Mandiyú, Racing y la selección: cómo le fue a Diego Maradona dirigiendo en la Argentina

Claudio Mauri
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5 de septiembre de 2019  • 16:21

Diego Maradona tampoco escapa a la regla general que indica que los directores técnicos duran poco en los clubes del fútbol argentino. Su carrera de entrenador empezó hace casi 25 años en nuestro país con un par de experiencias muy fugaces: estuvo dos meses en Mandiyú de Corrientes, en 1994, y otros cinco meses en Racing, en 1995. Sumando ambas campañas dirigió en 23 partidos, con tres triunfos, 12 empates y 8 derrotas. Una escuálida foja que no impidió que Julio Grondona lo eligiera en 2008 para su tercer trabajo en el país, nada menos que al frente del seleccionado argentino, en el que reemplazó a Alfio Basile durante las eliminatorias. La aventura terminó en el Mundial de Sudáfrica 2010 con la eliminación ante Alemania por 4-0 en los cuartos de final. Ahora el Maradona-entrenador sumará el cuarto capítulo en nuestras canchas, en un Gimnasia La Plata que está último en los Promedios, a once puntos de los dos primeros equipos que están salvando la categoría (Colón y Newell's).

Como tantas situaciones en la incomparable vida de Maradona, su carrera de director técnico no comenzó de manera convencional. Especialista en saltarse y alterar los tiempos, Diego se dedicó a entrenar y después volvió a ser futbolista para transitar un segundo ciclo en Boca con la camiseta N° 10 y retirarse en 1997 tras un superclásico en el Monumental.

Entre la cancha y la pesca en el Paraná

Mandiyú
Mandiyú Crédito: Twitter

Este desorden cronológico se explica en los pozos y abismos que soportó su carrera de futbolista entre tantas cúspides y cima alcanzadas. Cuando aceptó la propuesta de Mandiyú estaba cumpliendo la sanción de 15 meses por doping en el Mundial de los Estados Unidos 1994. De uno de sus tantos baches personales, en un momento en el que la prohibición para pisar las canchas de pantalón corto se combinaba con su adicción a las drogas, Maradona salió con lo que calificó "como un proyecto de vida". Eso era para él Mandiyú en aquel 1994. época de la primera presidencia de Carlos Menem, a quien respondía su amigo y diputado Roberto Cruz, que le había comprado el club a Eduardo Seferian. De esas peculiaridades también está hecha la vida de Maradona: dirigió en uno de los pocos clubes de primera división que estuvieron gerenciados, que no responden a la figura de asociación civil.

Con 34 años, Maradona llegó a Corrientes, la provincia natal de su padre, con Carlos Fren como ayudante de campo, función que ya había cumplido junto a Ricardo Bochini. Lo esperaba una misión similar a la actual: salvar del descenso a un equipo que con Pedro González -expuntero de River y San Lorenzo- había sumado dos puntos en cinco fechas, con una formación que tenía a Sergio Goycochea y al paraguayo Guido Alvarenga como individualidades más destacadas.

En su llegada al aeropuerto de Corrientes lo recibieron 500 hinchas. El lateral Jorge Martínez, con posteriores pasos por Independiente, River y Boca, recordaba que en las charlas con el plantel Maradona ya les confesaba que su sueño era dirigir a la selección argentina.

El día del debut ante Rosario Central

Diego Maradona dirigiendo en Mandiyu. Fuente: Fox Sports - Expediente Futbol

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Como no había hecho el curso de director técnico ni tenía el carnet habilitante, su debut con derrota por 2-1 ante Rosario Central lo vio desde la platea, agarrado al alambrado como un hincha más. "Me cansé más que en un partido con alargue de la selección", fue la descripción maradoniana de aquel día. Tres fechas más tarde le fue otorgada la habilitación para entrar en la cancha.

En las tardes que no había entrenamiento, Maradona salía a pescar dorados por el río Paraná, muchas veces acompañado por don Diego, "Chitoro", su padre. En el banco, muchas veces vestido con camisas de colores estridentes, se desgañitó y protestó sin poder encarrilar al equipo. A dos meses se haber asumido, el 6 de diciembre se fue con un saldo de un triunfo (3-0 a Gimnasia de Jujuy), seis empates y cinco derrotas. La economía tampoco funcionaba: Cruz no le pagaba el sueldo a él ni al plantel. En su autobiografía, Diego hizo autocrítica de su campaña en Mandiyú: "Fue chiquita". El club siguió en una pendiente: descendió al año siguiente, desapareció como club gerenciado y fue refundado como Textil Mandiyú.

Aplazo en la Academia

Racing Club.
Racing Club. Crédito: Twitter

Pero Maradona no estaría mucho tiempo desempleado como director técnico. Sería uno más de sus colegas que dejan un equipo y al poco tiempo tiempo desembarcan en otro. De Mandiyú se había despedido con una caída ante Racing, cuyo presidente Juan De Stéfano, de clara adhesión peronista, como Cruz y Cristina Kirchner -hincha del Lobo-, lo fue a buscar a principios de 1995. El proyecto era tan ambicioso que De Stéfano le tenía reservada la N° 10 de la Academia para cuando cumpliera la sanción. Fren se mantenía como su asistente y Eduardo Eurnekian, por entonces dueño de América TV, solventó parte de su contrato.

Disponía de un mejor plantel que en Corrientes. A sus órdenes estaban Claudio López, Fernando Quiroz, Ignacio González, Pablo Michelini, Marcelo Saralegui y Gustavo Costas. La pretemporada en Santa Teresita tuvo una gran repercusión mediática. Debutó en el Torneo de Verano de Mar del Plata con un 0-0 ante Independiente, cuya hinchada le pegaba a la de la Academia donde más le dolía, doce años después del descenso: "De la mano del Diego se van a la B". En el partido siguiente, derrota 3-1 contra River, el gol de Racing lo marcó Ricardo Alberto Ramírez, a quien Maradona, en un ejercicio de escasa clarividencia, había señalado como su sucesor.

Desafiante, como lo marca su estilo

Diego Maradona dirigiendo en Racing el clausura de 1997. Fuente: Fox Sports - Expediente Futbol

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En la competencia oficial, el panorama no mejoró. La floja campaña solo tuvo el destello del triunfo 1-0 sobre Boca para cortar una racha de 20 años sin triunfos en la Bombonera. Esa noche Maradona no estuvo en el banco, vio desde afuera el gol de media de distancia de Roberto Galarza. Sus ausencias a las prácticas y el pedido de una licencia alimentaban las especulaciones de sus problemas fuera de las canchas. Ejerció como técnico part-time, ya que solo estuvo en cinco de los 11 encuentros de su gestión.

A la falta de rumbo futbolístico se agregó el giro político en la Academia. Maradona había apoyado la reelección de De Stéfano, superado en los comicios por Osvaldo Otero. "Cualquiera se moriría por dirigir a Racing. Yo estoy orgulloso de hacerlo, pero soy un hombre de palabra", dijo en solidaridad con De Stefano el día de su despedida. Los resultados tampoco lo avalaban: dos victorias (además del 1-0 a Boca, otro 1-0 a Platense con un tanto del Piojo López), seis empates y tres derrotas. Interinamente lo reemplazó Héctor Jesús Martínez y Racing finalizó sexto, a 10 puntos del campeón San Lorenzo.

El chiche de la selección argentina

Fuente: AP

Trece años después de una desvaída e interrumpida trayectoria de entrenador en Mandiyú y Racing, Maradona se encontró con el premio mayor del seleccionado argentino. El equipo de Alfio Basile había perdido 1-0 en Santiago ante el Chile de Marcelo Bielsa por las eliminatorias. Crecían los trascendidos de una falta de sintonía entre el Coco y los más jóvenes de aquel plante: Messi, Agüero y Di María. Basile renunció con la sospecha de que algunos jugadores adherían a un plan de desestabilización que venía de afuera, en el que Maradona tenía que ver. Realidad o ficción, lo concreto fue que Diego reemplazó al Coco. Con ese movimiento, Grondona también daba cumplimiento al reclamo de que alguno de los campeones del mundo de 1986 tuviera una oportunidad en la conducción del seleccionado. Podría haber pensado en Nery Pumpido, que en 2002 había sido campeón de la Copa Libertadores con Olimpia. Pero el impacto mediático lo aseguraba Maradona.

Maradona debutó en un amistoso en Glasgow con una victoria 1-0 (gol de Maxi Rodríguez) sobre Escocia. Pronto, su gestión se caracterizó por partidos de preparación en nuestro país ante rivales menores que abrían las puertas de las convocatorias por primera vez a jugadores del medio local. Con Maradona debutaron, entre otros, el "Pulga" Luis Rodríguez, Néstor Ortigoza, Juan Mercier, Gabriel Mercado Maxi Moralez, Emiliano Papa, Matías Caruzzo, Jesús Dátolo, Eduardo Salvio, el "Bichi" Esteban Fuertes, Nicolás Otamendi, Mario Bolatti, Gonzalo Higuaín, Enzo Pérez, Diego Perotti, Rolando Schiavi, Rodrigo Braña y Javier Pastore. En total fueron 66 los jugadores que recibieron una primera citación. Justificadas algunas de ellas. Excesiva vidriera para otras tantas.

Al Mundial fundido en un abrazo con Bilardo

Maradona abrazando a Bilardo cuando estaba dirigiendo a la Seleccion Argentina Fuente:El Trece

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Para las eliminatorias, Maradona mantuvo al núcleo dura de Europa, mechado con algunos llamados locales. Por subestimar los efectos de la altura, en La Paz sufrió una de las peores derrotas de la historia del seleccionado con el 6-1 que le infligió Bolivia. La clasificación al Mundial corrió riesgo en la penúltima fecha, cuando Perú había empatado en el Monumental, hasta que apareció en el descuento la pierna salvadora de Martín Palermo. En medio de un diluvio, Maradona festejó barrenando de panza sobre el césped. No menos inolvidable es su emocionado abrazo con Carlos Bilardo (era el director general de los seleccionados) en el Centenario de Montevideo tras el 1-0 que selló el pasaje a Sudáfrica.

Sus ayudantes de campo eran el "Negro" Héctor Enrique y Alejandro Mancuso. En el Mundial, el seleccionado dependió más de las individualidades, del poder de fuego de los atacantes, que de un funcionamiento, de un orden colectivo. Pasó la etapa de grupos con tres triunfos, superó a México en octavos con un gol en off-side de Tevez y los desajustes que se entreveían en el equipo quedaron crudamente al desnudo en el 4-0 de Alemania que sonó como un cachetazo. Un medio-campo desmembrado, con Mascherano desbordado en su intento de tapar agujeros, le facilitó la goleada al conjunto Joachim Löw. A la vuelta a la Argentina, Maradona intentó aferrarse al cargo, pero Grondona le quitó el chiche que había roto. El Mundial también agrietó su relación con Juan Sebastián Verón, molesto cuando le quitó la titularidad con que había empezado y lo sentó en el banco. Las vueltas del destino hoy los tiene en veredas enfrentadas, las de Estudiantes y Gimnasia.

Su carrera de técnico siguió la ruta económica de los Emiratos Árabes Unidos y el ascenso mexicano. Hace poco había vuelto a la Argentina para operarse de su maltrecha rodilla, de la que se recupera mientras toma el desafío de sacar a un Gimnasia en terapia intensiva.

Entre Mandiyú, Racing y el seleccionado, Maradona dirigió 48 partidos, con 21 victorias, 12 empates y 15 derrotas; una eficacia del 52 por ciento.

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