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En su departamento de Barrio Norte, Oscar Armando Gómez, de 32 años, el símbolo y goleador del recientemente ascendido Nueva Chicago, disfruta como nunca del descanso y su familia. “Es la primera mañana, desde que jugamos el torneo reducido, que me despierto sin sentir como una puñalada en el estómago. Los nervios y la ansiedad me estaban matando. No veía la hora de conseguir el ascenso”, comentó sin despegarse ni por un instante de Melina, su hija de un año.
Uno de los primeros recuerdos que se le cruzaron por la cabeza fue el de su decisión de incorporarse a Chicago. “Cuando llegué al club muchos me dijeron que había hecho una mala elección, que no cualquiera podía jugar en Chicago y que era una locura optar por jugar en un club que corría serios riesgos de descender a la primera B. Pero a mí siempre me gustaron los desafíos. Ahora, con este ascenso, creo que saqué una credencial de libre tránsito por el barrio”, comentó sonriente el Topo.
El caprichoso destino también dejó su marca en la historia de este equipo de Chicago recientemente ascendido. “Al término de la primera rueda me vino a buscar Quilmes como uno de sus refuerzos, pero después de varias conversaciones opté por quedarme en el equipo de Mataderos. Hoy estoy feliz de la decisión que tomé, y veo que no me equivoqué.”
Gómez se tomó su tiempo para hacer un análisis del equipo. “La clave de este equipo fue que nunca entró en una cancha sintiéndose menos que nadie. Es más, nosotros llegamos a la final del reducido liquidando todos los partidos de visitante. Eso marca algo, ¿no?”
En su cabeza aún quedan rastros de aquella tintura negra y verde que a modo de promesa se hicieron los integrantes del plantel previo al primer partido con Instituto. “El tema de teñirnos no fue algo tan simple. Muchos de los muchachos son padres de familia y les daba vergüenza, pero nosotros nos tomamos eso como un estímulo más, como una demostración de que estábamos contra todo y todos, desde los pronósticos hasta los que nunca quisieron que ascendiéramos.”
Pero la alegría no le hizo olvidar todas las dificultades por las que debieron transitar hasta lograr el objetivo. “Creo que ascendimos a pesar de la realidad que nos tocaba vivir. Nosotros no teníamos ropa para poder entrenarnos durante los días de lluvia, ni abrigo como para las mañanas en las que salíamos a trabajar con 4 grados. Nos faltaron muchas cosas, a tal punto que los botines los teníamos que comprar nosotros... Y pensar que así y todo subimos...”
El goleador del equipo de Mataderos no pudo evitar recordar sus comienzos en el fútbol. “A los 12 años, allá en el Chaco, jugaba con los adultos en los campeonatos de las empresas algodoneras de la zona. Era un muy seguro número 2. Es más, llegué a jugar en el seleccionado del Chaco, y fue allí cuando un día me recomendaron hacerme delantero de área, por mi físico grande...”
Gómez debutó en el fútbol profesional en Belgrano, de Córdoba, con 23 años. “Empecé grande y así y todo nunca me faltó una oferta laboral. En 10 años de trayectoria pasé por una decenas de equipos“.
Para Gómez este ascenso a primera es una revancha que le regala el fútbol. “Aún recuerdo el dolor que sentí cuando jugaba en Juventud Antoniana, de Salta, y perdí el ascenso con Chacarita. No tenía fuerzas ni para salir de mi casa, había quedado muy mal. Por eso que hoy siento todo esto como la más dulce de las revanchas.”
En su carrera como futbolista, Gómez guarda una gran frustración: su paso por la primera. “Cuando estuve en Unión, cada vez que entraba jugaba bien, pero eso pareció no alcanzar y me dejaron de lado. Es algo que aún me produce dolor. Pero ahora todo será distinto.”
“La fe fue el motor de Chicago. Antes de cada partido íbamos con mi mujer (Marcela) a pedirle a la Virgen Desatanudos por un éxito y ella nunca nos falló... Es más, siempre me llevaba un frasquito de agua bendita para rociar las camisetas de todos los muchachos antes de salir a la cancha. Y como la Virgen nunca nos falló, mañana vamos a ir a darle las gracias. Es que no se puede vivir pidiendo, también hay que ser agradecido”, comentó el Topo.
Y agregó: “Es más, la fe, que fue el motor del ascenso de Chicago, será la que logre mejorar a la hija de Christian Gómez –padece una grave enfermedad–...”, concluyó el goleador del equipo de Mataderos.


