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Por Martín Castilla
Enviado especial
JOHANNESBURGO.- Se marchó del campo de juego insultándose a sí mismo. Con mucha bronca. Contenerla y ocultarla resultó imposible. Lo demostró apenas ingresó en el vestuario argentino en el entretiempo. El zaguero de Justiniano Posse, del sur de Córdoba, tenía motivos para golpear de la manera que lo hizo el banco donde iba a sentarse en esos 15 minutos del descanso. La escena silenció por unos segundos el recinto, pero enseguida surgió la arenga fuerte de Diego Maradona para despejar los malos aires que dejó el único tanto de Corea del Sur, que fue consecuencia de un exceso de confianza de Martín Demichelis.
La explicación, disfrazada como disculpas, se escucha de la voz del propio protagonista: "Con ese error, me gané las puteadas de 40 millones de argentinos, pero en el entretiempo me apoyaron los 22 jugadores y el cuerpo técnico. Me dijeron que siguiera jugando con confianza, sin miedo, que ellos me respaldaban. Que siguiera como en el primer tiempo, que no revoleara la pelota. Creo que más allá del error, hice un buen partido. Por eso el abrazo del final con Diego... Fue un desahogo personal".
En el último suspiro del primer tiempo, Demichelis realizó un movimiento errático que le costó la caída a la valla defendida por Sergio Romero. En una pelota sin mayores problemas, cerró para adentro y nada menos que para el lugar donde venía Cheng Young Lee, el autor del tanto coreano. Se complicó solo, aun cuando tenía opciones más sencillas para elegir: por ejemplo, dársela a Romero, tocarla para Burdisso o simplemente despejarla a un costado. Sobredimensionó sus recursos y puso en riesgo algunas de las virtudes que había mostrado el equipo hasta ese momento. Lo que era un camino sencillo se inclinó a un escenario susceptible de ser arrastrado por cualquier corriente negativa.
La imagen actual de Demichelis resulta lejana de la que consiguió, y consolidó, durante el ciclo de Alfio Basile en el puesto que dejó vacante el alejamiento de Roberto Ayala. Con Diego Maradona mantuvo el protagonismo y llegó a Sudáfrica como uno de los indiscutidos de la nómina definitiva. La garra y la entrega son irreprochables. Sin embargo, ser el sostén y guía de la última línea requiere un mayor control de los movimientos y de los tiempos. En los dos partidos que disputó en el Mundial tuvo un bajo rendimiento, con decisiones desacertadas en los despejes y salidas lejos de su posición que dejan el callejón abierto a su espalda. "Me da bronca el error -agregó el jugador de Bayern Munich- porque había hecho un buen primer tiempo. Pero bueno, en el fútbol a veces pasan estas cosas. La primera pelota que perdí terminó en gol. No fue por confiarme, fue porque no lo vi. Romero y Jonás me dijeron que me gritaron para avisarme, pero por el ruido de las vuvuzelas no escuché absolutamente nada."
Las vuvuzelas, esas trompetas plásticas que fascinan a los sudafricanos, fueron el denominador común en los jugadores argentinos a la hora de referirse al error de Demichelis. En el Soccer City, como en todas las otras sedes, un grito atronador, sincronizado, hipnótico, se extendió por todo el interior de la "Calabaza" como reguero de euforia. Y lo que hasta ayer era una curiosidad para los oídos argentinos ahora se transformó en un problema. "No se podía oír nada. Por eso la jugada de Micho, que le gritan de todos lados y no escucha que venía un rival. Yo tuve también un par de pelotas que perdí igual, no se escucha nada por las vuvuzelas", protestó Lionel Messi. "Suenan muy fuerte y te rompen el oído", continuó Romero. "Con el ruido de la trompeta es muy difícil hablarse con los compañeros dentro de la cancha. Tenés que gritar y se te va el aire. Te cansás más", opinó el delantero Carlos Tevez. "Con el ruido que hay es imposible escucharnos y mientras la FIFA no tome una determinación va a seguir pasando", sentenció el capitán del equipo argentino, Javier Mascherano.
Al salir los equipos, las vuvuzelas hacen un "vuuu" multiplicador, repetido por minutos hasta el final. Existen leves cambios de tono a lo largo del juego. Responden a distintas circunstancias: con más o menos melodía, más sostenida y estridente según las acciones del partido. Es cierto. Pero resulta extraño vincularlo a moverse con más o menos presencia o más o menos firmeza frente a los delanteros rivales. Es una cuestión de equilibrio.


