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¿Por qué? Esa es la pregunta que se hacen todos. ¿Por qué? Si más allá de las diferencias (que casi siempre existieron) Carlos Bianchi y Mauricio Macri le habían dado prioridad a Boca por encima de todo desde el mismo momento que se estrecharon la mano por primera vez en mayo de 1998. ¿Por qué? Si los más fieles colaboradores del DT, al margen de reconocer sus enojos con los dirigentes, ni siquiera dudaban de la continuidad a corto plazo, justo cuando había una gira programada en ocho días.
Lo cierto es que Bianchi tomó la decisión en la madrugada del domingo, después de una charla con su esposa Margarita y sus hijos Mauro y Brenda. Por la mañana llamó a sus colaboradores (Julio Santella -estaba de vacaciones en Mar del Plata-, Carlos Veglio y Carlos Compagnucci) y les comunicó la noticia. Después marcó el celular de Macri y le pidió una reunión.
Bianchi almorzó en Giulia (el restaurante que sus hijos tienen en Núñez) y un par de horas más tarde se produjo el encuentro en la casa que el titular xeneize tiene en Barrio Parque. "Te presento mi renuncia. La verdad es que no hay una congruencia entre el cuerpo técnico y los dirigentes. Creo que el ciclo se cumplió. Se fueron muchos jugadores y debe venir una nueva camada. Pero ustedes quieren traer a unos y yo quiero a otros" le dijo Bianchi a Macri.
La charla, que apenas duró 15 minutos, fue levantando temperatura. Incluso, en un momento, cuando vio que la decisión de Bianchi era inmodificable, Macri lo interrumpió y le dijo: "La verdad, me tenés cansado", a lo que el Virrey le habría replicado: "Y yo ya estoy cansado de ustedes".
Bianchi, que hoy viajará a Perú, donde comentará la Copa América para Televisa, de México, hizo pública su determinación ayer, a las 17.55. Se comunicó por teléfono con Claudio Quiroga, periodista de la agencia Télam, y le dijo:
"Me voy de Boca porque creo que es la decisión más acertada para el bien del club. Agradezco a toda la parcialidad por el apoyo incondicional que aún hoy sigo recibiendo y el afecto que me brinda, y a los dirigentes, porque siempre pude trabajar con total tranquilidad y sin ninguna clase de problemas en este año y medio. Muchas gracias a toda la familia boquense y felicidades".
Sólo eso. No hubo más palabras. Y lo hizo de ese modo (con la agencia de noticias del Estado) para no darle privilegios a ningún medio. El interrogante quedó planteado en la forma en que se conoció la noticia. ¿Por qué fue el DT el que notificó su renuncia a los medios y no Boca?
El club entregó un comunicado sólo a las 22.23: "Es un día muy triste para la familia boquense ya que se alejó el mejor DT de la historia de Boca. Respetamos la decisión de Bianchi, pero lo despedimos con tristeza. A este amigo de la casa le deseamos lo mejor. A los hinchas les pedimos unión ante la adversidad, mucha fuerza y energía para seguir engrandeciendo a nuestra institución".
Bianchi, sin la companía de Roberto Digón (ex vicepresidente tercero de Boca, desplazado por Macri en las últimas elecciones), su hombre de confianza, estaba reconstruyendo su relación con Pedro Pompilio (vicepresidente primero), charlaba seguido con Gregorio Zidar (vicepresidente segundo) y José Beraldi, integrante del departamento de fútbol del club. Pero en Colombia su vínculo con Macri se resquebrajó más. Hasta llegaron a discutir por pequeñeces. Por ejemplo, la hora en que volvería el chárter desde Pereira. El presidente quería hacerlo la misma noche; Bianchi pretendía que el plantel descansara, no hiciera la ruta complicada por las montañas sin la luz del sol. Finalmente, el vuelo 1955 de Aerolíneas Argentinas regresó por la mañana. Todo sumaba en el desgaste de la relación y ambos ni se miraron en las ocho horas que duró la vuelta desde Colombia.
Antes, habían intercambiado opiniones. El DT se molestó por varias cosas: que los dirigentes hayan hablado de las desvinculaciones (Burdisso, Perea, Rodríguez y Barros Schelotto) antes de las finales con Once Caldas, por la Copa Libertadores; que concretaran más de dos ventas por torneo; que le trajeran refuerzos que él no había pedido (Bilos); que dijera que pretendía que Javier Villarreal continúe y el club lo dejara libre; que comentara que quería sí o sí a Martín Palermo y le respondieran que lo mejor era sumar al paraguayo José Cardozo; que se escatimaran gastos cuando en 2002, con Oscar Tabárez como DT, se incorporaron muchos refuerzos...
Bianchi pegó el portazo por todo lo mencionado y porque se cansó de algunas cosas del ambiente del fútbol. Macri, indignado con la noticia, convocó para hoy, a las 19, en las oficinas del club a toda la comisión directiva, para empezar a hablar sobre el reemplazante.
Boca, mientras tanto, intentará asimilar lo más rápido posible el golpe. Tiene apenas ocho días para levantarse y empezar a reconstruir el futuro.
