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Sensaciones extrañas se desprenden ante cada palabra de Diego Maradona. Sus declaraciones no saben de tibieza. El seleccionador argentino se mostró enérgico y su enojo se tradujo en algunas risas que contenían aires de superioridad.
En su reaparición tras 10 días de estada en un spa en Italia, ensayó una postura amable y con cierta calma para responder ante cada consulta, pero detrás de las rejas del portón del predio de la AFA, en Ezeiza, el conductor del equipo argentino marcó territorio. Entendió que era necesario que quedara bien claro quién toma las determinaciones y se encargó de desmentir a quienes pusieron en tela de juicio su continuidad y su fortaleza al frente del equipo.
No es casual cuando Maradona enfrenta un micrófono. El entrenador tenía que aniquilar todas las versiones acerca de que Carlos Bilardo, el secretario técnico, y Julio Grondona, el presidente de la AFA, habían tomado determinaciones acerca de las convocatorias para los próximos partidos de la selección durante su ausencia.
"¿Imposiciones a mí? A mí nadie me impone un jugador. Es lo último que soportaría de alguien. Tengo 48 años y desde los 15 no me dejo imponer nada. Ni que me sugieran un jugador. La lista la traje yo. Y la de mañana (por hoy) la doy yo. Grondona, Bilardo, Mancu y Lemme (sus colaboradores) no saben los que se quedan afuera. Los escucho a todos, pero la última decisión la tomo yo. No hay otro que pueda decidir un jugador que no sea yo. Por eso me hago cargo de las cosas cuando salen mal."
Cuando se lo consultó acerca de los trascendidos de que su desempeño estaba bajo la lupa, Maradona respondió con un gesto burlón: "¿Especulaciones...? ¿Qué te puedo decir? Esto que hice ahora (viajar a Italia) lo tenía que haber hecho en diciembre, pero fui a ver a los jugadores a Europa. Yo tengo contrato hasta 2011, lo que hice ahora es por mi salud. Insisto, lo tendría que haber hecho en diciembre, pero me fui a ver a los jugadores".
Lo curioso del caso es que la situación dentro del predio cambió radicalmente con el desembarco del técnico. El hermetismo se apoderó del búnker del seleccionado nacional y su fastidio resultó evidente cuando se encontró con sus colaboradores. Incluso, Julio Grondona estuvo en el lugar y charló con Maradona.
"Vino a saludar Julio. El puede venir todos los días. Es dueño de venir cuando él quiera. ¿No lo vieron? Tiene que haber salido por otro portón", ironizó.
Buscó que su imagen no se viera alterada. No quería que se advierta ninguna grieta en su proyecto. Incluso, fue enérgico para transmitir seguridad en sus palabras. "Estoy tranquilo. Habrá que hablar mucho con los muchachos, decirles en la cara que no estamos haciendo lo que nos propusimos y necesita esta camiseta, habrá que refrescarlo. Tenemos muchas posibilidades y vamos a aferrarnos a ellas", dijo Maradona.
Dentro de su postura desafiante y hasta por momentos arrogante, evitó dar precisiones acerca de los jugadores que integrarán la nómina que dará hoy para los duelos con Perú y Uruguay, en la definición de las eliminatorias. Se limitó a hacer una pequeña evaluación de lo que cree de los futbolistas que actúan en el fútbol europeo y habitualmente están en sus citaciones: "En algún momento van a dar lo que tienen. Ellos se mueren por demostrar lo mismo que hacen en sus clubes en la Argentina".
Rápido, atento y con la clara intención de enviar los mensajes que entendió debía dar en este momento de tanta incertidumbre, Diego Maradona regresó a la Argentina con la idea de imponer sus condiciones, al menos, eso se traduce de sus palabras.



