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Se termina el tiempo de los sueños y los nervios previos. El clásico apremia. La cercanía con el debut también. Se emprende el camino hacia el campo de juego. Nunca es tarde para una última recomendación. Para Lucas Molina, de 19 años, no se trataba de un partido más. Era su debut como titular y tenía que ponerle el pecho a un escenario difícil: enfrentar a Boca, el puntero, y en un arco caliente, como el de Independiente, que arrastraba cinco derrotas consecutivas.
"Entré muy nervioso. Estaría mintiendo si les dijera que estaba tranquilo. Traté de no demostrarlo para que mis compañeros no se sientan presionados por mi debut", confiesa el arquero surgido de los campitos de Berazategui. Por esas coincidencias del destino, Molina jugó su primer partido en Reserva también en la Bombonera. Fue el 24 de abril de 2001. "Ese día jugué un buen partido -rememora-. Me acuerdo que Oscar Córdoba, que venía de una lesión, jugó enfrente mío y me felicitó. No lo podía creer, justo él que era uno de mis ejemplos en el puesto."
Si no fuera por los antecedentes se podría decir que quien defendió el arco de Independiente fue un futbolista con años de experiencia. Sin embargo, se trata de un juvenil que, de apuros tuvo que ingresar el jueves último, frente a Vélez, a los 28 minutos del primer tiempo, por una lesión de Damián Albil, también del club. La controvertida salida del técnico Oscar Ruggeri precipitó el alejamiento de Luis Islas y les abrió paso a los arqueros de las inferiores. "El puesto es de Damián. Eso hay que respetarlo. Lo único que yo tengo que hacer es trabajar, trabajar y trabajar para estar diez puntos cuando me toca ingresar", dijo Molina.
El juvenil de Independiente atajó en el Sub 17 que participó del Mundial de Trinidad y Tobago 2001, fue suplente en el Sudamericano Sub 20 conseguido en enero último en Uruguay, pero quedó fuera de la lista original para el Mundial de los Emiratos Arabes. Sus referentes en el puesto son varios, pero destaca a Navarro Montoya y Oscar Córdoba por encima de todos. Ayer, silenció varios gritos de gol de Boca. Fue felicitado por su técnico, Osvaldo Sosa, y también por Carlos Bianchi.
Pisó fuerte en la Bombonera. Fue figura con contenciones de todo tipo y muchas veces sin dar rebotes. Y para redondear una actuación perfecta, su voz fue un sostén para la defensa.
"Me gusta ser protagonista del partido. Soy un charlatán, lo reconozco. Me gusta ordenar a mis compañeros. Si los ordenás bien atajás más cómodo. También me gusta pegarle a la pelota. En las inferiores hice varios goles de penal". El arco de Independiente tiene quien lo defienda.
El DT Osvaldo Sosa suele retirarse con alguna recompensa de la Bombonera, un estadio en el que pocos obtienen algún punto. Al menos ese análisis surge de las estadísticas: como entrenador, Sosa visitó a Boca en 13 ocasiones, con dos triunfos, cinco empates y seis derrotas. Pero la igualdad de ayer fue especial por la crítica actualidad con la que enfrentó el clásico Independiente, con cinco derrotas consecutivas a cuestas.
"Necesitábamos un partido así para demostrar que estamos en condiciones de pelear a lo grande. Los jugadores hicieron un esfuerzo enorme; eso me llena de satisfacción. Poco a poco seguiremos mejorando", comentó Sosa.
El técnico del equipo de Avellaneda realizó un análisis futbolístico. "Hicimos un buen primer tiempo y controlamos a Boca. Sólo nos faltó alguna llegada más... En la segunda etapa tuvimos buenos contraataques, aunque llegamos cansados al área. Por momentos se veía como un partido de rugby, con cinco o seis jugadores que llegaban al ataque, pero sin la precisión necesaria para definir", opinó.

