arqueros del campeón

River y un festejo a lo grande
River y un festejo a lo grande Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Antonio De Turris
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18 de mayo de 2014  • 22:32

El buen juego y los golazos de Carbonero, la usina de fútbol y orden que conformaron Ledesma y Rojas, las apariciones justas y en el momento justo de Mercado, los chispazos de Lanzini, la voluntad encomiable de un casi ex jugador como Cavenaghi . ¿Tuvo mucho más River para contrastar con un nuevo título la aún húmeda e imborrable mancha del descenso? No mucho más.

Si hoy las posiciones finales lo mostraran tercero, quinto o directamente en la mitad del pelotón, nadie estaría infartado por el asombro, tanta fue la mediocridad que mostró en muchos partidos, tanto tambaleó Ramón en su puesto.

Hoy, las mieles del éxito y el brillantísimo cierre ante Quilmes lo borran todo y casi nadie, seguramente, se acordará de que para poder sopreponerse a sus propias limitaciones y terminar por encima de todos, River necesitó de siete arqueros que no le fallaron en momentos claves.

El campeón de los siete arqueros empezó a forjarse el 30 de marzo en la Bombonera cuando, en tiempo de descuento, Orión, arquero del seleccionado, decidió ir a buscar un corner donde la pelota no estaba y dejó el arco libre para que el impresionante cabezazo de Ramiro Funes Mori le diera a River un histórico triunfo. Ramiro reivindicaba el apellido quizás más vituperado por Núñez en los últimos años y Orión hacía un aporte invalorable para que los Millonarios empezaran a enderezarse.

Quiso el destino que poco después, el 13 de abril, cuando River venció a Rafaela por 2 a 0, se lesionara Barovero, un indiscutido que en las primeras fechas salvó partidos él solo, pero que venía perdiendo solidez. Estaba fresco aún el error que había cometido una semana antes frente a Belgrano y que los árbitros equivocadamente convirtieron en gol.

Todo River sintió que el mundo se le caía encima. Había que apelar a Chichizola. Nadie podía despertar más temores y dudas que él para ocupar el arco.

Pero sólo tres días después, en La Plata y sobre el final de un duro partido contra Estudiantes en el que River paseó su mediocridad, Chichi terminó atajando un penal y convertido en el héroe de la jornada.

El campeón de los siete arqueros tuvo otro capítulo fundamental apenas cuatro días más tarde, el 20 de abril, en Núñez, cuando el uruguayo Sebastián Sosa, muy buen arquero, por cierto, sacó con las manos derechito a la cabeza de Lanzini y al segundo vio cómo Teo Gutiérrez lo sometía con un tirito cruzado. River le ganó a Vélez con ese gol y gracias a que sobre el final, Chichizola salvó dos mano a mano para la historia. River en los dos arcos.

Ya visto como una mezcla de Amadeo y Fillol, Chichi se mostró sólido en la lluviosa jornada de Bahía, en el empate ante Olimpo, pero se puso de nuevo el traje de héroe el 4 de mayo, ante Racing y en tiempo de descuento, cuando Ariel Rojas hizo "la gran Román" y le regaló al rival un penal. Era el 3 a 3 y una herida de muerte para las aspiraciones de River, pero ahí estuvieron Saja, un arquero pateador de penales que anunció mucho el tiro, y Chichi, que intuyó la dirección y fue al lugar justo.

Pero la historia no estaba completa. El 11 de mayo, con la adrenalina de la definición a mil, con la impresión de que si Gimnasia llegaba bien a la última fecha Boca no le opondría mucha resistencia, el Lobo fue a Quilmes con las chances intactas y terminó desbarrancado al no poder recuperarse de un autogol de su arquero Monetti, que en un corner cualquiera se le ocurrió saltar, girar hacia adentro y soltar la pelota para que cayera dentro de su arco.

Casi simultáneamente, en La Paternal, River la pasaba mal ante el pobrísimo Argentinos Juniors hasta que, ante un lejano tiro bombeado, inocente, el arquero Nereo Fernández calculó muy mal, la pelota rebotó en el travesaño y gol de River. Increíble.

Ese día había vuelto Barovero, jugada audaz de Ramón, que sacó al arquero que lo venía salvando. Pero Barovero volvió como el de las primeras fechas y un manotazo fenomenal suyo impidió un gol de Argentinos que hubiese sido catastrófico.

El final quedaba escrito. Barovero, Chichizola, Orión, Sosa, Saja, Monetti, Nereo Fernández... Los siete arqueros del campeón.

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