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Diciembre. Primeras horas de una de las últimas mañana del año. Los hinchas millonarios no caminan con modernos celulares en las manos. No pueden leer las repercusiones de un nuevo título por los sitios Webs de los medios. Tampoco tienen acceso a Facebook y Twitter, plataforma habitual para reproducir cargadas. Desconocen ese mundo 2.0 que los sorprenderá algunos años después, como a tantos otros. Sí tiene una marcha acelerada, casi sin reparar en los detalles, en busca de un kiosco de diarios y revistas. Ni oficialistas ni opositores, van a comprar la colección entera de medios impresos. Sólo piden una condición: que hagan alusión al flamante River campeón del Apertura 1996. Pero las calles porteñas los sorprenden. Un afiche se repite en cada cartel de la vía pública. Tiene la tradicional banda roja, el escudo del club y una leyenda: "Gracias por esta alegría".
Ese fue el primer afiche del fútbol argentino. No tenía como destino al rival, mucho menos utilizarlo como broma. Sólo se trataba de un reconocimiento al plantel por parte de la dirigencia de River. Alfredo Davicce, por entonces presidente, y la agencia de publicidad que trabajaba para el club fueron los autores intelectuales de esta moda, que comenzó a crecer. Seis meses después, River volvió a consagrarse campeón en el torneo local y el mensaje se repitió con una leve modificación: "Gracias por otra alegría".
En Boca no eran años de vino y rosas. Por eso, cada mensaje millonario se convertía en una estocada más para los hinchas xeneize, que aprovecharon su primera oportunidad para declarar la "guerra de afiches". Fue un día después del triunfo 2-1 ante River en el Monumental, por el Apertura 1997, el último partido de Diego Maradona como jugador profesional. La agencia Capurro y Asociados, de los esposos Marcelo y Doris, escuchó el pedido de un grupo de amigos cercanos al club y sacaron a la calle un cartel idéntico al de River, aunque con el escudo de Boca. Los millonarios no tardaron en responder a través de la misma vía con la leyenda: "Gracias por otra alegría, Elizondo (árbitro del encuentro)".
Desde ese día, el cruce de cargadas no paró. Superclásicos, títulos o frustraciones. Todo era motivo para sacar a la calle un nuevo afiche. canchallena.com habló con Hernán Tchira, responsable de la agencia TCH -que trabajó para River después del mandato de Davicce-, y con Pablo Capurro, co-fundador de Supergol -que creó los carteles xeneizes desde el año 2000-, sobre esa batalla que duró cerca de 10 años y que decidieron ponerle punto final cuando las bromas creadas por los hinchas comenzaron a ganar terreno en el mundo digital. Ellos ya no están detrás de los clubes más grandes de la Argentina, que hoy, desde las 20.45, jugarán la revancha de la semifinal de la Copa Sudamericana, pero sí marcaron una manera de ver el fútbol.
"El superclásico también lo jugábamos nosotros. Me sentía como un jugador más. Aportamos un folklore bueno porque nos cargamos con algo sano", sostiene Tchira, fanático millonario y hoy encargado de NAH Contenidos. "Lo importante es que siempre se dio un diálogo divertido, que aportó un poco de tranquilidad a tanta locura excesiva. Funcionaba como una extensión del partido, era como un tercer tiempo", agrega Capurro, socio de su hermano Santiago en SG2 -su nueva agencia- e hijo de Marcelo y Doris -creadores del primer afiche xeneize-.
La diferencia entre ellos siempre estuvo bien marcada. Mientras que los creadores de los afiches millonarios eran financiados por el club, los xeneizes existían gracias al aporte de privados. Es por eso que los presidentes de River, David Pintado y José María Aguilar, tenían injerencia y opinión sobre lo que se publicaba. "No era una movida muy costosa", detalla el menor de los hermanos Capurro.
Pero había un punto que sí compartían: la profesionalidad. "El proceso era como cualquier trabajo que realizamos, pero nos divertíamos mucho", explica Tchira, que sólo tenía una condición: "No podía haber alguien de Boca trabajando con la cuenta de River, era la premisa. Igual siempre había algún infiltrado, que hoy sigue trabajando con nosotros. Pero como yo soy muy fanático de River, siempre estaba detrás de los afiches. Mi socio, que es de Racing, también participaba mucho".
¿De dónde surgían las ideas? "Tenía un equipo creativo. Muchas veces surgían de nosotros, de otros compañeros de equipo o, incluso, hasta de equipos creativos de otras agencias. Nosotros hicimos más de 30 afiches, llegó un momento en que nos costaba un poco más, por eso venían ideas de todos lados", confiesa Capurro.
"Los afiches se armaban antes de los partidos, aunque teníamos la muñeca entrenada para cambiarlos o modificarlos si sucedía algo muy excepcional", coinciden. Pero esa anticipación hizo que muchas ideas fueran archivadas o, incluso, destruidas. Eso sí: nunca se imprimían hasta una vez finalizado el partido. "Cuando no se usaba un afiche porque el resultado no acompañaba, no lo volvíamos a utilizar más adelante. Todos tenían algo de coyuntura. Y si en una de esas llegaba a servir, había perdido el encanto. En el mundo creativo, algo te puede parecer divertido en un determinado momento, pero después te puede aburrir", dice el ex creador de los carteles de Boca. El de River es más tajante: "Muchos originales quedaron sin imprimir. Igual, agarrábamos esas plantillas y las rompíamos a tijeretazos. Jamás íbamos a dejar un prueba así".
Los hermanos Capurro y Tchira se conocieron cuando los cruzaron en un programa de radio al aire. Ahí comenzaron a forjar una relación de amistad que aún perdura. Pese a la "rivalidad" futbolera, no dudan en tirarse con elogios y hasta con cargadas. "Es un cuestión matemática, nosotros hicimos más afiches", arremete el millonario. "De ellos no me gustó ninguno debo decir. ESe dieron algunas licencias más, se la jugaban mucho. Nosotros siempre fuimos mucho más formales. Siempre le dije a Hernán que lo de ellos era más meritorio porque tenían que sacarle aguas a las piedras, no tenían tantas alegrías", responde el xeneize.
Casi casi clasifican, arañando. Es, sin dudas, uno de los afiches más recordados. Sin embargo, al creativo xeneize no terminaba de convencerlo. "Tenía mucho texto, era largo y, por ahí, muchos no llegaban a entenderlo porque tenían que acordarse del primer partido, cuando sucedió lo del arañazo. Pero funcionó muy bien. Incluso, esa vez sí imprimimos algunos más chicos antes del partido y se los acercamos a los jugadores durante los festejos. Los pegaron en el vestuario", narra.
Tchira también reconoce ese trabajo del "adversario", aunque no se baja de la pelea. "Ellos trabajaban mucho con los pollitos, abusaban del recurso. Jamás voy a criticar el trabajo de ellos, somos amigos y me parecen muy buenos. Pero yo miraba los afiches y hubiese hecho otras cosas", sostiene. ¿Qué cosas, por ejemplo? "Jamás darle letra a Boca, jamás", responde. "Los nuestros eran mucho mejores que los de ellos, jaja. Fueron años muy dulces de Boca y teníamos que usar mucho más la creatividad", reconoce.
La batalla oficial de afiches llegó un día a su final. "Dejamos de hacerlo en 2008 o 2009, no recuerdo bien. Nosotros creemos que las cosas tienen su tiempo. Hablamos con mi hermano, había que parar a tiempo. Cuando se convirtió en algo esperado y perdió el golpe de efecto, dejó de tener el sentido inicial. Lo sacamos para cuidarlo, como diría un viejo entrenador", explica Capurro.
Con el retiro de Tchira y los Capurro, el fenómeno no frenó. Las nuevas tecnologías dieron paso al trabajo artesanal de los hinchas, que, con menos recursos, se apoyaron en la viralización que producen las redes sociales. La vieja guardia, de todas formas, tiene una mirada crítica.
"Cambió mucho. Antes la gente esperaba hasta el lunes para ver los afiches, también generaba mucha expectativa . A veces, yo salía a la madrugada para ver cómo empapelaban la ciudad. Era muy divertido. Ahora, se dejó de hacer profesional. El trabajo es muy inferior en todos los sentidos: diseño e ideas", opina Tchira. "Con la cantidad excesiva, se pierde el mensaje. Si uno hace un broma por algo que pasó ayer, puede estar bueno. Pero si enumero un montón de cosas, carece de sentido. En la cantidad, se pierden las piezas. Igual, apoyo y festejo la creatividad. Algunos están buenos", agrega Capurro.

Un fiel exponente de esta nueva corriente es Nicolás Sánchez, de 21 años, creador de @AfichesMillo, una cuenta destinada a producir y crear mensajes pro-River y anti-Boca. "Los afiches son parte de nuestro fútbol y del hincha. Si los primos no existieran para gastarlos, nada sería lo mismo. Es una práctica única, se disfruta y hasta se tiene revancha. Un partido aparte", reflexiona este hincha millonario en diálogo con canchallena.com.
Desde ya, el proceso de producción es muy diferente al de los originales y el producto final… también. "Los afiches los hago con el resultado puesto y los produzco en menos de media hora. Por lo general, no salen muy vistosos: no sólo por el tiempo que me tomo, sino por la computadora más cerca que haya, jaja. Pero creo que los afiches no se tienen que caracterizar por la calidad, sino por el mensaje y la creatividad", desafía.
Como él, son cientos los usuarios que se animan a diseñar su propia cargada. Hasta existen medios que los tienen armados antes del partido para salir más rápido con la clásica nota Los afiches de… "Creo que hoy en día los afiches digitales toman mayor relevancia por el tráfico de gente que hay en las redes sociales. Se puede llegar a todo el mundo. Y si hablamos de costos, hay una diferencia importantísima. Los afiches de calle son para acontecimientos únicos, como eliminar a tu eterno rival de una Copa", concluye Nicolás. ¿Volverán a verse mañana?

