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Hay cosas que uno no debería escuchar. Me corrijo: hay cosas que uno no debería decir. Sobre todo cuando la sensibilidad del escucha tiene las defensas bajas.
Frases del tipo "El medio campo de Defensores Las Tertulias no gravitó", puede llevar a sus seguidores no sólo a cuestionamientos impertinentes, sino que puede inmovilizar a los volantes de contención y, por supuesto, dejar de contener por varias fechas.
Antes de que esto suceda, vale la pena aclarar algunas cuestiones, ya que gravitar no es para cualquiera, por más voluntad que se tenga.
Tras un primer vistazo, lo notorio es que se puede gravitar en varias zonas del campo de juego. Vale decir: hay diversos centros de gravedad que, en mayor o menor medida, influyen a cierta parte del esquema de alguno de los dos equipos que disputan el match. O a los dos.
Así, por ejemplo, los hombres de Las Tertulias no gravitan en el medio campo, lo que lleva a pensar que sus rivales, Los Hongos, sí. Un análisis superficial lleva a preguntarse si esos centros de gravedad reaccionan a partir de ciertos colores, pero una investigación un poco más seria y profunda puede llevar a la conclusión de que esos extraños puntos de atracción actúan sobre el espíritu de los deportistas.
Fácil: un jugador -o un grupo de ellos- comienza a girar alrededor de un punto imaginario -o no-, siempre en el mismo sentido. Si alguno describe una órbita diferente, quiere decir que gravita respecto de algún otro punto. ¿Es redundante afirmar que ese "punto" puede ser el balón y, por qué no, un jugador? Lo que vemos, entonces, es una suerte de ballet. A algunos plateístas exquisitos les gusta afirmar que se trata de danza contemporánea.
Hay quienes confunden este "gravitar" con el simplismo de "corren todos atrás de la pelota". Esa, indudablemente, es otra puesta. Una cosa es gravitar y otra muy distinta correr detrás del balón. Y aquellos que entienden de danza sabrán valorarlo.
Pero volvamos a esta galaxia y esas fuerzas que se atraen y se repelen. Las faltas, entonces, serían cataclismos, esos cometas que divagan por el espacio con un rumbo determinado hasta que ya no gravitan como se espera, se desvían de su recorrido y chocan contra un distraído planeta.
Es así como el deporte de multitudes logra eso que muy pocos artistas consiguen: expresarse a partir del encuentro de las ciencias y el arte. Una mixtura mágica.

