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MUNICH.- Sergio Romero tiene el pelo mucho más largo que cuando empezó a dar sus primeros pasos internacionales, allá por enero de 2007, cuando Hugo Tocalli lo convocó para disputar el Sudamericano Sub 20 de Paraguay, pero su perfil humilde es el mismo. La esencia no se modificó, por más que en su currículum, además de aquel subcampeonato, haya sumado el Mundial de la categoría en Canadá y, un año después, la vuelta olímpica en los Juegos Olímpicos de Pekín. No sólo eso: en un puesto que sufrió modificaciones, Diego Maradona lo eligió y tiene casi asegurada la titularidad en Sudáfrica. "Ojalá que Yazmin Tatiana no sólo venga con un pan, sino con un kilo de pan bajo el brazo", cuenta el guardameta de AZ Alkmaar en referencia a su hija, que nació hace 15 días. La nombra y se le iluminan los ojos.
"Soy una persona feliz", confiesa a LA NACION en la habitación 604 del hotel Mandarin Oriental. Romero no es de aquellos jugadores que se preocupan por cumplir con el entrenamiento y escapar a jugar a la PlayStation. Al contrario, busca perfeccionarse y mira muchísimo fútbol. "Me vi toda la Copa Africa, como en su momento fue la Eurocopa. Tengo un cable con el satélite de la TV española y me gusta observar lo que sucede con las mejores ligas, en España, Italia, Alemania", explica el ex Racing. Y lo cierto es que hasta el fútbol ruso mira. Por eso luego del triunfo ante Alemania y de confirmar su personalidad en el arco argentino, se anima a afirmar: "Estamos a la altura de cualquier selección. Argentina tiene un poderío increíble y, cuando llegue la hora de la verdad, todos realmente van a ver lo que quisieron ver en las eliminatorias. En el Mundial se verá el juego lindo que todos quieren ver".
-De los Juegos de China, donde Maradona te conoció y te pateaba en los entrenamientos, pasaron dos años, pero para vos fueron muchos más ¿no?
-Sí. Diego me vio jugar y de cerca en Pekín, y que hoy confíe en mí quiere decir que en ese momento las cosas salieron bien, tanto en un entrenamiento o cuando me veía desde la tribuna. Eso fue positivo para que hoy esté acá. Si bien a ese torneo yo fui como suplente, lo que le pasó a Oscar Ustari (rotura de ligamentos de la rodilla izquierda) no se lo deseo a nadie. Fue algo feo para todos nosotros, aunque él fue partícipe y después le pudimos dedicar el triunfo.
-¿Qué sentiste cuando te pateó por primera vez?
-¿Qué sentí? ¡Me temblaban las piernas! Primero decía "¿la dejo pasar o no?", pero a la primera que me pateó la rechacé y me dijo: "No, así no. La tenés que agarrar". Horas antes de jugar la final con Nigeria me estaba entrenando el mejor jugador del mundo. Si le podía agarrar la pelota a él, al otro día también lo iba a poder hacer.
-Aquel día que te pusieron la medalla de oro, dijiste "esto es lo máximo", pero no sabías que lo podrías llegar a superar con un Mundial.
-Sí, nunca lo pensé. Cuando salimos campeones en el Mundial Sub 20, en Canadá, pensé que era lo máximo. Después me tocó estar en la lista de los Juegos Olímpicos, jugar los últimos cuatro partidos y salir campeón; más tarde fui citado por Alfio Basile a la mayor. Todos momentos que uno dice: "Son increíbles". Y ahora estamos a las puertas de una lista para un Mundial que sería otro sueño hecho realidad.
-Y tocó asumir en un puesto donde antes estaban Carrizo, Andújar? ¿Eso fue una presión extra para vos?
-No es una presión estar en el arco argentino, es un orgullo. Me preguntan si no me da miedo atajar en la selección y más cuando el técnico rota mucho a los arqueros, que los va cambiando? Y yo siempre dije que no. Desde que me dediqué a jugar a la pelota el sueño siempre fue atajar. Nunca me gustó estar sentado en el banco. Me ha tocado en Racing un montón de partidos; en Holanda cuando volví del Mundial Sub 20; también en la selección. Por eso cuando tengo la oportunidad, trato de estar siempre adentro. Me esfuerzo todos los días para que Diego diga "mi arquero es Romero", para que cuando llegue el día del partido pueda jugar.
-¿Cómo es ser el N° 1 de la selección?
-Siento que trabajo y me esfuerzo. Y eso es valorado por el técnico cuando viene y dice: "Atajás vos". Pero igual yo siempre dejo todo. Lo mismo hicieron Carrizo, Andújar, Pozo, Campestrini, Ibáñez, todos los chicos que estuvieron. Primero lo puso a Carrizo, después a Andújar. Para mí, los tres cumplimos en los momentos que tuvimos. Carrizo quizá tuvo la mala suerte que le tocó atajar en Bolivia (1-6). Por ahí me hubiera tocado a mí, pero yo no pude viajar porque tenía la mano rota. Pero los tres demostramos en distintos momentos que podíamos atajar.
-Pero a vos nadie te discute...
-Yo estoy contento, pero no debo conformarme. Desde que el Pato Fillol me subió a la primera de Racing, en 2004, siempre la luché. Siempre tuve grandes profesionales, como Cuenca, Lucchetti, Pezutti, el Mono Ruiz, que muchos no lo conocen pero fue importante en mi vida. Entre Campagnuolo y Cuenca me pinchaban siempre para apoyarme y en 2006 me dijeron: "Negro, ya estás listo para atajar". Y yo les decía "paren, que tengo 20 años recién". Ellos insistían: "Estás listo. Es el momento para que atajes. Lamentablemente tenés a un tipo de 33 años y otro de 32 que están delante tuyo, pero cuando te toque vas a demostrar lo que sos".
-De aquel Sudamericano en Paraguay 2007, ¿qué sentís que ganaste?
-Experiencia y tranquilidad.
-¿Qué cosas se tienen que dar para ganar un Mundial?
-Primero, estar bien todo el grupo y que los 23 jugadores den el ciento por ciento. Y, después, también te tiene que acompañar la suerte.
-Si los delanteros siguen con este promedio de gol en sus clubes vas a estar más tranquilo...
-Si ellos siguen así, para nosotros será algo muy positivo. Igual, después tenemos que colaborar entre la defensa y el medio para mantener el arco en cero. En un Mundial se achica el margen de error.
-El Grupo B, a priori, es accesible.
-No, para nosotros no es accesible. Es un grupo fuerte. Está Nigeria, uno de los poderosos de Africa; Grecia, que tiene un gran potencial, y Corea, que está creciendo. Hay que trabajar para pasar. Son todos fuertes porque ya no se ve en Europa al jugador chiquito de 1m60, 1m65; ahora son de 1m70 para arriba, pero que con la pelota saben también.
-De diez penales, ¿cuántos le atajás a Messi?
-Ninguno. El enano es un monstruo. Si bien ya demostró todo lo que es, falta que todavía nos tape los ojos. Hoy por hoy, a cualquier lado que vaya me dicen: "Ah, ¿argentino? ¡Maradona!". Dentro de un par de años van a decir: "Ah, ¿argentino? ¡Messi!". Leo va a seguir explotando. Creo que es un volcán en erupción.
"Jugué una vez con la pelota que se va a usar en el Mundial, en un partido con Ajax, en enero pasado. Se la nota un poco rara; por ahí, a último momento siempre tiende a irse a uno de los costados. Nunca va directo. Pero como todo, hay que acostumbrarse. Tu entrenador de arqueros te patea 200 pelotas por día. Con tantos pelotazos, de una manera u otra, te vas a terminar acostumbrando. ¿Si estamos más expuestos? No, yo creo que si lo hacen es por algo. Quieren más goles o emociones. Y siempre que sume es positivo. Después queda en nosotros acomodarnos a las nuevas reglas", explicó Romero, lejos del manuel de excusas.
Romero entiende el holandés, aunque la que mejor se desenvuelve es Eliana, su mujer: "Es un idioma difícil, seco, porque se usa mucho la garganta para hablar. Es muy trabado, pero se vive con una tranquilidad, con una paz? Soy una persona feliz. Yo me casé en octubre de 2008 y fue justo ahí que tuve la racha de 900 minutos sin recibir goles en el AZ Alkmaar", cuenta.
-¿Los 900 minutos invicto te dieron más confianza para la selección?
-Sí. Yo soy agradecido a todos los DT, pero Van Gaal a mí me dio una mano enorme. Me dijo: "Mirá que nosotros no sólo necesitamos un arquero. Necesitamos un jugador de campo. Tenés que ser nuestro jugador N° 11. Sos libre: si vos necesitás patear una pelota a la tribuna, hacelo. Pero si necesitás ponerle la pelota en el pecho al 9, también". Todo eso te da la tranquilidad que un arquero necesita. Si un arquero no está tranquilo, no rinde al 100%.
-¿Es cierto que Van Gaal sueña con dirigir a Boca porque quiere ser el primer DT en ganar la Champions League y la Copa Libertadores?
-Sí, es cierto. Van Gaal quiere dirigir a Boca para ganar la Libertadores. El siempre habla de eso. Ahora en Bayern Munich a Demichelis también se lo dijo. Y cuando firma los contratos con los clubes siempre pone la cláusula que si lo llaman para dirigir cuatro selecciones puede romper su contrato e irse. Las selecciones son Argentina, Alemania, Inglaterra y Holanda. Yo le decía: "Boca es el mejor club de la Argentina, pero no tenés la seguridad que tenés acá en Holanda. Vos acá sos Van Gaal y podés caminar por la calle con tu señora. En la Argentina no es igual". "No importa", me decía él: "Mi sueño es dirigir a Boca o la Argentina". Son sueños... ¿no? A mí me gustaría jugar en Manchester United o Barcelona.
