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Se viven de otra manera los partidos con cierto ambiente de clásico o con reminiscencias de épocas de primera división. Se mete más, se lucha más, se vibra. Es la gente la que contagia su efervescencia y convierte en emotivos ciertos encuentros que, por técnica, no superarían los cinco puntos. Algo de esto sucedió en Caballito, donde Platense venció por 2 a 0 a Ferro, mantuvo la racha invicta en el campeonato y con autoridad se instaló entre los primeros de la tabla.
Platense ganó bien en este cotejo correspondiente a la quinta fecha del torneo Apertura de la B Nacional. No quedan dudas. ¿Por qué? Lo motivos más importantes pueden resumirse en tres puntos:
1 Después de que Pablo Campodónico atajara el penal ejecutado por Mariano Chirumbolo, Javier Baena -el DT del Calamar- paró en el medio campo a tres correcaminos con buen juego: Martín Madrid por derecha, Enrique Alvarez por el medio y Alan Sánchez por izquierda. Impasables, los tres recuperadores de Platense sacaron a relucir la virtud de cortar y jugar, en lugar de robar y enseguida sacarse la pelota de encima. Conclusión: aunque mucho ayudó el desconcierto de los locales, el conjunto de Vicente López siempre generó espacios para crear situaciones de riesgo.
2 Ferro hizo casi todo mal. Muy pocos jugadores levantaron la cabeza y abrió el juego pocas veces. Desde los laterales llovieron centros fácilmente controlados por una defensa que tuvo seguridad en casi todo el partido. La tentación de buscar en el área de Platense a través del juego aéreo pudo más que lo que aconsejaba la lógica: abrir la cancha y buscar espacios.
3 Platense no falló; Ferro, sí. Impulsado por la apertura del marcador que logró a los 30 minutos del primer tiempo con el remate alto de Juan Acosta Cabrera. Y ayudado por una buena dosis de fortuna, como en el segundo gol, cuando Juan Casado remató cruzado desde la derecha; su tiro pegó en el poste y superó al arquero Alejandro Migliardi.
La defensa de Ferro era numerosa, pero marcaba muy en línea. Bastaba que alguien de Platense pasara a un rival para ponerse en camino del gol, sin que nadie llegara al cierre o la cobertura. Tuvo la pelota y pudo haber ganado por mayor diferencia. El Calamar desaceleró un poco el ritmo en el último cuarto de hora. Había hecho un gran desgaste con alto rédito. Era el momento de tomarse una pausa.
Ferro se le fue encima a un Platense que jugaba con la tranquilidad del resultado. Si bien se abrieron los espacios, el equipo local no tuvo mucho aire para redondear un par de réplicas. Así, perdió en el día de la asunción de Oscar Garré como DT y ante la mirada de Carlos Griguol, que observaba desde la platea. Entonces, entre la locura que contagiaba la gente, los ataques descontrolados de los de Caballito y el peligro que entrañaba cada contraataque de Platense, terminó por verse un final atractivo.
