Mauricio Pochettino, entre el Máster de empresas y el dulce de leche

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Pochettino protagonizó una campaña formidable de los Hotspurs en la Champions
Pochettino protagonizó una campaña formidable de los Hotspurs en la Champions Fuente: Reuters
(0)
8 de mayo de 2019  • 19:59

Desde su casa en Barnet, al norte de Londres, a una hora de Piccadilly Circus, compra la yerba por Internet. Como el dulce de leche, aunque a los 47 años Mauricio Pochettino trata de racionalizarlo porque los kilos... Tampoco faltan los asados, aunque espaciados porque el clima londinense juega en contra. Lee los diarios argentinos cada dos o tres días…, y ve fútbol argentino de manera aislada porque nadie lo pasa en directo en Inglaterra. El contacto sí se vuelve más natural cuando viaja a España y se aloja en su casa de Barcelona. Ese hombre que se escapa del ruido ahora tiembla, llora. Cuando Europa lo enfoca, lo primero que se le ocurre es depositar todos los méritos en sus jugadores. Ellos son los superhéroes de Tottenham Hotspur , jura y se estremece. Pero el entrenador argentino del momento se escapa de los modelos y abre otra dimensión.

Primero, estudió. Después de despedir al futbolista, hizo un Máster en gestión de empresas. Él se lo confió a LA NACION: "Cuando los futbolistas estamos en la burbuja pensamos que sabemos todo. Esa soberbia nos hace ignorantes, y lo digo con respeto porque yo me sentía así. Cuando jugás crees que podés ser mejor entrenador que tu entrenador, no tiene límites tu soberbia. Pero después llega la cruda realidad. Yo cuando terminé de jugar tuve la curiosidad de ver el mundo real y decidí meterme en una escuela de negocios y comportarme como un chico becado más, como los que venían de Brasil, de México o eran de Cataluña. Viví un año maravilloso yendo a clases, preparando trabajos y estudiando con gente normal. La relación con gente diferente a la que yo había conocido en los últimos 20 años me ayudó a comprender mejor a la sociedad". A descubrirla, también.

Cuando volvió al fútbol, comenzó entrenando a los equipos femeninos del Espanyol. Empezó sin prejuicios ni pretensiones. Hasta que llegó la oportunidad: lo presentaron un martes de enero de 2009 como entrenador de la primera de Espanyol y debutó al día siguiente… contra el Barcelona de Messi, Iniesta, Xavi, Eto’o... Empató 0-0. ¿Cuánto cambió desde entonces? "Mucho. Y espero seguir cambiando. El día que no evolucione tendré que dejar esta profesión. El entrenador debe estar abierto y atento a todo para no estancarse. Si creés que sabés todo, que llegaste, tenés que ir a comentar fútbol a la televisión".

Pochettino tiene una sensibilidad especial. Descree de la fama, se cuida de la exposición. "Eres una persona pública y la gente demanda cosas de ti, lo sé. Pero me siento cómodo dando lo mínimo, que es lo que naturalmente siento que debo dar. Yo sé que puedo venderme mejor, ir a miles de lugares, abrir un Twitter, subir las fotitos, pero me parece algo muy frívolo y superficial; ahora, respeto que otro lo haga. No necesito vender nada ni que la gente me muestre cariño para sentirme bien. No necesito miles de seguidores en Twitter para ser feliz. No, no, no necesito de ese alimento. Prefiero el reconocimiento profesional antes que el populismo y ser el simpático que vende algo...", advierte, y muestra sus credenciales.

Que evite las entrevistas no lo retrata desconfiado ni evasivo. No está contaminado, entonces las respuestas llevan la riqueza de la autenticidad. Asume la mecánica pregunta/respuesta con la naturalidad del que no necesita estafar a nadie. Está convencido de que primero debe atrapar a las personas antes de convencer a los futbolistas. "Hoy el líder humano es el líder que triunfa", le repite a LA NACION. "El objetivo es ganar títulos. Pero, ¿de qué manera? El éxito radica en no usar a los futbolistas como un sofá o un televisor", acaba de responderle al diario El País.

Hoy Pochettino no sabe muy bien si es de aquí, de allá… Bromea. Se le escabullen varios giros bien españoles, pero nunca le falta el mate. "... Bueno, creo que no soy de ningún lado ahora. Tengo pasaporte español, pero para los españoles soy argentino... Ellos dicen el Tottenham del argentino Pochettino, no dicen del español Pochettino. Y en Argentina dicen el Tottenham de Lamela, no de Pochettino. Bueno..., tampoco me interesa. No es algo que no me deje dormir…"

Se marchó del país hace 25 años. Se fue a España en 1994, con su señora embaraza de dos meses. Hablaban por teléfono cada 10 días desde una cabina… "A 13.000 km de distancia fue difícil, pero a la vez nos hizo madurar y entender que esta, nosotros cuatro, era nuestra real familia", cuenta. Padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos de Mauricio… viven en Murphy. Karina es su compañera de siempre. Misionera..., aunque nació en Zárate. Cuando Mauricio dice que son cuatro, se refiere a sus hijos. Dos varones, catalanes ellos. "Me ayudan muchos a evolucionar y a entender", celebra. Sebastiano, de 24 años, se recibió de preparador físico y está trabajando en Tottenham. Maurizio [sí, con z], de 18, delantero. "No me salió defensa, mejor, así disfruta del fútbol", bromea el padre.

En la Navidad de 2012 estuvo por última vez en Murphy. Desde entonces, no volvió a su pueblo santafecino. Sí, fugazmente a la Argentina, en noviembre de 2016, cuando brindó una charla en Lago Escondido para entrenadores de la zona y lugareños. El millonario inglés Joe Lewis, el empresario dueño de Lago Escondido, es accionario del Tottenham y lo invitó a pasar unos días en el Sur.

Hincha de Racing por herencia paterna, luego se encariñó con Newell´s. Si de padres se trata, tiene dos: "Marcelo es como un padre, mi segundo padre. Porque mi relación con él comenzó cuando yo tenía 12 años. Todas mis palabras van a ser positivas para él". La leyenda cuenta que un día Marcelo Bielsa le dijo a Pochettino que era "una mierda como defensor". Lo estaba aguijoneando, lo desafiaba a seguir creciendo. Vaya si lo valoraría el entrenador que lo llevó a la primera de Newell’s con 20 años, compartieron un título en el Parque en 1992 y diez años después sufrieron juntos el Mundial en Japón.

Cuando Pochettino llegó a Inglaterra en enero de 2013, a Southampton, no sabía una palabra en inglés. "El día antes de viajar, mi señora y mis hijos me hicieron una lista: cómo se dice portería, árbitros, pelota, pase… y con eso me largue. Un inconsciente absoluto. Después me di cuenta de las estupideces que decía… Todavía me cuesta y tengo que seguir mejorando…" Superarse es su desafío, y en el intento está a un paso de la cima de Europa. "To dare is to do", está pintado en la futurista ciudad deportiva de Tottemham Hotspur, en el municipio londinense de Enfield. "Atreverte es lograrlo", reza. ¿Casualidad? La frase no puede resumir mejor el espíritu de Mauricio Pochettino.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.