Mourinho, contra todos: ya no provoca para sacar ventaja del rival y ahora reparte culpas porque no para de perder
Comprometido en la Champions y lejos en el campeonato, su Benfica naufraga con su versión más irritante
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José Mourinho, uno de los entrenadores más influyentes de la historia del fútbol, va a cumplir 63 años este lunes. En nuestro país, la vida laboral suele acabarse dos temporadas más tarde, cuando llega el momento de la jubilación.
El portugués, sin embargo, se mantiene vigente: se parece a un adolescente ciertamente arrogante (lo ganó todo) con aires juveniles y desfachatados. Es el mismo de siempre, en realidad: el ganador de dos Champions, tres Premier Leagues y 26 títulos en la suma total y de todos los colores juega con fuego, como cuando empezó su carrera como entrenador, 26 años atrás. El problema, en realidad, es otro.
No para de perder.

Luego de una deslucida campaña en Fenerbahçe, en Turquía, volvió a Benfica, el prólogo de una carrera tan volcánica como extraordinaria.
En el equipo en el que son referentes Nicolás Otamendi y Enzo Barrenechea y Gianluca Prestianni entran y salen, el entrenador que convirtió el cerrojo en una obra de arte, no la pasa nada bien. En la Champions League, apenas consiguió 6 de 21 puntos y está en el puesto 29, al borde de la eliminación: el siguiente rival es Real Madrid, el rey de esa competencia.
En la liga local está tercero, a diez puntos de Porto, el líder. De los últimos cinco partidos en todas las competencias, perdió tres. Y algo más: quedó eliminado de la Copa de la Liga.
En la antesala del 0-2 con Juventus, en Turín, con un equipo abrumado espiritualmente, tomó nota de algunos supuestos elogios de Luciano Spalletti, hoy técnico del gigante italiano. Se dio el siguiente intercambio.
“Con José Mourinho nos dijimos algunas cosas, más él que yo porque en ese rubro siempre gana él, pero aprendimos a querernos y será un placer reencontrarlo”, afirmó Spalletti, antes del duelo con el Benfica del portugués, con quien en otras épocas se sacaron chispas. “Hablamos por teléfono varias veces, pero hace tiempo que no nos vemos. Si está ‘Mou’, el volumen del fútbol se eleva. Es un orgullo enfrentarlo”, agregó.
La respuesta del “Special One” fue tan divertida como filosa: “Cuando yo dirijo, se alza el volumen, pero de los silbidos”.

Después de otra derrota y con su habitual ironía, el hombre de pelo canoso, barba prolija y que suele tener cierta debilidad con los jugadores argentinos, lanzó el dardo que ocupó algunas portadas internacionales: “Me sorprende que los mejores clubes del mundo estén dirigidos por entrenadores sin historia. En cambio, cuando pienso en Allegri en el Milan, Gasperini en la Roma o Spalletti en la Juve, nunca me sorprende”, sostuvo.
Según los especialistas, el veterano conductor seguramente apuntó a Alvaro Arbeloa, flamente entrenador de Real Madrid o a Cristian Chivu, conductor de Inter. Días atrás, maltrató a sus jugadores por una derrota en el ámbito local, antes había disparado contra la dirigencia por no traer refuerzos y hasta le había agarrado la nariz a un DT rival en abril de 2025.
Estos desatinos, estas locuras, resaltan la peor versión de Mou: su último título fue la Conference League con Roma, el 25 de mayo de 2022, que provocó una pequeña gran revolución a la italiana. Para el anterior, hay que viajar en el túnel del tiempo: en 2017 obtuvo la Europa League con Manchester United. El otro lado de la luna de Mou es, justamente, el desprecio a la derrota.
En sus comienzos, el entrenador siempre fue (lo sigue siendo) polémico, soberbio y colosal: absorbía la presión y ganaba, ganaba, ganaba. El juego de la provocación solía acabar en una vuelta olímpica. Ahora, busca culpables.
“Antes se creía que quien más ganaba era el mejor, pero ya no es así. Ahora, quien crea mejores percepciones es el mejor. Hay entrenadores que prueban cosas que no funcionan y fracasan, pero dicen: ‘He muerto con mi idea’. Si mueres con tu idea, eres un estúpido”, advierte, de lengua filosa y siempre con sustancia en sus pensamientos.
Luego de la derrota doméstica frente al débil Braga por 3 a 1 que provocó la eliminación en el segundo torneo de interés luso, Mou tomó nota de la situación y disparó de modo interno: “Esta noche vamos al campo de entrenamiento y dormimos ahí, no en casa. Espero que los jugadores puedan dormir tan bien como yo, que va a ser nada”.
Y llegó a decir frases que en otro ámbito hubieran significado su rápida salida. “Tuvimos un monólogo con los jugadores porque ellos no estaban en condiciones de conversar. Hubo rendimientos individuales muy muy bajos, inaceptables”, contó el entrenador, que justamente fue despedido de Fenerbahçe en agosto pasado, después de quedar eliminado de la Champions League, en una derrota por 1 a 0 ante... el Benfica.
“El club no hizo ningún esfuerzo extra en el mercado”, había apuntado en su momento. En Turquía se peleó con todos: con colegas, rivales, árbitros y autoridades. La sutil sonrisa que alguna vez regaló en público quedó definitivamente archivada.
Su peor etapa, tal vez, fue en abril del año pasado, cuando fue sancionado por tres fechas y 7000 euros después de haber agarrado de la nariz al técnico de Galatasaray, Okan Buruk, luego de una derrota por 2-1, que provocó la eliminación de la Copa de Turquía.
Entre Buruk y Mourinho ya existía un enfrentamiento mediático, pero el portugués escaló la situación al agredirlo físicamente. En su momento, The Special One ya había sido fuertemente criticado por algunos comentarios calificados como xenófobos al referirse a la liga local: “Es demasiado oscura, demasiado gris, huele mal”.
Meses atrás, no dejó pasar por alto la actitud de uno de sus dirigidos, a quien lo expuso públicamente. Se trató de Allan Saint-Maximin. Mou hizo alusión a unas publicaciones de redes sociales que hizo el atacante y se refirió a ellas con ironía.
Simplesmente José Mourinho dando um beliscão no nariz do Okan Buruk, técnico do Galatasaray 😂 pic.twitter.com/4gyDaBeJpc
— Diário Stores (@diariostores) April 2, 2025
Fenerbahce venía de días complicados tras la dura eliminación en los octavos de final de la Europa League por penales ante Rangers de Escocia y ese domingo empató 0 a 0 contra Samsunspor, por la fecha 29 de la Superliga de Turquía. Este resultado no le permitió acercarse al líder Galatasaray.
Tras el partido, Mourinho se refirió a la faz ofensiva del equipo y en ese momento recordó la gran cantidad de oportunidades que le dio al atacante. Y se refirió a una publicación que subió el delantero en su cuenta de Instagram en la que decía: “Va a necesitar más que eso para deprimirme. Cuando una mentira toma el ascensor, la verdad toma las escaleras, tarda más pero finalmente llega”.
El portugués le respondió con sarcasmo: “No sabía que Maxi tenía talento para la poesía. Yo también soy bueno en eso. Solo puedo decir que cuando un futbolista se entrena bien, está en forma y, por lo tanto, puede subir las escaleras, no necesita ascensor. Pero si no se entrena bien, si llega tarde y tiene sobrepeso, necesita ascensor para subir porque se cansa muy rápido subiendo las escaleras”, apuntó.
El mensaje de Mourinho para los entrenadores de equipos grandes, ¿de quiénes hablará? 👀 pic.twitter.com/5HrczuWDY2
— ESPN Deportes (@ESPNDeportes) January 22, 2026
Más tarde, acabó de un plumazo con las ironías: “No está en condiciones de jugar. Puede compartir todas las fotos que quiera. Puede editarlas si quiere, puede hacer abdominales. No se entrena. Si no se entrena con regularidad, no estará en forma para jugar”.
El gran entrenador portugués no ofrece dobles lecturas: lo aman y lo desprecian. Como aquella vez cuando se defendió... de su estilo defensivo. “No creo que nadie se vaya a poner a discutir sobre cohetes con los expertos de la NASA. Los críticos creen que pueden discutir de fútbol con uno de los entrenadores más importantes en el mundo. Esa es la belleza del fútbol. Ya me he acostumbrado a ello y lo aprecio. Así que por mi parte no hay problema”, afirma el hombre, que perdió esa chispa, esa que lo hizo tan grande.
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