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Algún día, Domínguez, ese pequeño pueblo de Entre Ríos de no más de 400 habitantes, será recordado como el lugar que acunó al técnico más exitoso de los seleccionados juveniles. Allí nació José Pekerman (51 años), aunque él nada recuerda de aquellos días bajo el sol entrerriano. A los tres meses de vida, el campo sufrió un profundo decaimiento; entonces, sus padres, Oscar y Raquel, tomaron sus cosas, a José y a su hermano mayor, Luis, para probar mejor suerte en Ibicuy. Un pueblo al sur de Entre Ríos, donde el ruido del tren marcaba el ritmo de sus habitantes y el río Paraná era el lugar de encuentro para el asado y la pesca.
Oscar instaló un bar al que asistían los ferroviarios y dos por tres aparecía José, con las zapatillas llenas de arena por patear mil veces la pelota a orillas del Paraná, preparado para hacer los mandados. En las vacaciones, José salía a vender helados con Luis en el puerto de Ibicuy, pues allí llegaban, agotados, los pasajeros del tren y ávidos por saciar el calor con las ofertas de los hermanos Pekerman.
El esfuezo acompañó siempre a la familia Pekerman, que por ese entonces se asombraba con la pasión que tenía José por el fútbol. Pero como Ibicuy no les entregó la tranquilidad económica que buscaban, se marcharon a Buenos Aires. Los potreros de Martín Coronado reemplazaron a las playas. Siete años tenía José en ese tiempo y en la Escuela 21 aprendió a leer y a escribir. Allí, pero dos años antes, también estudiaba Matilde, una de las tantas vecinas del barrio a quien dejaría de ver cuando pasó a la secundaria del Nacional de Santos Lugares.
El estudio y el fútbol consumían el mayor tiempo de José, que a su vez le daba una mano a su familia en la pizzería que ahora tenía su padre. Trabajaba como mozo o colaboraba en la cocina, hasta que la pizzería cerró y Oscar abrió una casa de venta de artículos para el hogar. Y José ayudó en el reparto de garrafas.
En la adolescencia de José el fútbol seguía siendo su pasión, pero nada de jugar en serio o de probarse en algún club. El equipo del barrio era su único contacto con el fútbol organizado, pero un buen día su equipo se cruzó con la 7a división de Argentinos. La caída por 1 a 0 fue apenas una anécdota, pues minutos después de haber terminado el partido un allegado a Argentinos le ofreció a José sumarse al equipo. “No, gracias”, contestó.
Oscar, el papá, no entendió la negativa. Es que José analizó que las obligaciones en la casa y el estudio ya eran suficientes como para agregarle los entrenamientos. Sin embargo, con el tiempo, José cambió de parecer y comenzó su carrera en el club de Paternal.
Sin embargo, no abandonó el estudio y ni bien egresó de la secundaria empezó la carrera de profesor de educación física, pero tuvo que abandonarla porque no había clases nocturnas. Entonces, comenzó a estudiar kinesiología y allí otra vez se encontró con Matilde, que se convirtió en su novia y luego en su esposa.
Sólo dos años duró el esfuerzo de José, que ya jugaba en la primera de Argentinos y había sido preseleccionado para el Sub 19 que jugó el Sudamericano de Paraguay. También formó parte del primer llamado en el ciclo para el Mundial de Alemania 1974.
Jugaba como volante derecho, pero una lesión en la rodilla mermó su rendimiento y, ante la primera oferta, Pekerman se fue a Independiente, de Medellín. Antes, en enero de 1973, se había casado con Matilde y en Colombia nació Vanesa. Como no mejoró de la lesión, José consideró que no era justo que le pagaran un sueldo por no jugar y regresó a Buenos Aires, donde se sometió sin éxito a un tratamiento. Sin solución, llegó el tiempo de colgar los botines. Los malos momentos envolvieron a su nueva familia. Era 1978, el Mundial atrapaba a los argentinos y José pintó su automóvil para mantener a su familia como taxista.
La devoción por el fútbol no terminó. Luego de transitar miles de calles, en 1981 empezó el curso de técnico, al mismo tiempo que colaboró con Ricardo Trigilli, en Estudiantes de Buenos Aires.
El nacimiento de Ivana, en 1982, y el paso a Chacarita junto con Trigilli le cambiaron la vida a Pekerman, pero los malos resultados en el club de San Martín le pusieron punto final a la tarea. La pareja técnica llegó a Argentinos, pero ante tantas derrotas los dirigentes echaron a Trigilli; no así a Pekerman, que como DT de las inferiores ganó muchos torneos en nueve años.
En Chile, Colo Colo se había interesado en el trabajo de Marcelo Bielsa, en Newell’s, y Pekerman, en Argentinos, pero finalmente contrató a este último por un año. El resto de la historia es más conocido. En septiembre de 1994 Pekerman fue elegido, tras presentar un proyecto de trabajo, como técnico de los juveniles de la AFA. Los títulos en Qatar 95, Malasia 97 y Argentina 2001 lo convirtieron en el DT más exitoso de la historia a nivel selecciones, con su tricampeonato mundial.
Allí está él, festejando un nuevo título, pero esta mañana, cuando se despierte, seguro que se parará delante del pizarrón que tiene en su casa de Hurlingham y empezará a mover fichas para armar nuevas tácticas. Dejará la lectura y la escritura para otro momento. Mirará hacia atrás y verá a aquel niño que pateaba la pelota a orillas del Paraná disfrutar de la felicidad del hincha argentino.


