Marcelo Gallardo: "Líder por naturaleza y convicción", por Enzo Francescoli

Gallardo, el DT del 2015
Gallardo, el DT del 2015 Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Un ídolo de River está detrás del logro de haber conseguido la Libertadores tras 19 años; otro destaca sus condiciones como parte de una nueva generación
Enzo Francescoli
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30 de diciembre de 2015  • 07:25

Lo dije apenas consiguió el primer título: cuando jugábamos, no le veía condiciones para que fuera entrenador. No le veía pasta. Afortunadamente, me desmintió. Mi intuición me sugirió que podía serlo –y muy bueno– durante algunas charlas que mantuvimos cuando él dirigía Nacional de Uruguay. Me lo crucé en un puente aéreo Buenos Aires–Montevideo, conversamos en un restaurante y lo observé muy enganchado en la función. Me dijo que desde hacía algunos años veía el fútbol desde otra perspectiva. Cuando lo recomendé al club, después de la convulsión que provocó la salida de Ramón [Díaz], dije que era un gran tipo, una persona muy derecha, un excelente profesional que había defendido la camiseta, conocía el club y sabía cómo debía jugar con ese plantel. Él me agradeció la sinceridad: apenas nos sentamos a conversar, le dije que no era el primer director técnico con el que me reunía; antes había mantenido un contacto con Gerardo Martino.

Es un entrenador de fútbol, pero sobre todo un líder con el que se puede hablar. El liderazgo no lo maneja con gritos ni amiguismos. Es su modo de conducir, de trabajar y de convencer desde la idea. Es muy sencillo, tiene un mensaje muy claro, y con el jugador tiene una ida y vuelta constante. Lo respeta y trata de entender su cabeza, porque él también fue futbolista y no todos piensan de manera parecida. Es un técnico que se preocupa por el jugador, siempre trata de averiguar lo que le pasa. Tiene sentido común y es muy perspicaz en la toma de decisiones. Los aciertos fueron todos suyos, desde la elección de los jugadores, que fueron claves en cada uno de los títulos que se consiguieron en este tiempo, hasta los movimientos o la reconstrucción que impuso a la estructura para que siguiera siendo competitiva y exitosa. No es fácil sostenerse en el tiempo entre los mejores, mucho menos ser ganador. Y Gallardo impuso como algo natural una cosa que es difícil de llevar adelante: ganar, y que los logros se transfiriesen a un proyecto de crecimiento global del club. Para él ir por más no es sólo un deseo: es además una forma de vivir y de sentir.

También es un inconformista. Alguna vez, después de un triunfo, entré al vestuario para felicitarlo. Estaba sentado con una computadora sobre las piernas. Me miró y me dijo: "Estoy revisando el video del partido, porque hay un par de salidas desde el fondo que hicimos mal". Puro Gallardo. Va en camino de ser uno de los mejores técnicos y no únicamente de la historia de River. Quiere ir por más, y eso no deja de sorprender.

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