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MONTEVIDEO.- La admiración y respeto se expresaban ayer por la tarde con el silencio de quienes fueron a despedir a uno de los más grandes jugadores de fútbol de la historia. Pero ese silencio era bullicio comparado con aquel que él mismo generó hace 52 años, con un zapatazo que ahora se repitió hasta el cansancio en la TV uruguaya. "Un silencio único", que seguramente "no volverá a ocurrir". Con esas palabras, Juan Alberto Schiaffino había definido la sensación registrada en el Maracaná en 1950. Su gol del empate ante Brasil abrió el camino al triunfo de Uruguay; una victoria que marcó al país durante años, no sólo en lo deportivo.
Ahora que la estrella se apagó, que el mundo habla de su carrera deportiva y del apodo que le pusieron los italianos -"el dios del fútbol"-, la modestia que lo caracterizó asombra más aún. Cuando se consagró campeón del mundo, Pepe Schiaffino festejó llorando, pero no humilló a sus rivales, sino que sintió compasión: "Soltamos la angustia que nos acompañó a través de todo el partido, llorando con lágrimas de alegría, pensando en nuestras familias en Uruguay, mientras nuestros adversarios lloraban por la amargura de la derrota. En cierto momento sentí pena por lo que estaba ocurriendo".
Hace un par de años recordó con estas palabras aquel momento: "Faltaban 13 minutos. El drama seguramente se sentía en todo el territorio brasileño. Dentro del campo de juego, me parece revivir los últimos instantes: los rostros contraídos de los brasileños, la desesperación por revertir un resultado adverso y un público silencioso como nunca me había ocurrido, presintiendo quizá la tragedia que estaba por gestarse".
Viudo hace algunos meses, sufrió un deterioro de salud y su vida se fue apagando. Murió ayer a los 77 años y sus restos recibirán sepultura hoy en el Panteón Olímpico del Cementerio del Buceo.
Nació el 25 de julio de 1925 en un hogar de inmigrantes, de padre italiano y madre paraguaya. Se formó en Palermo, pasó a Olimpia y en juveniles defendió a Nacional. Pero su brillo se conocería en el eterno rival, Peñarol, equipo con el que ganó cinco títulos. Integró la delantera aurinegra que se conoció como "La máquina del 49" -Ghiggia, Hohberg, Míguez, Schiaffino y Vidal-; la base del equipo celeste en el Mundial de 1950.
Luego de ser campeón en Brasil siguió en Peñarol y volvió a destacarse en Suiza 54. Milan lo contrató y su figura creció con la conquista de tres torneos en Italia. Fue cuando se lo consideró el mejor del mundo, en competencia con Alfredo Di Stefano, de Real Madrid, aunque por esas costumbres uruguayas, durante mucho tiempo se hizo popular un dicho: "El que era un crack, era el hermano de Schiaffino, Raúl... ese sí que la rompía".
Cesare Maldini, compañero en aquel equipo, dijo de él: "Tenía un radar en el cerebro para instruir la geometría del fútbol, para dictar las coordenadas a los compañeros, para prevenir los movimientos adversarios, para orquestar los tiempos de juego". Una frase que sirve para rendirle el homenaje que sólo se ganan los grandes.
Antes de comenzar el partido entre Milan y La Coruña, por la Liga de Campeones, por los altavoces del estadio se anunció el fallecimiento de Juan Alberto Schiaffino. Los 44.000 espectadores irrumpieron en un respetuoso aplauso. El talentoso delantero brilló en Milan entre 1954 y 1959.
Nombre: Juan Alberto Schiaffino.
Fecha y lugar de nacimiento: 28/7/1925, en Montevideo.
Trayectoria: Peñarol (1943-1954), Milan (1954-1960) y Roma (1960-1962).
Partidos internacionales: jugó 48 encuentros con Uruguay y cuatro con la selección de Italia. Con Uruguay participó en los Mundiales de 1950 y 1954.
Títulos: con Peñarol, campeón en 1944, 1949, 1951, 1953 y 1954; con Milan, campeón en 1954/55, 1956-57 y 1958-59; con la selección uruguaya ganó la Copa del Mundo de Brasil 50.


