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ROSARIO.- La lógica en el fútbol indica que triunfa el que juega mejor. No extraña entonces que si un equipo se impregna de actitud, fortaleza física, mentalidad ganadora y pasajes de buen juego, termine por imponerse en cualquier duelo. Y cuando el desafiante es apenas un conjunto de almas arrastrándose por la cancha, cuando el pretendido orden que pregona su entrenador sólo alcanza para proteger algunos embates adversarios, y la rebeldía es una materia en la que califica con un aplazo, serán pocas las esperanzas de que la historia concluya con final feliz.
Ayer, Newell´s representó el primer caso: con autoridad y comandado por Rolando Schiavi, autor del gol de penal a los 21 minutos del primer tiempo, se llevó toda la alegría que implica ganar el clásico rosarino. Es verdad: no jugó un partido sobresaliente, pero puso en escena una mejor propuesta, triunfó y elevó a su gente al paraíso de la felicidad futbolera.
La victoria le provocó a Newell´s múltiples beneficios. Como consecuencia de las derrotas de Tigre -a manos de Argentinos- y de San Lorenzo -por culpa Boca-, se acercó a tres puntos de los líderes. Y además empujó a Rosario Central barranca abajo, ya que lo dejó penúltimo en las posiciones del Apertura y lo hundió un poco más en la zona de Promoción. ¿Pudo haber habido un domingo mejor para los rojinegros? Seguramente, no.
Central sólo estuvo en el partido los primeros 20 minutos. En ese lapso, le peleó el medio campo a su rival, principalmente desde el desempeño de su capitán, Cristian González. Newell´s no logró imponer esa presión que lo caracteriza, aunque tampoco pasó mayores zozobras en su arco, a excepción de un disparo de Franzoia, que contuvo Peratta a los 2 minutos. El respeto mutuo prevaleció durante ese pasaje.
Pero en la primera estocada a fondo del local llegó el gol, en una jugada que sirve como medida para evaluar lo que exhibieron uno y otro. La brillante maniobra individual de Leandro Torres fue interrumpida dentro del área con un toque salvador de Braghieri, aunque Machín -más atento que todos- tomó el rebote y encaró hacia el área. El rubio volante ensayó una gambeta y Paglialunga salió al cruce para derribarlo: penal. Rolando Schiavi, con la experiencia que le otorgan sus 13 años en la primera división, pateó con tranquilidad, al medio del arco. Broun, que apostó a volar a su izquierda, nada pudo hacer.
A partir de entonces, vinieron los mejores momentos del conjunto local: traslado seguro, cambio de ritmo e intensidad ofensiva. Pudo llegar al segundo gol por intermedio de Fabbiani y de Vangioni, aunque les faltó nada más que precisión en el último toque.
El Kily González, ya sólo dedicado a protestarle a Baldassi, se olvidó de jugar y, con esa postura, Central pareció un equipo quebrado. Pasó a recurrir al pelotazo, lo que facilitó la tarea defensiva de Schiavi y de Insaurralde.
Con el ingreso del corpulento Caraglio, Alfaro persiguió mayor potencia ofensiva. Por lo menos, los pelotazos tendrían una referencia en el ataque. Sin embargo, la idea no dio sus frutos.
Newell´s, sin tener tanto la pelota, controló el juego desde lo táctico. Concentrado al máximo, la última línea despejó los intentos canallas , que con el paso de los minutos se volvieron desesperados. Nadie en el equipo visitante asumió la responsabilidad de pedir la pelota y atacar, un símbolo inequívoco de la falta de personalidad general. ¿Un ejemplo? La oportunidad más clara fue un zurdazo de Gómez, bien contenido por Peratta, a los 37 minutos de la segunda etapa.
Newell´s pudo asegurar el resultado sobre el final. Mauricio Sperdutti marcó el camino por derecha y facilitó dos oportunidades claras. Una de ellas podría calificarse "del mejor gol errado del campeonato" , que tuvo la rúbrica de Fabbiani. El Ogro ganó una pelota y, a pura gambeta, dejó desparramada a buena parte de la defensa y al arquero Broun, pero increíblemente desvío el remate final por arriba del travesaño, con el arco a su disposición.
Al cabo, Newell´s hizo de la lógica su virtud; Central, su defecto.

