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El diagnóstico es delicado. El estado de situación de Boca es tan crítico que es posible imaginar que todo puede empeorar. No se trata sólo de creer que la goleada sufrida ante San Lorenzo abrió más la herida. O que ya son 12 juegos sin victorias y que la historia pesa más que nunca. No es sólo entender que la falta de reacción del equipo resulta impropia para los galones que esgrime un equipo como el de la Ribera. Tampoco se debe pensar como único síntoma preocupante que con los chicos la producción fue tan pobre como cuando juegan los grandes. Mucho menos que es posible que en esta jornada, si ganan Argentinos y Estudiantes, se puede quedar el conjunto xeneize en el último escalón de la tabla. Lo que ponen en contexto lo comprometido que está el futuro es que todo depende de un partido, el del miércoles próximo, en San Pablo, ante Corinthians, por los octavos de final de la Copa Libertadores, y que Carlos Bianchi dijo ayer cosas como: "Boca dominó más el juego. La diferencia con San Lorenzo estuvo en la efectividad de ellos".
Es un escenario complejo y no parece haber una solución tan clara en el corto plazo. Más allá de la formación cargada de juveniles –Boca presentó un plantel con 13 jugadores de las divisiones menores–, lo que preocupa de este equipo al que intenta el Virrey, sin éxito, darle una identidad, son la inestabilidad y la falta de recursos para interpretar diferentes situaciones. Aunque lo que ayer encendió una luz de alarma fue la falta de autocrítica del técnico, que diagramó primero un juego con un solo delantero [Silva] y cuando el partido estaba 0-3, sumó tres atacantes más al bloque ofensivo [Viatri, Palacios y Acosta].
Fue directo y resultó saludable por su sinceridad cuando dijo que el "puesto de lateral estaba de remate", que era "delicada la forma de defender del equipo", que les estaban convirtiendo goles que no era "propios del fútbol actual" y hasta pidió "perdón" y dijo sentir "vergüenza" por la goleada sufrida ante San Martín, de San Juan. Todos mensajes para un plantel que no le responde como pretende. Sin embargo, ayer no pareció dispuesto a reconocer que quizá cometió un error en la forma en la que planteó el clásico, que Boca necesita, por su historia, responder con algo más de compromiso al calendario local.
"En el juego no hubo mucha diferencia. Ellos encontraron bien los espacios para jugar de contraataque. Era parejo hasta que ellos, marcaron el primer gol, en lo que era un tiro mal ejecutado. Después tuvieron un penal. Y el tercer gol fue un golazo de un contraataque que no supimos contrarrestar. La derrota no le gusta a nadie. Pero la diferencia es grande y no justa", fueron las palabras de Bianchi, que ya pasó por otras etapas sin éxitos en cadena: en 1994 con Vélez (8) y en 2001, también con Boca (7).
Si bien ensayó una frase lógica –"Sabemos que estamos en deuda–", Bianchi parece haber entrado en un estado de tozudez que sólo lo expone. Lejos de hablar de fútbol, como había pedido en la última conferencia en la que amenazó con irse por las consultas acerca de los dichos de Ramón Díaz, el DT de Boca recurrió a una declaración, cierta, pero que ya dejó de tener un peso específico, porque él sabía que debía afrontar más de una competencia desde que comenzó su nueva aventura en Boca. "Lo dije y lo repito, mis candidatos a ganar el título eran River, Racing y San Lorenzo, porque juegan un solo torneo. Nosotros tenemos que jugar miércoles y domingos. Jugamos otra competición que es muy importante. Tenemos que tener una prioridad sobre otra".
Lo real y concreto es que más allá de las competencias, el presente es lo que alarma: es, junto con Colón, el equipo con más goles en contra del torneo (con 21 goles recibidos), apenas tiene nueve a favor, el técnico ya utilizó 33 jugadores en este campeonato, nunca pudo repetir una formación y acumula 22 lesiones en cinco meses de trabajo.
Fue otra dura caída para la historia de Boca, 3-0 en el clásico ante San Lorenzo. Aunque lo que le duele en el alma al equipo xeneize es navegar en la incertidumbre de no saber cómo resolver sus complejos y estar obcecado por la Copa, algo que puede explotarle en la cara.
Desde que Riquelme se desgarró ante Belgrano, por el torneo local, se apuntó a la recuperación del N° 10 para estar en San Pablo, ante Corinthians. Ayer Bianchi dijo: "La presencia de Riquelme la decidiremos dentro las próximas 48 horas".
Son los penales que le cobraron en contra a Boca en el torneo Final: ante Quilmes, All Boys, Rafaela, Independiente y San Lorenzo

